Un país al revés

Aquí, la realidad hace rato que superó la ficción y lo cierto es que no padecemos de escasez informativa, pues a diario pasan cosas que alimentan la cotidianidad como la barriga de un obeso.

Opina - Corrupción

2021-03-16

Un país al revés

Columnista:

Mauricio Ceballos

 

Este es un país sacado de la literatura. Tal vez, de algún relato perdido del maestro García Márquez. No en vano en algunos círculos sociales medio en broma medio en serio, se le llama cariñosamente Macondo. Evocando ese pueblo creado por Gabo. Un pueblo que a pesar de sus vicisitudes se fue abriendo camino a través de la manigua del tiempo.

Aquí, la realidad hace rato que superó la ficción y nuestro nobel se quedó corto al imaginar las cosas y hechos que a diario suceden por estas tierras. Y es que lo cierto es que aquí no padecemos de escasez informativa, pues a diario pasan cosas que alimentan la cotidianidad como la barriga de un obeso. La hiperinformación que adolecemos es tal, que no hemos terminado de digerir un escándalo cuando ya este es como diría Héctor Lavoe, «materia olvidada» porque ¿para qué leer un periódico de esta mañana si lo que cuenta ya es pasado en la tarde?

Así como se suceden las noticias, así mismo, las cosas más inverosímiles pasan en este territorio donde parece que todo ocurriera igual pero al revés. Es ese mismo vértigo el que como sociedad no nos deja entender y enderezar la realidad.

Vamos a repasar:

Aquí, hace ya casi 5 años, se le dijo no a la paz, en una amarga derrota del plebiscito que a todas luces no era necesario.

Aquí, cuando se destapa un escándalo de índole política, que es casi a diario, no se toman las medidas para perseguir a los delincuentes, sino que por el contrario, se castiga al denunciante. ¿Por sapo tal vez?

Aquí, el «glorioso Ejército Nacional», que uno pensaría está para proteger a los ciudadanos, antes atenta y bombardea a la población a la que considera su legítimo enemigo.

Aquí, los responsables de delitos contra el patrimonio público, en vez de devolver los recursos que se han robado como debiera de esperarse, se van del país, blanquean sus fortunas y si acaso, pagan 5 años de «cárcel» en su casa y con todas las comodidades, por supuesto.

Aquí, las reformas tributarias, en vez de perseguir las grandes fortunas como debiera hacerse, persiguen al asalariado medio y bajo para que pague más impuestos y siga alimentando a esos multimillonarios. Y en este punto, resalto la intención del Gobierno de gravar la canasta familiar. Recaudando minucias entre los más pobres.

Aquí, en vez de proteger una de las biodiversidades más importantes del mundo como debiera hacerse, se entrega por pedazos la tierra a los grandes capitales extranjeros, que no es otra cosa que vender el país a cuotas.

Aquí, solo a un alcalde como el de Medellín, se le ocurre plantear la idea de terminar la venta de Une (EPM Telecomunicaciones) cuando dicha empresa le sigue entregando algunos buenos dividendos a la municipalidad.

Aquí, en vez de proteger a nuestros campesinos, que son la base fundamental de nuestra economía y quienes deberían recibir un subsidio por parte del Estado; son por el contrario, los más vulnerados y revictimizados en todos los aspectos.

Así podría seguir narrando los absurdos que a diario suceden en nuestra querida Colombia. Pero quiero detenerme en algo que conocí la semana pasada por medio de la columna de Antonio Caballero publicada el domingo 14 de marzo en el portal Los danieles y, es que el Gobierno le inyectará capitales contantes y muy sonantes a los grandes medios de comunicación, por medio de sus muy ricos propietarios. Otra vez subsidiando a quienes más tienen. Razón tiene el refrán popular que dice que la plata busca la plata. Es como otro agro ingreso pero este sí muy seguro y muy legal.

La suma no es nada despreciable. Según el columnista son alrededor de 85 mil millones de pesos que el Gobierno destinará a «subsidiar» a los gigantes de los medios; pero la gran cereza de tan apetitoso pastel, es sin duda la correspondiente y muy generosa exoneración de impuestos para estos magnates.

Es cierto que sobre todo la prensa escrita, pasa por momentos críticos y que los periódicos mecánicos cada día salen con más esfuerzos. Pero creo que la solución no es que los Estados compren la información inyectándoles capitales, pues el ejercicio objetivo del periodismo estaría muy comprometido y posiblemente desaparecería del todo. Es como si el Gobierno pagase publirreportajes todos los días en todos los medios. ¿Dictadura informativa? Creo que sí.

La intención de un subsidio puede ser buena pero siempre tendrá visos de perversa cuando se practica al revés. En Colombia hay muchos medios de comunicación emergentes y con vocación de independencia, en los que esa objetividad que debe tener el periodista está a salvo. Es a ellos a los que el Gobierno debería apoyar, puesto que así tendríamos una prensa más libre, veraz e imparcial.

Las iniciativas de comunicación ciudadana y popular, deberían incentivarse, pues en un país donde todos directa o indirectamente son víctimas, la necesidad de contar, de informar, de hablar y de establecer la verdad, es fundamental y hasta imperiosa.

Pero no me canso de repetirlo en mis escritos. El ciudadano tiene el poder en sus manos. Pero no lo aprovecha ni se da cuenta siquiera de su propia importancia. Somos los ciudadanos quienes podemos enderezar esta realidad, para que situaciones como la de inyectarle la vacuna con jeringas vacías a los adultos mayores no vuelvan a ocurrir ni siquiera en la ficción.

Es el pueblo el único responsable de arreglar su camino; así como el único responsable de sus personajes en un relato de ficción es el escritor, así mismo, los ciudadanos lo son de lo que les ocurra como nación. Es por ello por lo que para terminar, invito a los lectores a informarse, pensar y actuar para que algún día, espero no muy lejano, podamos entre todos, voltear a Colombia por fin al derecho.

 

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Mauricio Ceballos
Mauro Ceballos Montoya (Junnio), es abogado, comunicador social-periodista, amante de la literatura, la música, la radio y los animales. persona sensible, buen amigo, alegre y optimista. le gusta hacer las cosas bien y por eso es algo perfeccionista. no le gustan las injusticias y trata de no quedarse callado, aunque a veces es difícil. tiene la costumbre de malpensar, porque dice que así está más consciente de su realidad. por último, quiere compartir con usted, este pequeño escrito que en mucho o en parte, lo condensa todo: Puro humano. Soy juez y parte, fiscal y defensor, luz y oscuridad, ángel y demonio, egoísta y altruísta, tímido y despierto, soy la duda y la razón, lo ideal y lo absurdo, creyente y necio, trasparente y mentiroso. Soy la contradicción perfecta, humanidad pura.