Ser mujer y lesbiana en Colombia es un acto revolucionario

Dejemos la pendejada y la ignorancia. Aceptemos que cada ser humano es un universo, complejo y diverso.

Opina - Política

2020-06-28

Ser mujer y lesbiana en Colombia es un acto revolucionario

Columnista:

Paola Prada-Suárez

 

Los hombres me han discriminado por ser mujer; las mujeres y hombres me han discriminado por ser lesbiana; en eventos laborales, sociales o familiares he recibido miradas juzgadoras o comentarios por vivir “fuera del clóset”; y la sociedad me ha discriminado por expresar afecto o atracción hacia una mujer en la calle, en aquellos “espacios públicos” reservados y bendecidos para la heterosexualidad.

Ser lesbiana en Colombia es un acto revolucionario, y para mí es una doble discriminación ser mujer y lesbiana. La sociedad, la familia y el sistema educativo buscan adoctrinarnos y clasificar a los seres humanos, desde que nacemos, en unas categorías bastante básicas. 

Al nacer con sexo femenino, con vagina, entonces hay una directa asociación con que a esa niña le gustará jugar con muñecas y juguetes de cocina y aseo, los colores rosas, y se identificará con un género femenino; un día se va a sentir atraída por hombres con sexo masculino, quedará embarazada, tendrá al menos una hija/o, se casará por lo civil o la Iglesia, y ejecutará el rol frágil y débil en el hogar. Ya todos nos sabemos esta historia de la heteronormatividad.

Desde pequeña, según la “heteronormatividad”, fui diferente. Pese a que mi familia dice que no lo notaba y, yo tampoco, parece que mis actitudes o hábitos sí daban alguna señal de que el rayo homosexualizador me había tocado un día. Por ejemplo, desde los ocho años hice actividades para “niños”, jugaba fútbol con los amigos de mi primo, ayudaba a lavar el carro y andaba en bici con un grupo de niños cerca de mi casa; siendo casi siempre la única niña en esos parches. 

En casa ya jugaba con muñecas, a la casita, servía tintos y postres a mis amigos imaginarios y a mi familia, así que también hacía cosas “de niñas”. Nos teníamos confundidas/os (risas). 

Cuando le conté a mi familia que era lesbiana tenía 23 años. Sabía que iba a ser difícil, así que obviamente me lo pensé mucho. El sufrimiento es horrible (no le deseo pasar por eso a nadie), me sentía muy culpable por algo que yo no había hecho, y nerviosa por lo que esa culpa me haría sentir o vivir. 

Yo decidí contarles de manera individual, empezando por los más cercanos, y entre ellos comenzaron a hablarlo, a debatirlo y así se fueron enterando todos. Las reacciones fueron diversas, me expresaron aceptación y amor; así como también cuestionamiento, rechazo, duda, y temor.

Para mí todo fue muy confuso por esa época, sentía culpa, miedo y rabia; cuestionaba mucho a la sociedad: ¿Por qué tenía que “salir de un clóset’’? ¿Qué significaba vivir en el clóset o fuera del clóset? No entendía por qué la gente me hacía preguntas o comentarios tipo: “¿Pero por qué? No lo entiendo. Explícame”. “¿Estás segura?, ¿desde cuándo eres lesbiana?, debe ser una fase que estás viviendo, tranquila, pasará… Ten una pareja, pero no tengan expresiones de afecto en la calle… Que en el trabajo no se le note”. Era completamente abrumador, ni siquiera yo misma tenía las respuestas a todo eso. Al final lo mejor fue contarle rápidamente a mi familia, salir de eso. Dejar de cargar el peso del secreto y sentirme libre. 

Desafortunadamente, esa no iba a ser la única vez que iba a salir del clóset. En realidad, es algo que he hecho unas 50 veces al año durante los últimos 13 años, si multiplicamos eso son unas 650 veces. Después de mi familia, tenía que contarles a mis amigas/os cercanos, a alguna gente del trabajo, a compañeras/os de estudio, y así unas 50 veces más cada año. 

Cada vez que conozco a alguien nuevo —al menos en un porcentaje mayoritario—, en algún punto “tendré que salir del clóset”. Tendré que especificar que salgo con mujeres y no con hombres por X o Y motivos. En algunas ocasiones, tendré que contar que sí, que una vez tuve un novio, pero después de él ya solo mujeres, que no les tengo miedo a los hombres, que no fue que algún hombre abusara de mí. En otras conversaciones, tendré que contar cómo salí del clóset con mi familia. En otras, tendré que especificar que no tengo novio, sino novia, en el médico cuando me preguntan con qué planifico, en algún formulario y así… estamos saliendo del clóset todo el tiempo, cada vez que conocemos a alguien y, realmente, es agotador. No quiero “salir ni una vez más del clóset”. Esta acción está sobrevalorada y desactualizada. Dejemos la pendejada y la ignorancia. Aceptemos que cada ser humano es un universo, complejo y diverso. 

Desde mi expresión como mujer cisgénero y lesbiana he vivido la homofobia y la discriminación a partir del prejuicio y el rechazo, con agresiones verbales como chistes, expresiones de rechazo o desconcierto y comentarios o miradas morbosas y peyorativas. En algunas ocasiones, los he ignorado, en otras corregido, explicado, pero también he confrontado y discutido fuertemente. También me he retirado de la conversación para no discutir o porque he sentido miedo por mi seguridad. Son tantas las veces que he vivido esto como mujer lesbiana que, en una época de mi vida, sentí que debía normalizarlo, aceptar que la discriminación y las miradas en la calle iban a ser una constante en mi vida y protegerme de esta.

Ahora pienso determinantemente que la homofobia y la discriminación no se deben normalizar. Por el contrario, las debemos combatir con la visibilidad, haciéndonos cada vez más visibles y actores en la sociedad, siendo abiertamente homosexuales. 

Debemos ser visibles porque solo a través de la visibilidad conseguimos ser nosotras mismas, amar a quien queramos, tener los mismos derechos, presionar el cambio, la inclusión, el respeto, el amor y bueno, reducir progresivamente los índices de ignorancia que llevan a la homofobia. Para mí ser lesbiana abiertamente es un acto político, pedagógico y revolucionario, que no solo hago por mí, por la gente que quiero y voy conociendo cada año, sino también por todas las niñas y mujeres, para que en el futuro no “tengan que salir del clóset” y reemplazar así, la culpa por el orgullo.

 

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Paola Prada-Suárez
Magister en Educación con estudios avanzados en Paz, liderazgo y coaching. Profe por pasión. Creadora de la Liga Académica y Ultra Teacher. Ando en moto, hago ejercicio, pongo música y viajo.