¿Quiénes son los atenidos?

Son muchos los parásitos que han venido viviendo a costillas de nuestros impuestos, de nuestro trabajo.

- Política

2020-05-13

¿Quiénes son los atenidos?

 

 Columnista: 

Laura Duque

 

¿Atenidos? ¿En serio, vicepresidenta Marta Lucía? ¿Se atreve a decirle atenido a un pueblo que se la ha pasado trabajando para conseguir el pan de cada día? Atenidos los que ostentan el poder y han hecho sus fortunas a costa de los derechos de otros. Atenidos los burócratas que negocian el Estado; atenidos los grandes empresarios y banqueros que en connivencia con el Gobierno se roban el erario para su beneficio individual.

Sin duda, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez rebosó el vaso con sus ya conocidas expresiones zafadas, que esta vez rayaron con lo humillante y ofensivo del término: atenidos. “Es que aquí no es estar atenidos a ver que hace el Gobierno por cada uno de nosotros”, y lo dice ella, una persona que ha tenido y tiene mucho más de lo que necesita.

No olvidemos que la vice es una servidora pública; pero… ¿es ese su interés?, ¿servir al público, a la ciudadanía, al pueblo? ¿Es esa la vocación que tiene en su corazón? Y preguntémonos también si debe una servidora pública expresarse así, con ese evidente desprecio a los pobres, a los colombianos. Resulta imposible creer en esa falsa empatía que reflejan sus perfiles de campaña, acompañada de niños, madres, abuelos, jóvenes, indígenas, afros, trabajadores de a pie. Su hipocresía y su falta de respeto no tiene límites. Usa a sus votantes y después les restriega su cargo, como si estos le estuvieran pidiendo limosnas de un dinero público del cual ella y los de su calaña se creen dueños. No son limosnas; son sus derechos. No son sus recursos ni los de unas cuantas familias de renombre; son los recursos del Estado. Y el Estado, señora vicepresidenta, somos todos.

En lugar de estar tratando de atenidos a los colombianos, la vicepresidenta debería explicarnos, con más detalle, la procedencia de las riquezas suyas y de su familia; mucho más cuando es de conocimiento público su disposición para hacer negocios con personajes tan sombríos como el presunto narcoparamilitar que ha sido invisible a las autoridades por casi 30 años: Guillermo León Acevedo, alias ‘Memo Fantasma’ o ‘Sebastián Colmenares’, y que; según la publicación de InSight Crime, a través de su empresa ACEM, gestionó un negocio de construcción en 2006 con la firma Hitos Urbanos, de la que es socio Álvaro Rincón, su esposo. Ese comportamiento, inevitablemente, deja un manto de duda sobre su imagen y su ética.

Cada trato ilícito, cada contratación corrupta, es un insulto a la gente honesta del sector trabajador. Cada peso que se roban de los cobros estatales es un peso que no se está usando para pagar la salud —tan vital en estos tiempos—, la educación pública, mejores sueldos a los maestros, la alimentación de los niños… Es un insulto llamarles atenidos a quienes han trabajado por este país: a los trabajadores independientes; a los subordinados a una persona, empresa o institución; y quizá, hoy más que nunca, a los más desprotegidos, a los comerciantes y rebuscadores de la economía informal que generan sus ingresos en las calles; y que, debido al confinamiento obligatorio decretado por el Gobierno, no cuentan con los ingresos necesarios para sobrevivir con dignidad durante esta crisis humanitaria.

Atenidos no son. Más que dolerme, me enoja profundamente que una mujer en la posición de la vicepresidenta Ramírez se atreva a maltratar de semejante manera a una Colombia profundamente lastimada y abandonada por el Estado. Pienso en su nefasta actuación y recuerdo a mi madre, pues yo misma he sido testigo de la ética de trabajo de los “atenidos” que tanto desprecia esta mujer. 

Me recuerdo estando yo muy pequeña y de la mano de mi hermano, esperando en la acera, sentados con paciencia a que nuestra madre terminara de vender hasta la última empanada. Pienso en el letrero de Se Vende en la puerta de nuestra casa en el pueblo, donde también mi madre tuvo dos restaurantes y vendió ropa y otra variedad de mercancía a domicilio. Recuerdo a mi madre siempre como una mujer incansable, trabajadora a más no poder. Tanto así, que hoy en día padece de algunos problemas de columna debido al exceso de peso que durante años cargó. Y le aseguro a la vicepresidenta que como mi madre, hay millones de mujeres más que viven de la economía informal; millones de colombianos con talento, llenos de ganas y creatividad y que han asumido la carga que significa salir adelante en un país como el nuestro donde la verdadera pandemia es la desigualdad y la falta de oportunidades.

