Un país en tranquilidad, gonorrea

Los gobiernos, con sus discursos llenos de autoritarismo y complacientes del mismo, hacen parte de ese currículo oculto que imposibilita un cambio en el proceder de la institución policial y que, por supuesto, valida los abusos de autoridad y los crímenes de Estado.

Opina - Conflicto

2021-05-10

Un país en tranquilidad, gonorrea

Columnista:

Marco Fidel Gómez L.

 

Abril 29 de 2021. Un policía y un profesor. Uno de pie, el otro sentado. No es un aula de clase, se trata de una celda. En un video, grabado de manera escondida por alguien que también se encontraba allí, se puede apreciar la lección propia del manual de autoritarismo dictada por un policía. “¡Se queda callado!”, grita nueve veces el policía al que sentado hace las veces de aprendiz ajusticiado. “Bueno, listo, me voy a quedar callado”, se atreve a responder el profesor, más en el intento de proteger su propia integridad que en el de reconocer el “argumento” del policía. 35 segundos dura la lección, que bien ajustada al manual, termina con un golpe y una expresión hostil: “Así de sencillo, ¿y qué?”

El profesor Guillermo Benítez Sepúlveda, horas antes, había grabado un procedimiento arbitrario realizado por policías en el parque de Copacabana (Antioquia). Ante tal situación -también registrada en video—una policía le pregunta: “¿Deme la razón por la que usted estaba grabando?” El profesor responde: “Porque me parecía muy atarván la intervención que hicieron ustedes como aparato policial”. Acto seguido, aparece un policía que toma del brazo a la uniformada y la retira, mientras tanto se escucha al profesor pedir que le regresen el celular. Por esa razón es detenido arbitrariamente: por grabar.

La actuación del policía obedece a las maneras como los gobiernos han entendido que un policía debe ser formado. Es decir, en la respuesta del policía puede reconocerse el currículo en el que se inscribe la institución que representa. La expresión del policía que intenta justificar la agresión: “Usted no ve que estoy mojado hasta el hijueputa, todo el día mojado porque este hijueputa país esté mejor, gonorrea”, no puede leerse únicamente desde el plano biológico, es decir, como respuesta de un cuerpo ya cansado a una situación de estrés, sino, desde otros aspectos de calado más profundo que conviene conocer.

En pedagogía se entiende que un currículo responde a la intención de formar un ser humano. Eso implica reconocer que en el currículo se manifiestan las intenciones de quienes lo estructuran. Aquello que se escribe y que aparece en los planes de estudio se denomina currículo prescrito, mientras aquello que no aparece allí (como valores, normas, creencias), pero que se inserta en los procesos educativos con fuerza, aunque no sean reconocidos abiertamente, se denomina currículo oculto. A ese último aspecto, considero, responde el policía en mención.

En el plan de estudios de la Policía Nacional puede encontrarse aspectos como ética para la convivencia, orientación del servicio a la comunidad, autorregulación, resolución de conflictos, habilidad comunicativa. Sin embargo, esos aspectos propios del currículo prescrito entran en crisis con el currículo oculto. Es bien sabido lo que ocurre al interior de la institución y que hace parte de ese currículo oculto: entrenamientos en los que los policías son víctimas de tortura física o psicológica, abusos de autoridad por parte de los “superiores”, discursos que deslegitiman los derechos humanos, tratos indignos, etc. Si a un policía le pisotean la dignidad en su proceso de formación, ¿qué puede esperarse cuando ya esté «formado»? La respuesta es de Perogrullo.

Escuchar al policía casi ahogado, tratando de encontrar argumentos para responder al profesor Guillermo, y al no encontrarlos acudir al abuso, evidencia una formación situada en el autoritarismo que deriva en la pura impotencia. Así mismo fue formado. El currículo oculto tiene bastante peso.

Los gobiernos, con sus discursos llenos de autoritarismo y complacientes del mismo, hacen parte de ese currículo oculto que imposibilita un cambio en el proceder de la institución policial y que, por supuesto, valida los abusos de autoridad y los crímenes de Estado. En ese sentido, el “cállese, gonorrea”, que trata de imponerse al argumento, ha sido la manera también de aquietar los reclamos de indígenas, afros, profesores, estudiantes, mujeres, líderes sociales, campesinos y personas de diferentes sectores sociales; al fin de cuentas, como dice el policía en sus 35 segundos: “¡Por gamines como usted es que estamos como estamos, hijueputa, porque no protestan bien. Un país en tranquilidad, gonorrea!”.

La reforma que desde hace tiempo se viene pidiendo para las fuerzas armadas en Colombia es urgente y necesaria. Por ese lado, el del currículo oculto (que no aparece en los programas de formación), también hay que comenzar a pensar la reforma de la policía, pues mucho tiene que ver con la identidad de sus uniformados, e incluso con su dignidad, la misma que le fue pisoteada al profesor y que ha sido arrebatada a muchos otros en nombre de la democracia.

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Marco Fidel Gómez Londoño
Profesor e investigador. Integrante Grupo de investigación Prácticas Corporales, Educación, Sociedad- Currículo (PES). Universidad de Antioquia.