Vidas en zozobra

La muerte en Colombia es un fenómeno cotidiano, tan común como las plegarias que suelen hacer muchas personas al Señor de los Milagros.

Opina - Política

2020-02-24

Vidas en zozobra

Columnista:

Christian Camilo Galeano Benjumea 

 

Menos el asesino todos los demás tienen culpa.

Efraim Medina

 

La muerte camina tranquila por los campos y calles de Colombia. Los asesinos materiales e intelectuales, silenciosos, amenazan y acaban con la vida de líderes sociales casi a diario. Las noticias dan cuenta del nombre y de las luchas que llevaba algún hombre o mujer que fue acribillado (a) a la entrada de su casa o el trabajo. La noticia dura unos segundos y la vida continúa como si no pasara nada. Al día siguiente, otros sicarios se prepararán para terminar con otra vida, mientras los noticieros utilizarán las mismas palabras del día anterior, al final, las balas suman muertos y la vida de los líderes sociales parece no valer nada.

Vale la pena preguntarse entonces, ¿por qué los asesinatos se normalizan? La muerte en Colombia es un fenómeno cotidiano, tan común como las plegarias que suelen hacer muchas personas al Señor de los Milagros. Se comprenden las reflexiones de Octavio Paz al señalar que una sociedad que no piensa la muerte, no valora la vida. Los asesinatos en Colombia más que sorprender o indignar, terminan por alabarse de manera cómplice, así la muerte del ladrón, del paramilitar, del exguerrillero e, incluso, del líder es aceptada. De manera inconsciente se reconoce que el asesinato es la única solución para un país que no logra acercase al prójimo sin el insulto, la amenaza o la desconfianza.

La muerte es la solución a muchos problemas y la confesión implícita de que no hemos pensado nuestras relaciones con el otro. La palabra que trae consigo el líder social interroga y cuestiona la realidad, invita a organizar las comunidades y romper con el destino de pobreza que viven los hombres y mujeres en muchos territorios. También busca reclamar las tierras que fueron despojadas, sustituir los cultivos que alimentan el conflicto o participar en política local. Los líderes sociales alzan sus voces en un país acostumbrado al silencio y a la muerte.

Para qué alzar la voz si todo va seguir siendo lo mismo, es lo que suelen pensar la mayoría de personas en Colombia, mientras toman un crucifijo todas las noches esperando el milagro. Estos pensamientos y plegarias anulan las acciones y llevan a la desesperanza. Por el contrario, muchos líderes sociales actúan y buscan acciones que mejoren las condiciones de sus territorios. Una valiosa labor cumplen estas personas que viven y son perseguidas y asesinadas a diario en un país que reza todas las noches y pide por la vida, al tiempo, que acepta la muerte del prójimo a plena luz del día.

A su vez el Gobierno y, las personas de las zonas azotadas por la violencia, saben quiénes son los que dan la orden de disparar contra los líderes sociales, pero en estos lugares impera el miedo. La Policía y el Ejército dan partes de normalidad y el resto de la población acepta con un silencio cómplice que nada pasa, los líderes sociales organizan, piensan y actúan en el campo, al tiempo que viven en zozobra, en una espera que ya se parece a la muerte.

Ante este panorama surge una pregunta que indigna por evidente y necesaria: ¿¡Hasta cuándo los colombianos vamos a seguir aceptando los asesinatos con esta tranquilidad cínica!?   

 

Fotografía: cortesía de PublicDomainPictures.

 

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Christian Camilo Galeano Benjumea
Licenciado en filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira, candidato a magister en filosofía de la Universidad de Caldas, columnista, lector e investigador.