Las desafortunadas palabras de la vicepresidenta se dan en un contexto de necesidades básicas insatisfechas, una deuda social que no es de ahora. Según el DANE, aproximadamente 9.5 millones de personas están viviendo en condiciones críticas; y, al mismo tiempo, en la Casa de Nariño dedican un diez por ciento más del presupuesto de 2020 a la compra de armas, gastan 3050 millones de pesos —de dineros destinados a la Paz— para mejorar la imagen de Iván Duque e invierten más de 9 mil millones en camionetas blindadas para su seguridad; y, por si fuera poco, destinan los recursos del Estado para espiar y perseguir a sus opositores y críticos. Un desatino total en plena época de crisis donde millones de familias no han logrado acceder a los pírricos apoyos que financia el Gobierno, muchas veces por falta de documentos y trámites burocráticos; mientras la urgencia de alimentos y bienes básicos no da espera. 

No se nos olvide que el Gobierno como ente administrador es el máximo responsable de garantizar el bienestar de la población, mucho más en medio de esta parálisis económica. No puede ser que la Fuerza Pública violente a la ciudadanía que intenta salir a las calles a rebuscarse algo para llevar a su mesa, cuando hay un Gobierno inoperante que no garantiza las condiciones mínimas de sobrevivencia; y, por el contrario, aprovecha la emergencia para robar los dineros de la contratación pública destinados a atender a los más vulnerables, primordialmente con la entrega de mercados.

Seguramente, muchos funcionarios han tenido conversaciones por el estilo a las halladas recientemente en el chat de los concejales de Montería: Santiago Miguel Pérez Posada y Andrés Felipe Negrete Bonilla, del Centro Democrático, y Luis Carlos López, del movimiento indígena AICO, en la cual este último lanzó la desafortunada frase “El pobre está acostumbrado a aguantar hambre, por un mes no se va a morir. Uno tiene que recuperar la inversión de la campaña como sea. Semejantes palabras para justificar la intención criminal de los políticos de entregar 1500 mercados en lugar de los 5000 que componían la supuesta ayuda a la que se referían.  

¿Quiénes son los atenidos? Si nos fijamos son muchos los parásitos que han venido viviendo a costillas de nuestros impuestos, de nuestro trabajo. Han hecho grandes fortunas desangrando al país; aunque siempre quieren más.   

Marta Lucía Ramírez, al ser la mujer que ocupa el segundo cargo más importante del país, debería ser la vocera y garante de los derechos de las mujeres, de las madres y de las familias; sin embargo, la vicepresidenta con su lenguaje despectivo y con sus políticas de gobierno le da la espalda a las otras mujeres y se convierte en el obstáculo para su desarrollo y sobrevivencia. ¿Cómo le explica a las madres colombianas confinadas en sus casas sin poder trabajar que para el Gobierno son unas atenidas porque reclaman su legítimo derecho a la asistencia del Estado en época de emergencia sanitaria? ¿Cómo es capaz de ignorar el hambre de los niños y la desesperación de sus familiares que no tienen más opción que ondear un trapo rojo en sus ventanas para pedir el auxilio de sus vecinos y evitar que sus hijos mueran de hambre?

Su máscara se cayó y nos resulta visible su desinterés y apatía por el bien común. Queda claro que su afán no es proteger a la sociedad colombiana, sino al gran capital (llámese por ejemplo Monsanto, Avianca, Sarmiento Ángulo o Uribe Vélez); así procede este Gobierno uribista, mezquino con el pueblo y muy generoso con el gran empresariado.

Así procede una clase política envuelta hasta los tuétanos en una cultura traqueta y mafiosa. Ya la venda que tenía el pueblo colombiano también se está cayendo; y los lloriqueos en público, las explicaciones mentirosas de “todo fue a mis espaldas” o el “todo fue un montaje”, nos resultan absolutamente vacíos e insoportables. 

 

( 2 ) Comentarios

  1. No hay que quitarle ni añadirle a esta columna. Magnifica¡
    Ate: Una atenida más

  2. Si , es cierto. El comentario de la señora es desmedido y fuera de lugar. Pero hay cosas ciertas también, hay un poco de personas que no quieren trabajar, ni hacer nada. No quieren producir y quieren ser sostenidos por el gobierno. hablan mal del país y no contribuyen en construcción si en destrucción. Aquí si todos ponemos, Todos ganamos.

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Laura Duque
Periodista y estudiante de Derecho de la UdeA