Ponerse los crocs: un riesgo electoral

Uribe y, quienes aún siguen al combativo ‘exmesías’, convertirán las próximas elecciones regionales en un campo de batalla electoral, pues saben que de perder ese pulso con el Pacto Histórico y las ideas progresistas que encarna el presidente de la República, Gustavo Petro, el destino del llamado uribismo será la sepultura total.

Opina - Política

2022-12-07

Ponerse los crocs: un riesgo electoral

Columnista:

Germán Ayala Osorio 

 

Con la bendición de Álvaro Uribe Vélez, el más grande elector de Colombia de los últimos años, Gilberto Tobón se alista para recuperar, para el uribismo, la Alcaldía de Medellín. Es decir, el hasta ayer crítico del establecimiento y, del propio expresidente, decidió ponerse los crocs.

Tobón parece olvidar que caminar en crocs constituye hoy el mayor riesgo de fracaso electoral en virtud de la raída imagen del uribismo y del hijo de Salgar, imputado por la Corte Suprema de Justicia por los delitos de fraude procesal y manipulación de testigos en calidad de determinador.

Ponerse los crocs puede salirle muy mal a quienes osen llevar ese particular estilo de calzado que el expresidente manchó con su mala fama. Por estos días, la derecha neoliberal que encarna el 1087985 anda desesperada buscando títeres («Jorgitos» o «Ivanes Duques”) para instalarlos en gobernaciones y alcaldías.

Uribe y, quienes aún siguen al combativo ‘exmesías’, convertirán las próximas elecciones regionales en un campo de batalla electoral, pues saben que de perder ese pulso con el Pacto Histórico y las ideas progresistas que encarna el presidente de la República, Gustavo Petro, el destino del llamado uribismo será la sepultura total. Reconocen que un triunfo generalizado de las ideas de la izquierda democrática le servirán a Petro de plataforma para acabar de cumplir con lo prometido en campaña y para que de esos territorios electorales broten los candidatos que en el 2026 intentarán dar continuidad a los programas sociales que hoy se impulsan desde la Casa de Nariño, junto con apuestas ambientales como la transición energética, la industrialización del país y la consolidación de la reforma agraria y de la «paz total».

Por todo lo anterior, las elecciones regionales de 2023 son ya angustiantes para la derecha y, en particular, para el uribismo, en representación del «viejo y recién derrotado régimen». Es tal el desespero de Uribe, convertido en una especie de «determinador electoral», que anda repartiendo «piropos» a diestra y siniestra. Lo hizo con Jorge Enrique Robledo, a quien el gran capataz lo vio manejando los hilos de Bogotá, a sabiendas del odio visceral que Robledo profesa hacia Gustavo Petro. La respuesta del fundador de la microempresa electoral Dignidad fue clara: «no seré candidato a ningún cargo en 2023. Son conocidas mis profundas diferencias con Álvaro Uribe».

Insisto. Quienes opten ser candidatos a alcaldías y gobernaciones bajo las banderas del uribismo y, calzando crocs, caerán con sus nombres —casi que de inmediato— en un incuestionable proceso de degradación por todo lo que hoy rodea a esa aviesa «doctrina» con la que el ejercicio de la política y, con este los políticos, quedaron sumidos en el fango de la corrupción y la violencia política.

El gran Matador (el caricaturista) expresó en su tradicional caricatura lo que en esta columna se advierte. La misma con la que se ilustra el texto.  

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.