Señor Presidente, gracias por nada

Para la crisis fronteriza, todo el plan de choque del presidente Santos se resume en una acción tardía y débil ante la problemática, paños de agua tibia para una enfermedad larga y dolorosa

Opina - Política

2018-02-22

Señor Presidente, gracias por nada

El problema de la frontera viene de mucho antes, pero pongamos una fecha, como para no perder el hilo del asunto con tiempos tan difíciles de recordar, hagamos el juego mental y recordemos el Agosto del año 2015, cuando, debido a la orden del presidente del país vecino Nicolás Maduro, docenas o hasta cientas de casas (no hay datos) de colombianos radicados en Venezuela fueron marcadas y demolidas y aquellos que vivían en estas no les tocó más que volverse al país que una vez dejaron en búsqueda de un mejor vivir, en una época oscura para Colombia, además, en esa misma fecha, también bajo la orden del presidente venezolano, la frontera se cerró.

O quizás debemos movernos un poco más a un tiempo más próximo, once meses después de que la frontera fue cerrada, cientos de mujeres rompieron el bloqueo de la guardia y después de varias horas de este lado, se regresaron a sus hogares con el alimento y los bienes que tanto les hacía falta.

O quizás mucho más, recordemos que durante las épocas que elecciones, sean, de gobernaciones, de la asamblea nacional y hasta de la constituyente, la migración se encontraba en su momento más álgido, como si una alergia a las papeletas tomara el país vecino y obligara a sus ciudadanos a rendirse y migrar.

La verdad es que ninguna de estas fechas fue el origen del problema migratorio, que se retrocede años al pasado, sino que hacen parte del fenómeno fronterizo moderno.

La verdad es que en estas circunstancias las metrópolis del país han recibido golpes a su economía, debido a la falta de preparación para este evento.

La verdad es que de cada ciudad, San José de Cúcuta, la capital del Departamento de Norte de Santander, la conocida como «Perla del Norte» y «La Puerta del Este de Colombia» es la que más ha tenido que lidiar con los problemas, y bastante bien lo ha resistido, soportando una presión social y económica enorme.

Y la verdad es que al gobierno central les valemos menos que un bolívar.

Durante años hemos tenido que aguantar y aguantar, ayudando al venezolano migrante, pero sin nadie que nos ayude. Mientras que la derecha y la izquierda hacen proselitismo con Venezuela y con la crisis; pero nadie hace un carajo.

Y sí, es probable que si la dejación por parte del gobierno continúa, Cúcuta siga en pie resistiendo quizá por varios años más, pero eso es ser inconsecuente; por más resistentes que seamos en la frontera, no es ni justa ni aceptable esta situación.

La Perla del Norte está oxidada y nadie le da una mano.

Dicho esto, el pasado jueves 8 de febrero, tras reunirse con la gobernación local, el presidente Santos salió con lo que él llamó el «Plan de choque», la gran solución a los problemas que se enfrentan en la frontera. Y en concordancia con lo que suele pasar con Santos, la verdad es que ese «Plan de Choque», es muy de su estilo.

No voy a decir nada en contra del Centro de Atención al Migrante, que propone (Esperemos que entre en funcionamiento pronto), ni del hecho de que pretende, muy a su estilo, solucionar todo a punta de policías, ni mucho menos de sus pretensiones de luchar contra la prostitución de los y las migrantes (Por más estúpido que sea eso), nada de eso.

La verdad es que no esperaba nada de su visita, tras tres años sin nada de ayuda por parte del Gobierno, la verdad es que cualquier cosa de lo que dijese hubiera llenado mis bajas expectativas de lo que hubiera podido proponer.

Dicho de otra manera: «Oye, al menos se pronunció» (Respuesta de un amigo ante la noticia).

Todo el plan de choque del presidente se resume en una acción tardía y débil ante la problemática, paños de agua tibia para una enfermedad larga y dolorosa que promete empeorar en tanto esta se ha vuelto caldo de cultivo para la más asquerosa xenofobia que han resultado en varios casos de violencia.

Lo que sea que prometió, probablemente no pase o no sirva para un carajo. Así que gracias por darse un paseito por esta tierra caliente, gracias por escuchar nuestras quejas y haces promesas vacías.

Gracias por nada.

 

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Andrés Eduardo Hernández