Una comedia ucraniana al estilo democrático

Duque sofoca la verdad, Maduro somete a Venezuela a la hiperinflación, Trump promueve la xenofobia y Bolsonaro el odio por la diferencia. Por eso vale más la sinceridad de un actor, que un político que actúa.

Opina - Sociedad

2019-07-16

Una comedia ucraniana al estilo democrático

La democracia nunca llegó a la función. Su historia hecha de promesas incumplidas, soluciones imposibles e ideales traicionados, perdió credibilidad. El telón de la esperanza cayó cuando el cambio había muerto. El público, cansado de esperar, no eligió otra obra de teatro.

Los presidentes continuaron en el escenario. Memorizaron sus guiones diplomáticos, actuaron con un par de mentiras impunes y cobraron su sueldo. Una y otra y otra vez, aunque nadie los tomara en serio.

Hasta que surgió Volodimir Zelenski y los hizo parecer pésimos actores. El comediante, que gobernaba como presidente en la serie “El servidor del pueblo”, ganó las últimas elecciones en Ucrania. A pesar de no tener experiencia política ni una propuesta de gobierno sólida, ganó.

La promesa de la humanidad no funciona. Con la democracia floreció una ilusión de consenso, una supuesta participación para todos en un mundo desigual. Tras décadas de dirigir el sistema político en los países que se presumen igualitarios, el mundo no ha mejorado.

Trump promueve la xenofobia y Bolsonaro el odio por la diferencia. Aumentan las migraciones, la precarización laboral y la pobreza. Maduro somete a Venezuela a la hiperinflación y Duque sofoca la verdad. Aumenta el cambio climático, las desigualdades extremas y el hambre mundial.

Por eso vale más la sinceridad de un actor que un político que actúa. Los ucranianos cansados notaron que la democracia, a través de políticos corruptos y burocracias inútiles, se convirtió en un poder incuestionable de minorías privilegiadas que nadie controla. Que se fortalece en el momento electoral donde una posible transformación, en conjunto con la sociedad y el negocio de los votos, queda limitada a la retórica de las elecciones.

La idea de voluntad general, apalancada por las mayorías que no siempre toman las mejores decisiones, justifica las acciones desmedidas de los gobernantes a partir del desacuerdo.

Como la guerra idealizada para solucionar disputas, que promueve un escenario de miedo, una falsa seguridad y los une a todos por un instante para luchar contra el enemigo.

Los une a todos para acrecentar la venta de armas e intervenir a nombre de la democracia en Libia, Yemen o Siria y generar más refugiados que la Segunda Guerra Mundial.

Por supuesto, los ciudadanos prefieren evitar la muerte. Pero La democracia mal administrada, muchas veces utiliza la incertidumbre, la desconfianza y el terror para violar los derechos humanos y su frágil legalidad. Retorna y contribuye al caos para legitimar un orden en crisis, que, a su vez, le quita sentido al Estado de Derecho en pleno agotamiento del modelo socioeconómico actual.

En el que la ineficacia del Estado, para enfrentar las problemáticas, en conjunto con su subordinación a los intereses económicos privados que las empeoran, deterioró las garantías y convirtió al sistema representativo en una parodia extraviada en su nula soberanía.

Los ciudadanos dejaron de creer en el modelo de partidos políticos. En las falsas promesas, en el robo continuo de los impuestos, en el desgaste medioambiental. En los cambios que nunca llegaron. Dejaron de creer en la obra teatral del engaño.

Algunos se resignaron al sometimiento de la democracia. Los desesperados por la política real y con la mayor muestra de indignación, eligieron a un comediante. Sin experiencia, sin aspiraciones, sin nociones básicas de un sistema que, para ellos, no funciona.

Los ucranianos, en un acto de ignorancia atrevida o en un heroísmo visionario, demostraron que da lo mismo elegir a un comediante que confiar en la democracia.

 

 

Foto cortesía de: CNN

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cristian Prieto Ávila
Comunicador social y profesional en Estudios Literarios de la Universidad Javeriana. Amante de la fotografía, las historias y el cambio social.