Revolución molecular, una teoría estigmatizada por la tiranía

Es la primera vez en Colombia que introducimos a la opinión pública y ciudadanía el concepto de revolución molecular disipada; sin embargo, llevamos décadas practicando sus derivaciones desde los inicios del conflicto armado y hoy, es una manera despectiva para referirse a las manifestaciones sociales en el marco del paro nacional.

Opina - Política

2021-05-14

Revolución molecular, una teoría estigmatizada por la tiranía

Columnista:

Andrés F. Benoit Lourido

 

«Esto que comienza no es vandalismo, es desesperación. Y en estos tiempos de pandemia, desamparo, arbitrariedad y no futuro, me temo que no van a caer solo las estatuas».

William Ospina.

 

Actualmente, Colombia está escribiendo en la historia de la humanidad acontecimientos sociales relacionados a las luchas de emancipación heredadas del pasado.

En esta columna intento comunicar de la forma más fácil y breve posible qué es la revolución molecular que recientemente mencionó Álvaro Uribe Vélez y por qué es usada en un discurso que desata odio y violencia. Casualmente, horas después de su tuit, vivimos una de las noches más aterradoras por la represión y exceso de la fuerza pública a los ciudadanos en Cali y otras partes del país.

¿Qué es la Revolución molecular y de dónde viene?

Félix Guattari fue un psicoanalista y filósofo francés (1930-1992) que trabajó durante toda su vida en el estudio de las instituciones políticas y movimientos sociales.
Aunque no es muy nombrado en la historia de los hechos relevantes del siglo XX, Félix fue uno de los autores más sugerentes en el contexto de la efervescencia de las movilizaciones de Mayo del 68 y que también a la fecha, podemos observar en la práctica, la continuación de sus teorías permeadas antes de su muerte en las coyunturas latinoamericanas. 

La revolución molecular disipada, según una postura del profesor chileno llamado Alexis López (que ha sido invitado dos veces a dar cátedra a militares colombianos), es una estrategia o un modelo que viene de una propuesta de Guattari y del filósofo Michel Foucault, llamada: «Deconstrucción». Félix Guattari desde su campo de conocimiento como semiólogo, propuso deconstruir los significados de la vida, la política, la sociedad y demás, con una de las principales herramientas del dominio: la lingüística; es decir, que para darle un sentido a las cosas, cuando deconstruimos el lenguaje, los significados cambian completamente e influye en nuestras formas de comunicación y comportamiento en nuestro país.

Si definimos palabra por palabra, según el autor, «revolución», se refiere a lo que es: un cambio de la estructura del poder. Respecto a «molecular», significa micro, o pequeño y «disipado», que se desaparece. Entonces lo que traduce «revolución molecular disipada» es a una manifestación de una masa, o de miles de personas, que salen a las calles en representación de varios gremios o movimientos, motivadas por diferentes razones y que al momento de provocar caos, se disipan o desaparecen con facilidad, justamente por ser una amalgama de actores sociales juntos que no se identifican fácilmente.

Es la primera vez en Colombia que introducimos a la opinión pública y ciudadanía el concepto de revolución molecular disipada; sin embargo, llevamos décadas practicando sus derivaciones desde los inicios del conflicto armado y hoy, es una manera despectiva para referirse a las manifestaciones sociales en el marco del paro nacional.

Algunos políticos conservadores de nuestro país, usan conceptos elocuentes, como este, difíciles de comprender y cargados de connotaciones que en realidad, generan odio y tiranía.

Las 24 personas fallecidas y alrededor de 89 desaparecidas reportadas por la Defensoría del Pueblo durante las protestas hasta el 5 de mayo, y las intervenciones, denuncias y exigencias pronunciadas por la ONU, demás organismos y medios internacionales por las múltiples violaciones de derechos humanos ocurridas en Cali y otras ciudades, son resultados de la enferma represión del Estado para establecer su orden de lo que ellos consideran como democracia. No obstante, todos sabemos que estamos siendo asesinados en nombre de una dictadura disfrazada de democracia.

La frase «El terror y la crisis son, ante todo, maneras de gobernar» está cobrando sentido por estos días durante el paro nacional. Pero el terrorismo no es exactamente por parte de la ciudadanía, es del Estado, y les diré por qué…

«Tenemos gobiernos débiles», dice el profesor López, aludiendo que cuando hay marchas, la desobediencia civil y difícil situación de orden público debe ser controlada con el uso de la fuerza (¿excesiva?), porque hay una exacerbación de la violencia por ciudadanos que son «terroristas». Yo me pregunto, ¿quién resulta siendo el terrorista cuando los policías masacraron a 10 personas en Bogotá en las protestas del 9S de 2020 y luego de evidenciar los graves registros en redes sociales de cómo la fuerza pública se tomó Cali para cometer la barbarie de la noche del 3 de mayo de 2021? (Esto sin contar los muertos y heridos de otras ciudades y municipios). El terrorismo de Estado es su forma de gobierno.

Estamos pasando por una revelación pospandemia, manifestando en contra de una imposición estatal para la restauración que detonó con una crisis sanitaria mundial, pues ya veníamos críticos en índices de pobreza, desempleo y falta de oportunidades de educación. Estamos reclamando nuevas formas de recuperar la economía de los 23 billones posiblemente fugados en corrupción y gastos innecesarios de la administración actual como el programa de televisión de Iván Duque y gastos en esquemas de seguridad.

También, este levantamiento de todo el país desde los diferentes movimientos sociales y gremios es para exigir el derecho a la vida y a la libre expresión que están siendo arrebatadas por el poder violento de las fuerzas militares y policías.

La protesta en mi país es vista como un acto subversivo. Es atacada desde teorías filosóficas estigmatizadas por el discurso tradicional e irracional. La ideología arraigada en el poder ejecutivo y legislativo de Colombia es nociva, nos está matando… 

Ya poníamos en práctica el modelo de la revolución molecular disipada desde antes que conociéramos su concepto. Ahora lo conocemos para continuar deconstruyendo. Lo que estamos viviendo es real y grave. No está siendo televisado, pero sí registrado en celulares de millones de moléculas disipadas.

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Andrés F. Benoit Lourido
Comunicador Social y Periodista. Colaborador de prensa escrita en medios digitales independientes, CM de la Casa Editorial El Tiempo; amante de la cultura y musicómano.