No es comunismo, es asco al uribismo

Hay cansancio en una parte importante de la sociedad civil y de la sociedad con ese ya advertido, pero aún no proscrito ethos mafioso que se naturalizó en Colombia desde 2002.

Opina - Política

2021-04-21

No es comunismo, es asco al uribismo

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Poco a poco se consolida la idea y la necesidad de que aparezca en la arena política y electoral de Colombia un líder con un proyecto de país y de nación, capaz de dejar sembrado un itinerario que lleve a Colombia a vivir transformaciones cercanas a una esperada y urgente revolución cultural, con miras a salir del abismo moral en el que nos metió Uribe y el uribismo con su máxima del Todo Vale.

También va quedando claro que las opciones autocalificadas como de Centro-Izquierda, en las que confluyen personajes como Sergio Fajardo, el senador Marulanda y Ángela María Robledo, entre otros, realmente están diseñadas para mantener y extender en el tiempo las condiciones ominosas en las que tiene el país eso que se conoce como el uribismo.

Las opciones para lograr salir del desbarrancadero moral en el que sobreviven los colombianos y las colombianas por cuenta de ese conjunto de prácticas dolosas y mafiosas que muchos elevaron al estatus de “doctrina” ideológica, se van cerrando hacia dos políticos: Gustavo Francisco Petro Urrego y Camilo Romero.

Las circunstancias contextuales están dadas para que alguno de los dos cuente con el suficiente respaldo popular que los lleve a disputarle a la Derecha y la ultraderecha colombiana y a los candidatos mendaces de la Centro-Izquierda liderada por el insustancial Sergio Fajardo Valderrama, la opción de llegar a la Casa de Nariño, hoy Casa de Nari.

Hay cansancio en una parte importante de la sociedad civil y de la sociedad con ese ya advertido, pero aún no proscrito ethos mafioso que se naturalizó en Colombia desde 2002. Además, una parte del Establecimiento también está extenuada con la reducción que Uribe Vélez y sus adoctrinados seguidores hicieron del Estado y del territorio nacional, asumido por el vulgar Capataz y por sus áulicos amaestrados como un extenso baldío o un platanal en el que ordenan y gritan como si se tratara, también, de un extenso potrero con símbolos patrios.

A pesar de esas circunstancias, una parte del Régimen político no está dispuesta a permitir la transición moral y ética que supondría la llegada al poder de Petro o de Romero. Y es allí en donde radican los peligros que afrontarían eventuales gobiernos bajo el liderazgo del exalcalde de Bogotá o por el exgobernador de Nariño.

Y las eventualidades por venir están dadas en situaciones muy conocidas en Colombia: asesinarlos. Ya el país conoce la historia con aquellos que le apostaron y le propusieron un giro moral y ético estructural. Baste con recordar a Gaitán, Galán, Jaramillo y Pizarro, asesinados en nombre de poderosos de agentes económicos y contadas familias que convirtieron el país en un extenso lupanar.

Si ello no sucede, es decir, si Petro o Romero logran llegar a la Casa de Nariño, sin establecer con los mandamases unos mínimos acuerdos, muy seguramente sus administraciones serían atacadas con paros económicos orquestados desde sectores de la sociedad civil, los mismos que se vienen beneficiando del ethos mafioso que oficia como bandera de los que se auto proclaman defensores del capitalismo, tratando de ocultar su real condición de Señores Feudales.

Esos son los riesgos que corre el país si llegare a triunfar Petro o Romero en las elecciones de 2022. Eso sí, son apuros que vale la pena correr y vivir, pues cuando el cansancio es generalizado, no queda otro camino que buscar salidas que nos retornen la esperanza de superar esta oscura y prolongada coyuntura, pero sobre todo, que nos permita ilusionarnos con que es posible asegurar para las grandes mayorías condiciones de vida digna. Y ello no significa quitarles a los que más tienen. Con que aporten al fisco lo que por ley les corresponde, y que dejen de robar, es suficiente.

Esos son los riesgos a los que se enfrentaría Colombia y los colombianos ante un eventual cambio moral y ético, liderado por Petro o por Romero. Ya veremos en el 2022 hasta dónde nos llega este insoportable agotamiento frente a tanta ignominia. Quizás simplemente se trate de entender lo que un anónimo señor puso en su camiseta, en la que se lee: “no es comunismo, es asco al uribismo”.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.