Peñalosa no es culpable, pero sí responsable

Opina - Política

2017-04-20

Peñalosa no es culpable, pero sí responsable

No hay estadísticas públicas, pero desde que inició el mandato de Peñalosa la disolución violenta de protestas parecen haberse intensificado, aún cuando la Policía dice que el alcalde no da orden directa sobre los operativos, y así sea cierto, lo que claramente no está haciendo es oponerse a la utilización indiscriminada de estos policías de negro, que sí tienen más cara de fuerza letal. Como primer mandatario de Bogotá, está pecando por omisión al dejar que se reprima a la fuerza cualquier protesta donde se reúnan 3 a gritar en su contra.

Pero esta fue la tapa, no menos grave que los ataques a estudiantes o campesinos, pero sí más alarmante. La Fuerza Disponible de la Policía Nacional reprimió con gases lacrimógenos una manifestación pacífica de personas en situación de discapacidad contra el recorte de subsidios de transporte, que ejercían su derecho constitucional a la protesta, y que no le estaban haciendo daño a nadie, porque por la imagen del doctor sin doctorado ya lo mejor sería que renunciara y se hiciera un lado, que evite que lo echen por la puerta de atrás, como quiere hacerlo la ciudadanía que hace rato se dio cuenta que no sirvió para gerenciar una ciudad que aún ve a través del retrovisor de la administración pasada.

Aunque lance anzuelos para distraer, como el piano en la calle y los conos pedagógicos, estas estrategias y su administración en general no trascienden más allá de los daños. ¿Dónde estaban los conos que no los mandaron a hacerle pedagogía a los niños, ancianos y ciegos en vez de policías armados?

¿Con qué cara salen a decirnos que fueron acciones de un policía individual y que investigarán? ¿Otra vez desligándose de la responsabilidad? Aquí es claro que los agentes no se mandan solos y están siendo utilizados más como la oficina de atención al ciudadano de la Alcaldía de Bogotá que como un apoyo al mantenimiento del orden.

A la mínima muestra pública de inconformidad de la ciudadanía con las acciones de Peñalosa y su administración suele llegar primero la policía que la prensa y la mayoría de los manifestantes. Y así sostengan que el alcalde no levanta el teléfono y ordena que lleguen los agentes, es obvio que esta administración está más al acecho de perseguir al ciudadano para que se quede callado que buscando la manera de solucionar y gestionar, que es para lo que les pagamos a todos.

Estamos cansados de los ‘accidentes’ que terminan con la vida de manifestantes que acuden a la calle cansados de aguantar. No podemos permitir que le tiren gases lacrimógenos a niños y personas en sillas de ruedas, ni a nadie en general que con justa causa abuchee, pite, marche o se reúna pidiendo ser escuchado, exigiendo que se materialicen las soluciones o promesas que les rebosaban la boca en campaña.

No le queda bien a Peñalosa que salga a decir que fue un accidente, que después pida disculpas y ordene investigar si no se hace lo que se debe hacer, que es regular el uso de la fuerza bruta para mediar con la clara y justa inconformidad de las personas con su gestión como alcalde.

Ciudadanos que trabajan en la zona aseguran que tenían listas ambulancias y más agentes que cuando hay protestas de sindicatos o de partidos políticos. Que ellos sabían lo que hacían. ¿Entonces para qué salir a disculparse por un daño premeditado? Lo que necesitamos son respuestas, soluciones y cambios, no guiños diplomáticos a la prensa y a los tuiteros mientras atacan la integridad física de los más indefensos. A Peñalosa no le alcanzó la pita o no la quiso estirar.

Y lo cierto es que la gente no quiere esperar más. Según encuesta de Cifras & Conceptos, el 61% tiene clara su intención de respaldar la revocatoria del alcalde Peñalosa. 

Las firmas necesarias para llamar a votaciones ya fueron reunidas y entregadas y ahora sólo queda esperar a ver si no desaparecen las planillas o el alcalde y su pull de abogados encuentran la manera de frenar la intención de una ciudadanía que lo tiene crucificado en aspectos relacionados con corrupción, clientelismo, movilidad y seguridad. 

Se acerca la hora de que Peñalosa abandone de nuevo El Palacio de Liévano y se vuelva de nuevo a vender buses, que claramente es lo que mejor sabe hacer.

En Bogotá urgen medidas que ayuden a aliviar de raíz los graves problemas que aquejan a su ciudadanía, porque lo único que queda claro de esta alcaldía es que mirando para atrás no se puede avanzar sin caerse.

 

 

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Ían Schnaida
Campesino antioqueño | Periodista de la UdeA | Fundador y director de laorejaroja | Dudo de pa' fuera.