Una nueva víctima del COVID-19, la calidad del trabajo

En nuestro sistema puede pasar de todo, menos que la gente deje de trabajar unos días, según los mercados financieros.

Opina - Cultura

2020-03-20

Una nueva víctima del COVID-19, la calidad del trabajo

Columnista: 

Carlos Mauricio Arévalo Amaya 

 

Adiós, Revista Arcadia. El 17 de marzo, en plena pandemia, se canceló uno de los mejores medios culturales independientes, serios y críticos del país. ¿Qué futuro le queda en esta economía naranja podrida a proyectos como El Malpensante? ¿Todos serán asesinados como lo fueron Los Puros Criollos? País sin cultura. Justo en los momentos de angustia, justo después de que Arcadia publicara “La batalla por la memoria” en tiempos de crisis y transición política, relativo a la problemática del Centro de Memoria Histórica. ¿Dónde está ese discurso falaz capitalista que dice que todo trabajo de calidad ha de prosperar en el libre mercado? Esto es una mentira, cada día que pasa hay más ejemplos que demuestran su falsedad.

Aquí lo que prospera es lo que renta. Lo decía Marx en El capital, todo trabajo se vuelve equiparable por el monto de dinero que recibe de compensación. Es lo mismo para el mercado, el trabajo o beneficio que genera un simple vendedor, que sabe engañar o convencer a compradores incautos, que el salario de un científico que se rompe el espinazo para poder descubrir una vacuna. Es pues, el mismo trabajo aquel que genera un medio amarillista, al que genera un trabajo de calidad dependiendo de su nivel de renta. ¿Qué de racional tiene esta comparativa del mercado? Si este es el sistema encargado de defender los derechos individuales y acabar la hambruna, afortunados sean los que murieron sin desilusionarse de su fracaso.

Normalmente, cuando uno estudia historia del conocimiento occidental, se topa con que distintos autores toman a la peste negra como una de las causas del Renacimiento y humanismo (aclaremos que el punto máximo de la peste negra fue un siglo antes del inicio del Renacimiento, pero no deja de ser interesante el punto de dichos historiadores). Cuestión que difiere mucho de las causas convencionales que nos narran en el colegio sobre el excedente mercantil de la burguesía, y una economía mercantil pujante de los Estados italianos y la fortaleza estatal de países tales como Francia o España (este último capaz de enviar una expedición a través del océano Atlántico). ¿Por qué? Porque puso de facto en crisis el sistema feudal, al ver los siervos que aquellos encargados de protegerlos, incluso por el mandato de Dios de dirigir su Creación como pensaban los canónicos escolásticos relativos al Derecho medieval, eran cuanto menos ineptos en frenar una enfermedad que los mataba a todos. Y que en su lugar se linchaban judíos como supuestos responsables de una enfermedad que empezamos a saber, apenas en siglos posteriores, que provenía de la lejana China.

No sé si el COVID-19 ponga en tal crisis nuestro sistema globalizado, pero sí puso de facto esto: en este sistema puede pasar de todo, menos que la gente deje de trabajar unos días, según los mercados financieros. Los inversionistas pierden la cabeza por una cuarentena que tiene como fin salvaguardar la vida de los más débiles y evitar un colapso de nuestros sistemas de salud ineficientes, ya sean enteramente privados como EE. UU., ya sean públicos en los Estados del bienestar que aún se mantengan.

Estaba viendo en televisión, incluso, que ahora el miedo en algunos casos no es por el coronavirus, sino por no saber cómo afrontar una cuarentena en soledad. ¿Qué clase de individuos está propiciando este estilo de vida? Individuos que le temen a estar solos. Solos en el mundo más globalizado y conectado en la historia de la humanidad, ¡pero qué confuso es todo! Ahora resulta que toca hacer expresa la necesidad de solidaridad en momentos de crisis, algo que podría ser puramente evidente, algo intuitivo. Es como decía Jaime Garzón cuando hablaba sobre la Constitución: ¿Qué bellezas vivirán en este país que toca poner expresamente en la leyes que está prohibido secuestrar? Es como si uno fuera a una casa y le dijeran “por favor, no se limpie los mocos con el mantel de la mesa”.

 

Fotografía: cortesía de El Tiempo.

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Carlos Mauricio Arévalo Amaya
Soy de Ibagué, Tolima. Pero criado en Pereira. Estudiante de Filosofía. Intento escribir artículos e historias que reflejen la realidad del país. Tengo una clara inclinación política que tiende a la izquierda. Pero trato de ser imparcial. Aunque como diría Schopenhauer: “el mundo es mi representación”, así que parte de mis ideas están en mis escrito inevitablemente.