Un pueblo con insomnio de lo que ya parece una guerra civil

Dormir en Colombia no es lo único difícil, hablemos por ejemplo de respirar. Y no, el tapabocas y un virus que se propaga en el aire no son las únicas razones que lo complican, sino también los agentes químicos—gases lacrimógenos—que se esparcen en el viento de lo que ya parece una guerra civil.

Opina - Política

2021-06-04

Un pueblo con insomnio de lo que ya parece una guerra civil

Columnista:

Vivian Durán

 

Todos necesitamos dormir, pero qué difícil es dormir en Colombia cuando el cerebro intenta procesar toda la información que recibió durante el día: violencia, abusos, injusticias y más violencia. Además, el tiempo de descanso se acorta entre más se piensa en cómo combatir la dura realidad que le toca a cada uno, como por ejemplo, el rebusque para sobrevivir el día a día.

Pero dormir en Colombia no es lo único difícil, hablemos por ejemplo de respirar. Y no, el tapabocas y un virus que se propaga en el aire no son las únicas razones que lo complican, sino también los agentes químicos—gases lacrimógenos—que se esparcen en el viento de lo que ya parece una guerra civil. Esta atmósfera destructiva traspasa lo urbano e invade el aire limpio de lo rural, con un arma que se activa desde el gabinete a propulsión: el glifosato. Que más que acabar con la coca acaba con el coco—el medio ambiente—y con el campesino. Sí, respirar también es todo un desafío en Colombia.

¿Y comer? bueno, la gente muere de hambre y el Estado se alimenta del pueblo. Según cifras oficiales del Dane más de 21 millones de colombianos se encuentran en la línea de pobreza del país y más de 7 millones viven—o más bien mueren—en la extrema pobreza. De acá surge la gran pregunta: ¿cómo pueden sobrevivir con menos de $331 688 mensuales? Y la incógnita se complica a medida que la desigualdad que se vive en el país se analiza. El Gobierno tiene a su clase media cargada tributariamente y sus planes de reforma son una muestra del verdadero vandalismo.

Esto último es lo más grave por la distracción que representa. El contexto en el que el vandalismo está siendo interpretado tiene que abarcar todos los escenarios; en especial. cuando se desconoce el de mayor poder: el político. Y es esta la máxima amenaza para el pueblo colombiano, con gobernantes que en nada representan a la gente y su «voluntad nacional» es su propia y viciosa conducta corruptiva. 

Para Colombia, salir de ese régimen colonial no es nada fácil pero su pasado y actualidad es lo que mueve a muchos a no seguir soportándolo. Sin embargo, ¿a qué se debe tanta pasividad en la sociedad frente a hechos tan indignantes imposibles de exagerar? Es tan visible esta ausencia de espíritu y carácter en algunos, que hacen ver la situación de Colombia como una realidad absoluta y definitiva que no tiene arreglo ni se arriesga a un cambio.

En la cotidianidad de este país de incoherencias, donde el presidente Duque monta una autoentrevista para «compartir su postura frente a varios temas de interés nacional» en inglés y no en español, esquivando su responsabilidad y nombrando como culpable de la situación actual del país a su opositor, se encuentran aquellas conversaciones de «gente de bien», que profundamente decepcionados por su pueblo colombiano—del que han conseguido su posición y su fortuna—sentencian de vándalos y desocupados a quienes demuestran su inconformismo al Estado que ya, ni a ellos mismos (la gente de bien) puede brindarles algún tipo de garantías. 

Muchas cosas son difíciles en Colombia: vivir, soñar o ser un líder social—entre tantas —pero el pueblo toda la vida ha experimentado la opresión y por eso sabe lo que es la resistencia. Y es ahí donde la grandeza del pueblo, cansado de postergar su inconformismo, lucha por encontrar la verdadera democracia.

Todos necesitamos dormir, pero qué difícil es dormir, respirar o comer en Colombia.

 

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Vivian Durán
Diseñadora Industrial. Bucaramanga, Colombia.