Los nuevos «Uribitos»

Es evidente que se viene consolidando un tipo de liderazgo caracterizado por individuos que exhiben peligrosas conductas y comportamientos narcisistas que ponen en riesgo la viabilidad de las instituciones que dirigen.

Opina - Política

2021-04-04

Los nuevos «Uribitos»

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Con el regreso de Uribe al poder,  ya no en sus «carnitas y huesitos», sino en las «carnotas y tejidos adiposos» de Iván Duque (2018-2022),  el país vuelve a vivir una compleja coyuntura que se expresa multifactorialmente en asuntos como un comportamiento ciudadano autoritario, la operación del Estado sujeto a intereses privados, pero especialmente dependientes del carácter megalómano de unos nacientes “Alvaritos” o “Uribitos” que buscan a toda costa reconocimiento.

Esas copias, malas o fieles, de Álvaro Uribe Vélez, están representadas en funcionarios como el fiscal general, Francisco Barbosa, el ministro de la Defensa, Diego Molano y el comandante del Ejército, el general Zapateiro; al listado se suman el asesor de comunicaciones de la Presidencia, Hassan Nassar y el propio presidente de la República, Iván Duque Márquez. De este último no vale la pena decir nada, pues ya sabemos cómo viene manejando los asuntos del Estado.

Aunque no son los tiempos del embrujo autoritario, en la medida en que la figura de Uribe Vélez cada vez se marchita más por sus líos judiciales y porque una parte importante de la sociedad despertó de ese hechizo mediático en el que vivió Colombia entre 2002 y 2010, es evidente que se viene consolidando un tipo de liderazgo caracterizado por individuos que exhiben peligrosas conductas y comportamientos narcisistas que ponen en riesgo la viabilidad de las instituciones que dirigen. A pesar del surgimiento de esos liderazgos, no es posible aceptar del todo la tesis de los analistas León Valencia y Ariel Ávila, con la que señalan que el “uribismo” está llegando a su fin y que el país está viviendo ya el posturibismo. Miremos, pues, algunos ejemplos de aquellos que buscan denodadamente parecerse al “Patrón de patrones”.

Francisco Barbosa es un funcionario que usa la Fiscalía para autoinflar su ya desbordado ego. Como narciso consumado y obediente peón de eso que llaman el “uribismo”, Barbosa está convirtiendo a la Fiscalía General de la Nación en una especie de policía política con la que persigue a las víctimas no solo de Uribe, sino a todos aquellos que se atrevan a criticar o a expresar sus opiniones, a todas luces contrarias a las que hoy soportan las narrativas de unos medios de comunicación que, incrustados en el Régimen Uribe-Duque-Sarmiento Angulo, buscan a toda costa legitimar esos liderazgos, al tiempo que ocultan la pérdida de legitimidad de instituciones como la Fiscalía General de la Nación. Así como Uribe convirtió al DAS en su policía política, Barbosa hace lo propio con el órgano de investigación.

Aparece también en escena otro “Uribito”: se trata de Diego Molano, el ministro de la Defensa. Como fiel admirador del político y expresidiario antioqueño, Molano intenta superarlo con frases que claramente dejan entrever su talante autoritario y su nula empatía con el dolor de los que sufren la fuerza represiva y criminal del Estado. Molano le propone al país dejar atrás la frase “memorable” “esos muchachos de Soacha no estarían cogiendo café”, para que en adelante los colombianos recordemos dos frases igual de “gloriosas” que la enunciada por Uribe para desconocer la ocurrencia de los “Falsos Positivos”: la primera, “esos niños no se estaban preparando para el ICFES” y la segunda,  conectada ética y militarmente con la primera, “esos niños son máquinas de guerra”.

Otro que sigue las huellas del exrreo 1087985 es Hassan Nassar, con un problema adicional: como periodista, ataca a los colegas que se atreven a esculcar lo que hace el Gobierno que él defiende a través de la Oficina de Comunicaciones de la Casa de Nariño. El caso de la gestión que hizo la Primera Dama de la Nación, María Juliana Ruiz ante el director del Archivo General de la Nación, Enrique Serrano, para publicar su autobiografía, le permitió al periodista del Palacio presidencial armar una campaña de desprestigio contra el noticiero Noticias Uno y la periodista que divulgó la ilegítima reunión.

Así reaccionó EL ESPECTADOR, en su editorial del 23 de marzo de 2021: “…En vez de comportarse como un funcionario que representa a todos los colombianos, el consejero adopta una actitud combativa y utiliza la etiqueta de “noticias falsas”. No se trata de un ataque ingenuo o menor. Acusar de “noticias falsas” a un medio es la táctica empleada para posicionar la idea de que la prensa es enemiga del Estado y del pueblo. Es una estrategia que da réditos populistas: si se ataca la confianza en la prensa, quienes están en el Gobierno pueden hacer lo que deseen sin tener contrapesos”.

Para parecerse a Uribe, Hassan no solo sabe cuántos pares de crocs tiene el latifundista de Salgar, sino que señala a ciertos periodistas como “enemigos del Gobierno”. Solo falta que los califique como “amigos de los terroristas”, tal y como lo hizo Uribe Vélez con el periodista Holman Morris.

Y para terminar, aparece en el panorama político-egocéntrico el general Eduardo Enrique Zapateiro, quien con su expresión “Ajúa” no solo intimida, sino que anima a su tropa a seguir su tropero liderazgo. Como amigo de la guerra, imagino que la aspiración del alto oficial, una vez se ponga el Everfit, será recoger las banderas de nuestro Ares antioqueño, dirigir Acore o lanzarse como candidato a la Presidencia.

Al estar soportados esos liderazgos exclusivamente en las actitudes narcisistas de los aquí nombrados y al buscar ser los “nuevos Alvaritos”, están afectando en materia grave la legitimidad de las instituciones y ensuciando las institucionalidades que representan.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.