¿Y la culpa es del coronavirus?

Espero que esta pandemia, y por ende esta coyuntura de salud, contribuya para que las muertes de nuestros compatriotas no queden en vano, y que por fin como sociedad logremos hallar el cambio, quitar la ceguera y propiciar las transformaciones que Colombia grita.

Opina - Economía

2020-07-08

¿Y la culpa es del coronavirus?

Columnista:

Fabián Andrés Fonseca Castillo

 

Qué fácil es para muchos en Colombia endilgar de responsabilidades y culpas a un virus que de una u otra manera no ha podido defenderse de las acusaciones, en ocasiones injustas, que se le hace de ser el presunto culpable de todas aquellas crisis, vicisitudes, imprevistos, daños, anomalías, complejidades, problemas de todas y cada una de esas dañinas consecuencias que se están viviendo y observando a viva voz en nuestra inquietante y dura realidad, sobre todo, para la sociedad más vulnerable del país.

Y es que precisamente esa dura realidad se refleja desde el cierre de restaurantes, pasando por despidos masivos, y terminando hasta en desalojos por incumplimiento en los cánones de arrendamiento, eso si lo vemos desde una perspectiva económica, porque si fuera netamente social, duraría toda la vida nombrando aquellas dificultades y consecuencias derivadas de estos hechos. 

Sin embargo, más allá de esas duras, reales, palpables y fidedignas realidades que se pueden comprobar desde sus efectos negativos a la sociedad colombiana, cabe preguntarnos; ¿es justo endilgarle culpas de la situación que se está viviendo solo y exclusivamente a este invisible e inanimado virus? ¿Es justo declarar culpable a un virus de ser el autor intelectual de un hecho, aun sabiendo que este no se puede defender o alzar la voz ante lo que se le acusa? 

Tales preguntas las hago, ya que me causa curiosidad y, hasta desazón, escuchar que cínica e hipócritamente algunos de esos sujetos e individuos que supuestamente nos representan, gobiernan o poseen un cargo de poder, dicen que los males que se están viviendo es solo y exclusivamente gracias al prostituido y manoseado coronavirus. Esta descarada afirmación medianamente se aceptaría si viniese de la boca o murmullos de la gente, puesto que es lo que le han querido hacer creer o ver, pero es absolutamente repudiable y nauseabundo escuchar a estos que nos mal gobiernan, junto a las camarillas de banqueros y grandes empresarios, quienes se lavan las manos ante este entramado de desolación y gritos de dolor. 

La COVID-19 no tiene la culpa de haber llegado a un lugar idóneo y perfecto, donde se conjuga la improvisación, la falta de prevención, la inconsciencia, la falta de cultura, la informalidad, la falta de un buen sistema de salud, el desorden, las injusticias, las desigualdades, la pobreza, la inequidad, la trampa, la violencia, la corrupción, los malos gobernantes y todas y cada una de esas vergüenzas que han matado más que cualquier peste o virus que hayamos tenido. Prácticamente se trata de un mero sicario o autor material que ayudó a atizar, concluir y gestar la política de la muerte y de la desigualdad que vive y, ha vivido, este desbarrancadero y sistema en sus más de doscientos años, gracias y justamente a los verdaderos autores intelectuales de estas crisis, coyunturas y fehacientes hechos que nos dejan día tras día sin palabra que decir. 

Lo único que puedo mencionar es que el coronavirus no es totalmente responsable de las lamentables muertes, crisis, desigualdad y aumento de la pobreza, la informalidad, la inseguridad y el desempleo que vive Colombia, ya que creo que de lo único que sería culpable es de mostrarnos y desnudar en la práctica la economía raquítica, el Estado criminal, el Gobierno corrupto, y la sociedad inconsciente y desigual que tenemos. Espero que esta pandemia, y por ende esta coyuntura de salud, contribuya para que las muertes de nuestros compatriotas no queden en vano, y que por fin como sociedad logremos hallar el cambio, quitar la ceguera y propiciar las transformaciones que Colombia grita, y justamente hoy más necesita, a pesar de que algunos nos quieran obnubilar y hacer ver un ‘’enemigo’’ en donde no lo hay. 

 

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Fabián Andrés Fonseca Castillo
Soy orgullosamente docente, amante de la justicia e instigador al cambio. Deseo un país educado, lector y pensante. Si amar y escribir son diferentes, para mí son exactamente lo mismo.