¿Reforma o diálogo?, lo que nos está dejando el paro nacional

Los medios de comunicación masivos solo se encargaron de canalizar el cuantioso tiempo de la televisión balbuceando sobre supuestos actos vandálicos por parte de la población civil. Hay que invitar también a dialogar a los medios de desinformación. 

Opina - Política

2019-12-01

¿Reforma o diálogo?, lo que nos está dejando el paro nacional

Autor: Julián Andrés Escobar Ávila

 

Con brillante estupidez Duque está afrontando la álgida situación del país. Afirma negociar con el pueblo una salida democrática, porque negociar es una práctica demócrata, aunque siempre se mofe de decir que hace parte de él. Al parecer, solo se negocia con aquellos ganaderos y terratenientes que siguen viviendo en el siglo XVII y que, tozudamente, se aferran a un modelo económico inservible e independiente al sector minero energético. Parecida situación a la de nuestro vecino de al lado.

Mientras “trata” de negociar, el quijotesco gobernador de esta republiqueta va firmando a diestra y siniestra nuevos decretos que afectan la calidad de vida de los colombianos, o sino, les recuerdo el nuevo decreto 2111, avalado por el descarriado presidente mientras hablaba con los representantes políticos de la sociedad colombiana. Acto cobarde que solo refleja la calidad de gobernante a la cual nos estamos enfrentando.

La situación del paro nacional en Colombia ha llegado al punto de direccionar las futuras marchas del país, que han sido objeto de desagravio y trivialización por una ultraderecha que ya no sabe qué hacer. Por ejemplo, no habrá que preguntarse qué nos están dejando las marchas, sino qué nos reflejan de aquí en adelante en materia de diálogo entre Estado y una sociedad que demanda profundas reformas.

Solo podemos decir que las marchas incrementaron el malestar general de la población en cuanto a la confianza institucional.

La Policía ahora sí que no tiene remedio. Mostraron lo peor de ellos, su frivolidad manifiesta en los despiadados ataques a las mujeres cabezas de familia, estudiantes y mayores de edad, solo refleja la calaña de servidores públicos que cuidan nuestra retaguardia.

Y qué decir del asesinato del compañero menor de edad Dilan Cruz y las brutales palizas ocasionadas a un grupo de mujeres en Cali y Bogotá. El acomodado surgimiento de un gobierno machista y asesino que se oculta como serpiente ponzoñosa en el discurso de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y su feminismo de papel.

Pues bien, ¿cómo se pide dialogar con la sociedad ante un gobierno criminal?, habrá que hacerlo de igual manera con los medios de comunicación masivos. Estos solo se encargaron de canalizar el cuantioso tiempo de la televisión balbuceando sobre supuestos actos vandálicos por parte de la población civil con tal de trivializar el derecho a la protesta. Aunque todos sabíamos que fueron algunos policías quienes tuvieron el penoso trabajo de manchar el paro con sangre y gas lacrimógeno.

¿Por qué no invitar al diálogo a estos medios de desinformación masiva? Ellos también son culpables de la zozobra generalizada en el país.

Fue tal el descaro del papel de esos medios de falsedades, que algún periodista afirmó que, con tal de que mataran a un manifestante, todo se iba a calmar. Pues no, así no son las cosas. Los medios de comunicación, comparados con el Esmad, jugaron un penoso papel, mostraron realmente cuáles son sus intenciones. Un absurdo festín de mentiras que ni sus presentadores podían creer y que serían replicados por los héroes de la patria que solo terminaron de hundir su imagen institucional. Así, trataron de ensalzar el miedo como el producto de estas marchas.

No teníamos que ir muy lejos para darnos cuenta de su método de engaño y zozobra, solo teníamos que escuchar al mentecato de Enrique Peñaloza transpirando falacias sobre unos supuestos vándalos que trataron de entrar a los conjuntos cerrados. Tales afirmaciones solo me hacen recordar la certera idea de Walter Benjamín al señalar que el Estado justifica su violencia porque es través de esta que se implanta la ley, la del plomo y el machete.

El paro continúa. Apoyemos a los indígenas, motivemos nuestros campesinos, reconozcamos el papel de las universidades y los sindicatos de maestros. Si vamos a negociar algo, es el cambio de las políticas neoliberales y los reajustes económicos a los que está siendo inducida la sociedad colombiana con tal de beneficiar a los más poderosos del país.

Lo anterior quiere decir que quienes están negociando como representantes de la sociedad en la Casa de Nariño, deben ser conscientes que se está negociando algo profundo: el modelo económico y político al cual nuestro famélico presidente se aferra cual bebé a su tetera.

Negociemos un cese al fuego por parte del Estado hacia la población civil. ¿Quieren diálogo?, pero ¿cómo hacerlo mientras se sigue persiguiendo y asesinando a los opositores de este régimen neoliberal que solo negocia con chequera en mano y fusil al cinto? Y qué decir de la desvalorización del peso colombiano ante el dólar, ¿quién carajos dialoga con la nevera vacía?

Entonces, por lo que vemos, el diálogo se propone parte de la negociación, pero negociar es poner sobre la mesa lo que quiere el pueblo, ellos deberán entender que gobiernan lo que mandamos nosotros, no sus corporaciones.

Negociar es, a su vez, tratar de reformar profundamente el Esmad y la Policía en su totalidad. Negociar no solo es alzar la voz por aquellos que han muerto o han sido heridos por legitimar el derecho divino de nuestra protesta. Negociar es, como van las cosas, pedir la renuncia de Duque, como paradójicamente muchos fascistas de su bancada lo están haciendo.

Negociar es, finalmente, no pararse de la mesa sin ver materializadas las profundas reformas de la sociedad colombiana; por ejemplo, la paz y el fortalecimiento de los derechos humanos en nuestro país.

Dialogar es buscar por todas las vías jurídicas que la Policía Nacional se responsabilice del asesinato de Dilan, no vamos aguantar más civiles muertos bajo la responsabilidad del Estado. El paro continúa.

 

 

Foto cortesía de: @eiyco, @jhossmarulanda, @jorgecallephotography

 

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Julián Andrés Escobar Ávila
Licenciado en Ciencias Sociales y estudiante de la maestría en Estudios Socioespaciales de la Universidad de Antioquia, Actual pasante de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona. —Es impresionante observar cómo la desigualdad ha producido miles de artículos académicos pero ninguno se ha preguntado cómo cambiar el problema radicalmente—.