Otra peste que ataca a la nación

El pánico, que es otro virus de rápido contagio, ha empezado a esparcirse, y algunas bocas ya cuentan cómo a poblaciones enteras, habitantes de caseríos del norte de la región Caribe, se les ha olvidado hasta su propio nombre.

Opina - Política

2021-03-29

Otra peste que ataca a la nación

Columnista:

Rafael Medellín Pernet

 

Doña María despertó esta mañana con la tranquila serenidad que puede ostentar una persona de más de doscientos años de vida, que ha visto de cerca al mundo caer y volver a levantarse, que ha presenciado con ojos trémulos desde la kilométrica distancia dos bombas atómicas casi acabar con la raza humana, y que ha atestiguado cientos de guerras que de tan solo enumerarlas perderíamos el sentido de esta columna. Doña María, quien probablemente estuvo dormida por unos cuatro o cinco años, despertó esta mañana, también asumiendo que era verano. Apenas hubo salido por la puerta trasera hacia el patio de su casa pudo notar cómo los guayacanes pintaban el horizonte de un vívido amarillo que le encandilaba la vista y le hacía apartar la mirada. Ellos solo florecen cuando el cielo y la tierra están secos —pensó—. Cuando quiso sentarse, después de haber caminado un poco la vieja casa, luego de entender que había cambiado y que seguía igual, trató de pedirle a su sobrina que le alcanzara una…

Así se quedó, pensando largo rato, hundida en una profunda abstracción provincial, preguntándose a sí misma sin obtener una respuesta concreta. Puede que haya sufrido un ataque de pánico interno, que supo disimular muy bien, y que le provocó un espasmo abdominal, porque se podía ver su mano expandida presionando la piel del estómago. La sobrina, joven entusiasta de pensamiento adelantado a su edad, empezaba a preocuparse por el estado de ensimismamiento de su tía, el cual, siendo sinceros era bastante común en esta familia. Pasadas las dos horas de haber tratado de que su cerebro pariera al menos una moribunda idea, doña María se cansó de intentarlo y con resignación senil le dijo a su sobrina: hay que ir al médico.

Les tomó dos horas llegar al puesto de salud más cercano, desde donde la remitieron al especialista, este último solo atendía en el hospital provincial, a otras tres horas de distancia. La travesía fue considerada por las dos mujeres como un terrible fracaso y un rotundo éxito. Primero, los resultados médicos no arrojaron ningún diagnóstico de qué preocuparse y doña María parecía tener el físico y la salud de una persona de 20 años. Por otro lado, el viaje solo fue una pérdida de tiempo que no les permitió tener claridad sobre la imposibilidad de doña María de recordar el popular objeto usado para sentarse y ejercer el arte del descanso.

En el pueblo empiezan a escucharse un poco los rumores de que la peste del olvido ha vuelto y de que doña María es el caso cero del nuevo rebrote. Todos esperaban, naturalmente, que este suceso fuera un simple Alzheimer, que se documentaría en el respectivo expediente clínico y se trataría con la respectiva medicina. Pero no. El pánico, que es otro virus de rápido contagio, ha empezado a esparcirse, y algunas bocas ya cuentan cómo a poblaciones enteras, habitantes de caseríos del norte de la región Caribe, se les ha olvidado hasta su propio nombre.  

Si esto es cierto, y si la peste del olvido ha vuelto, el Gobierno central va a tener que ubicar a todas sus preocupaciones y prioridades en un segundo plano; así como disponer de todo el arsenal pedagógico, de todos los profesores habidos y por haber —porque la cura del olvido no es médica, sino académica—, y empezar a curar esta grave enfermedad. Si lo logramos, si podemos poner en marcha este plan de lucha, es posible que el próximo año la nación sea capaz de llegar a las urnas con una lucidez incandescente, y no se vea obligada a ejercer el derecho al voto como lo hicieron en otras ocasiones las varias generaciones de este país que han sido atacadas y arrasadas por la peste del olvido.

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Rafael Medellín Pernett
Inquisidor.