¿Unión en la centroizquierda colombiana?

Si bien una alianza sería lo mejor, al menos en la teoría, para la centroizquierda en Colombia, también es importante destacar que un rasgo positivo de esta corriente es mantenerse coherente con sus votantes, sostener una serie de valores, principios y banderas fundamentales, las cuales no siempre encuentran un punto común en otras colectividades.

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2021-10-01

¿Unión en la centroizquierda colombiana?

Columnista:

Julián Camilo Merchán Jiménez

 

El 2022, como año de elección presidencial, cuenta con el panorama político más amplio en la historia de país, sin embargo, tanto la sociedad civil como la política se encuentran en un punto de inflexión de suma importancia. A raíz de esto, los diferentes movimientos y partidos políticos están desarrollando estrategias y alianzas a fin de intentar asegurar la victoria de sus banderas e ideologías. ¿Lo lograrán?

En los últimos días, el precandidato por el Partido Alianza Verde, Camilo Romero, lideró una propuesta, bajo el nombre de #ConsultaDelCambio, para unir a las corrientes progresistas en miras de las candidaturas para la presidencia de 2022. Esta propuesta de Romero cuenta con el apoyo de actores políticos como Gustavo Petro, Iván Cepeda, Carlos González Merchán, Katherine Miranda, Francia Márquez, entre otros.

La invitación busca una victoria del progresismo en la primera vuelta, buscando al mismo tiempo que se consolide una candidatura única entre la Coalición de la Esperanza, la Alianza Verde y el Pacto Histórico, bajo una estrategia donde se haga una votación interna en la que cada movimiento seleccionara un solo representante (recordemos que la baraja de precandidatos asciende a casi 20 nombres) para posteriormente medirse entre sí y consolidar un solo candidato presidencial, con la garantía de tener un apoyo en conjunto.

A modo de respuesta, han salido rápidamente dos de los tres codirectores de la Alianza Verde, Antanas Mockus y Antonio Navarro Wolf, en una carta, señalando que ven inviable una alianza con el Pacto Histórico en la primera vuelta. Esto, si bien es entendible y respetable, resulta por agravar una división que se viene generando dentro de este partido, puesto que dentro de la colectividad existen diversas posturas con respecto a la dirección que se debería tomar para elecciones de presidencia el próximo año, el ejemplo más claro, es que el tercer codirector del partido es el mismo Carlos González, el cual apoya la propuesta de Camilo Romero.

Incluso, en estas nuevas propuestas de una gran alianza, sectores del Pacto Histórico han invitado al Nuevo Liberalismo a unirse al movimiento; no obstante, es claro que los partidos y movimientos defienden banderas diferentes entre sí, además, las alianzas han sido más comunes dentro de los sectores de derecha, en muchos casos contemporáneos, la izquierda o la corriente progresista del país ha sido reacia a tener un frente compacto.

En esta línea, se crean dos preguntas de carácter fundamental:

¿Podrá la centroizquierda crear un frente conjunto detrás de una candidatura única? ¿Para quién es beneficioso que se genere esta unión?

Como respuesta a la primera, personalmente considero que no es viable pensar, al menos en este momento, en un gran frente conjunto, y esto es debido a dos razones fundamentales; en primer lugar, debemos pensar que muchos de los integrantes tanto de Alianza Verde como de la Coalición de la Esperanza están en contra de los liderazgos individuales y el caudillismo, y en esta línea, han expresado directa o indirectamente que encuentran en Gustavo Petro algunas de estas características, paralelamente, el Pacto Histórico y sus actores políticos más importantes han sido críticos con las decisiones políticas de los dos grupos restantes, incluyendo claramente el Gobierno local de Claudia López en Bogotá.

Por otro lado, se puede caer en el error de pensar que los políticos son el factor definitivo para crear esta unión, y lo cierto es que no lo son; si bien se puede decir que un frente unido con valores, ideologías y metas en conjunto sería lo mejor para el país, el trabajo más importante todavía estaría pendiente por hacer, y este es hacer pedagogía y campaña con el ciudadano de a pie, puesto que debemos tomar en cuenta toda la población que ve en precandidatos como Camilo Romero, Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, incluso el sonado Alejandro Gaviria, como alternativas progresistas a Gustavo Petro (quien aún lidera la intención de voto).

No será fácil convencer a la población de apoyar a un candidato que no sea al cual ellos tenían pensando, mucho más si en este ejercicio se encuentran diferencias amplias de pensamiento, incluso hablando de las reservas que pueda tener cada uno con el candidato que quedaría después de las múltiples consultas.

El desafío más importante con el que se podrían encontrar con este posible ejercicio de unión es la misma población, son sus votantes, porque no se le puede pedir a cada uno de los integrantes de estos movimientos que den el apoyo incondicional a un candidato que puede que sea de su agrado o no, un ejemplo de esto fue el ejercicio del voto en blanco en las elecciones de 2018. El discurso del centro, de unir a los movimientos que no estén «polarizados» o «radicalizados» ha sido fuertemente aceptado y difundido por sus seguidores, alejándose de actores como Petro por considerarlos «incendiarios», otro obstáculo más.

Además, no hemos mencionado la crisis que existe en el partido Verde, lo cual terminaría resultando en una falta de voluntad para participar en esta propuesta, lo mismo pasaría en la Coalición de la Esperanza, más si tomamos en cuenta la historia que tienen Sergio Fajardo y Jorge Robledo con Gustavo Petro.

Ahora, con respecto a la segunda pregunta, tengo que señalar que prefiero no responder en términos de a cuál político le beneficiaría más, puesto que esto conlleva un cierto grado de especulación con respecto a las elecciones internas de cada movimiento, en cambio, debo decir que esta propuesta, en el escenario idílico en el que fuera aceptado por todos y cada uno de los integrantes invitados, significaría el gran paso que se necesita para crear una verdadera unidad en la búsqueda de un cambio liderado por las ideas del progresismo y el ejercicio político como un servicio al pueblo,  y no como una serie de estrategias para el beneficio personal de la clase política tradicional.

Si bien una alianza sería lo mejor, al menos en la teoría, para la centroizquierda en Colombia, también es importante destacar que un rasgo positivo de esta corriente, como un conjunto, es que piensa, en la mayoría de los casos, en mantenerse coherente con sus votantes, en mantener una serie de valores, principios y banderas fundamentales, las cuales no siempre encuentran un punto común en otras colectividades, a diferencia de la derecha o la política tradicional. Hasta el momento, en Colombia, el centro y la izquierda no quieren «sumar por sumar», ahora, que tan conveniente o beneficioso sea esto para el futuro del país, solo el tiempo y la revisión histórica lo dirá.   

 

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Julián Camilo Merchán Jiménez
Estudiante de Ciencia Política. Universidad Nacional de Colombia