Madre, lucho por lo que tú no pudiste luchar

Querida madre, pilar fundamental por el cual hoy yo lucho por nuestros derechos en las calles, sé que  aunque tú no lo ves así, te invito a pensar que mientras ya no pasas por todo eso, hay otras personas que sí lo hacen.

Emociones - Narrativo

2021-07-09

Madre, lucho por lo que tú no pudiste luchar

Columnista:

Luis Alberto Correa Castro

 

A más de dos meses de paro nacional llegan las reflexiones y críticas hacia algunas situaciones que vemos y vivimos como la actitud del Gobierno frente al paro y por otro lado, la dinámica que viene manejando el Comité Nacional del Paro, claro está, sin olvidarnos de lo que está sucediendo con los jóvenes que se están manifestando. El paro hizo que resonaran las voces de quienes rechazamos el Gobierno de turno, ya sea por el incumplimiento de los deberes propios que le corresponde o por la notoria falta de garantías hacia los derechos humanos. Es inevitable que detrás de todo se halla la preocupación de nuestras madres cada vez que otro titular anuncia la muerte de un compañero o el número de desparecidos aumenta.

Esto, más que una columna de opinión, es una carta a mi madre. Tal vez muchos se sientan identificados, pues la coyuntura nos ha ratificado que desde hace un tiempo venimos experimentando un choque generacional que no solo se ve en las formas de practicar la política, sino que también se marca el visible replanteamiento hacia las mismas formas culturales establecidas durante décadas.

Madre, no juzgo el cómo ves mi vida o mis acciones y la de muchos otros jóvenes que hoy salimos a las calles. Quizás en algún momento de tu juventud te sentiste discriminada, pisoteada y hasta olvidada por un Estado incompetente, pero no tenias una ideología y un horizonte político para encontrar al verdadero culpable de todo eso que pasaste y que en tus regaños siempre resaltas como superación. Y sí, sí fue una superación que tuviste que atravesar a punta de lágrimas, sudor y sangre, pero ante ello te pregunto: ¿tenía qué ser así? Para responderte diré no. No, madre. No tenia que ser así; principalmente, porque todo niño merece una vida digna y contar con todas las garantías para el desarrollo de esta misma. Segundo, porque todo ciudadano tiene derechos, algo que de pronto nunca viste a nadie defender y, por eso, no pudiste gozar de estos en su totalidad. No tuviste la oportunidad, pues desde temprano decidiste ser madre de dos niños que sacaste adelante olvidando tus sueños por un largo tiempo.

Madre, no te discrimino por no tener en tu juventud lo que hoy por hoy yo tengo. Tampoco te discrimino el querer ver reflejados tus sueños en tus hijos. Sin embargo, en mi caso, este hijo tuyo fue recogido por la universidad pública desde la cual te escribo estas palabras, única institución capaz de brindarme todas las herramientas para hoy observar, criticar y no querer que se repitan situaciones como en las que tú te viste envuelta. Muchos jóvenes no queremos repetir la vida de nuestros abuelos y padres por inspiradoras y llenas de esfuerzos que sean. Te admiro, pero tú no debiste pasar por tanto sufrimiento que te hizo normalizar el abandono del Estado.

Tal vez te preguntas «¿por qué mi hijo arriesga su vida a diario en esas marchas?» O también te preguntes «¿por qué mi hijo decidió estudiar Sociología?» Y yo, desde mi lectura de la realidad, solo pueda responderte «porque es la carrera que a mí me gusta», aunque el trasfondo real es que nunca estuve de acuerdo con la vida que les tocó vivir a ti y a muchos de tu generación. Entiendo que no debo pelear contigo por la forma en que ves el mundo, pues, como diría Durkheim, naciste entre esos hechos sociales y sé que no tuviste las herramientas necesarias para cuestionar tales hechos como yo lo hago.

Querida madre, pilar fundamental por el cual hoy yo lucho por nuestros derechos en las calles, sé que  aunque tú no lo ves así, te invito a pensar que mientras ya no pasas por todo eso, hay otras personas que sí lo hacen, y hasta cierto grado peor que tú. Si te pones a observar más allá de este caso particular, muchos jóvenes comparten la misma motivación: una vida digna, un trabajo trabajo estable y una verdadera paz; exigencias que se ven fortalecidas cuando se convierte en un reclamo popular a través de las multitudinarias manifestaciones.

Por último, te quiero decir que te amo y sé qué tú también me amas. Ese amor que tú me tienes me hace sentir inmortal. Por eso a veces te digo que no te preocupes; que yo estaré bien y que nada me pasará. Madre, como diría Bateman: «porque el amor es la certeza de la vida, es la sensación de la inmortalidad».

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Luis Alberto Correa Castro
Estudiante del programa de sociología de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad del Atlántico, hago parte del comité de derechos humanos Alfredo Correa de Andréis. Aficionado a la fotografía documental. «Insistamos en lo que nos une y prescindamos de lo que nos separa».