Un ejercicio de perfilamiento de los precandidatos presidenciales

Un ejercicio de perfilamiento (no al estilo de la Fiscalía, claro está), de aquellos que hicieron presencia en las poco profundas «conversaciones de país» dada en los últimos días. 

Opina - Política

2021-12-17

Un ejercicio de perfilamiento de los precandidatos presidenciales

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Después de los encuentros televisados entre los precandidatos presidenciales, es bueno hacer un ejercicio de perfilamiento (no al estilo de la Fiscalía, claro está), de aquellos que hicieron presencia en las poco profundas «conversaciones de país», programadas por el canal Caracol y La silla vacía.

Inicio con Enrique Peñalosa, el exalcalde de Bogotá. Se trata de un impositivo y fatuo urbanizador al que solo le cabe en la cabeza algunos problemas de la capital del país. Su discurso es incoherente, vacío y torpe. Cree que es suficiente con haber pasado por la Alcaldía Mayor, para dirigir los destinos de este platanal. No tiene noción de Estado, tan solo actúa como un vendedor de buses, al que le gustaría, también, entregar el negocio de las canchas sintéticas a uno o a varios de sus patrocinadores. Su cercanía a Uribe, lo convertiría en otro monigote, en otro ‘Jorgito’ sobre quien el gran imputado y domador de caballos pondría sus manos.

De David Barguil hay que decir que es insustancial, poco preparado y dócil con los clanes políticos. Un político más. Su vida política es mediocre.

De Enrique Robledo se puede destacar su inteligencia y juicio para dar debates, en particular en los temas relacionados con los TLC y el modelo agrario. Nadie puede dudar de que los domina. Lo que no se comprende es qué hace en la Coalición de la Esperanza, cuando su discurso lo acercaría a los planteamientos del Pacto Histórico. Se nota que no está cómodo en esa alianza, asunto que, en lugar de sumarle puntos, le resta, pues una parte de la opinión pública ya lo asume como incoherente.

Alejandro Gaviria es un académico interesante y bien intencionado. Su talón de Aquiles puede estar en que no es lo suficientemente contestario o crítico con el régimen de poder que de tiempo atrás convirtió al país en una republiqueta bananera, al servicio de unos cuantos gamonales. Su campaña parece estancarse, quizás, por su cercanía a Uribe y a todo lo que este representa este domador de bestias, que desprecia a quienes se atreven a criticar su «obra» de gobierno, de la que Gaviria hizo parte siendo director de Planeación.

Del exgobernador de Nariño, Camilo Romero se destaca su inteligencia, la manera como se expresa y la coherencia de su discurso. Es impetuoso y habla sin ambages, señalando de manera directa al 1087985 como el más dañino agente político colombiano de los últimos tiempos. Quizás deba morigerar en algo esa fogosidad, y dedicarse más bien a consolidar un programa de gobierno que ayude, entre otros asuntos, a desmontar las mafias clientelistas que el llamado uribismo montó dentro del Estado, desde el 2002.

De Gustavo Petro hay que reconocer su inteligencia y capacidad para producir ideas y hacer los cruces que la mayoría de sus competidores no son capaces de establecer. Preocupa su talante mesiánico y también el desespero que ya exhibe, pues sabe del gran respaldo popular que tiene. Su postura antirégimen genera miedo, justamente, en aquellos agentes de poder que convirtieron a Colombia en una democracia de mano dura, en una república bananera manejada por vulgares y peligrosos capataces.

De Juan Manuel Galán hay que decir que el talante, las ideas y el legado de su padre le pesan demasiado. Se nota inseguro, sin fuerza y determinación. Se le nota que no conoce el país, y que no le duele.

Sergio Fajardo es una figura que se ha venido desgastando de manera vertiginosa porque se siente cómodo con el actual régimen de poder. Es uno más. Fajardo quiere que cambiar todo, para que todo siga igual. No es tan insustancial como Peñalosa, pero no tiene la fuerza discursiva para convencer y por eso, intenta ganar la simpatía del electorado, mostrándose conciliador y tibio, ocultando así, sus simpatías con el uribismo. HidroItuango y ‘Don Berna’ son dos asuntos que manchan su historia como gobernante local y regional.

Juan Fernando Cristo es un político para cumplir tareas. Se le abonan su cercanía a la paz, su apuesta por la reconciliación y el haber sido capaz de perdonar a quienes, desde el ELN, ordenaron el asesinato de su padre.

En cuanto a Carlos Amaya se refiere, señalo que le faltan horas. Habría que mirarlo en un cargo ministerial. No creo que le alcance su origen campesino para convencer al electorado, y en particular, a los agentes de poder que han hecho todo, justamente, para acabar con el campesinado colombiano.

Federico Gutiérrez es una copia de Uribe: habla mal, es vulgar y ordinario. Sería otro títere, con una diferencia en relación con Iván Duque: el Gran Imputado le tiene una profunda confianza por el solo hecho de ser paisa.

 

Adenda 1: la no aparición de Alejandro Char en estos primeros «debates» puede hacer parte de la estrategia de Uribe para no exponer a su otra ficha para continuar gobernando en la sombra. Así pasó con Duque cuando fungió como candidato. Si quisiera escuchar a Francia Márquez y, sobre todo, verla enfrentada, discursivamente, con los otros precandidatos. Hablo de precandidatos, aunque ya el país sabe que un par de estos, son fijos candidatos presidenciales.

 

( 2 ) Comentarios

  1. ReplyAndrés Felipe Orozco Pavas

    Buenos días, esperando este muy bien, respecto a los comentarios, en mi opinión son muy analíticos y permiten ver un perfil que corresponde a los siempre he pensado , es muy interesante ver otras perspectivas de ustedes como profesionales del periodismo

  2. Muy buen análisis. Del ex gobernador de Nariño diría yo que aparte de dedicarse a hacer un programa, debería también explicar el caso de la adjudicación de la venta de aguardiente Nariño y otros casos de corrupción que se le endilgan aunque no estén tan adelantados como el del aguardiente. Me temo que no son persecución política como él dice. Y me gustaría, como nariñense, que si un paisano mío representa a mi departamento en la tarea de impulsar un cambio en Colombia, éste sea una persona íntegra y con convicciones.

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.