Lo que pasó en Ucrania está pasando en Colombia

Si extrapolamos lo que sucedió en Ucrania a la realidad de «Polombia», vemos que hay un factor similar en las ciudades que han marcado distancia del furibismo, mientras en otras todavía esta corriente política sigue teniendo oxígeno.

Infórmate - Informativo

2021-06-03

Lo que pasó en Ucrania está pasando en Colombia

Columnista:

Álvarez Cristian 

 

Entre 2013 y 2014 Ucrania vivió una situación sin precedentes en su devenir político que repercute hasta hoy y que fue —luego de la primavera árabe en 2011—como uno de los estallidos de revolución y cambio más fuertes que ha sacudido a Europa y al mundo en la historia reciente.

De esta situación y desarrollo, Colombia podría tomar atenta nota, ya que lo que aconteció en Ucrania es muy similar a lo que está sucediendo hoy en el «Silicon Valley de Suramérica» que pintó Iván Duque.

Como lo reseña el periodista Olexiy Solohubenko para la BBC, las manifestaciones en Ucrania comenzaron a finales de 2013 con un simple tuit de Mustafa Nayem (un conocido periodista ucraniano hijo de inmigrantes afganos) quien expresó su descontento con el hecho de que el presidente ucraniano de ese entonces Víctor Yanukovich (demasiado afín a la Rusia de Putin) decidiera—a último minuto—no firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea.

 

En Colombia sucedió algo similar

 

Causa curiosidad que en Colombia sucedió algo similar, gracias a la «entrevista» que la señora Eugenia de Gnecco le hiciera al ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla donde este—aparte de justificar la injustificable reforma tributaria—demostró que no sabe el precio de algo tan básico para la alimentación como un huevo.

Cabe recordar que en noviembre de 2013, la población ucraniana estaba dividida (o «polarizada» como solemos decir en Colombia) con un 38,0 % de ucranianos apoyando un acuerdo de asociación con Rusia; y otro 37,8 % de ucranianos una asociación con Europa.

Por las mismas fechas, el 41 % de los ucranianos consideraban que la prioridad para Ucrania debía ser la integración europea, mientras que el 33 % desdeñaba unirse a la UE.

No es un dato baladí que el mayor apoyo hacia la integración con la Unión Europea se encontraba en Kiev (alrededor del 75 % de los habitantes de esta ciudad capitalina), mientras que en Crimea (ciudad que posteriormente se anexionaría Rusia) dicho apoyo apenas llegaba al 18 %.

Si extrapolamos esta situación a la realidad de «Polombia», vemos que hay un factor similar en las ciudades que han marcado distancia del furibismo, mientras en otras todavía esta corriente política sigue teniendo oxígeno.

 

Rusia no quería el acuerdo entre Ucrania y la UE

 

Continuando con el relato de Solohubenko, Rusia no quería el acuerdo entre Ucrania y la UE, ya que de darse, Ucrania se alejaría de la influencia de Putin con todo lo que eso significaba. Por ello, Rusia le prometió a Yanukovich más dinero a cambio de no hacer el pacto con la UE.

«Así, en noviembre de 2013, Nayem llamó a sus seguidores a protestar en la plaza de la independencia, conocida como Maidan. Primero vinieron unos cientos; luego unos miles… después decenas de miles», cuenta Solohubenko.

 

Otras similitudes con Colombia

 

Otra similitud de los protestantes ucranianos de 2013 y los muchachos de la primera línea colombianos es que, según Solohubenko buena parte de los manifestantes de Maidan pertenecían a esa primera generación que nació, creció y se educó después de la independencia del país luego de la caída de la Unión Soviética. «Querían un nuevo pacto social que remeciera los conceptos de lo que es bueno y es malo».

Y la plaza EuroMaidan en Kiev, capital de Ucrania, se volvió en ese punto de inflexión donde se luchó por ese cambio. Y ahí empezó todo. ¿Cuántos Maidan hay ahora en Colombia?.

El 8 de diciembre, los manifestantes derribaron la estatua de Vladímir Ilich Lenin—padre fundador de la Unión Soviética— como una forma de demostrar esa demarcación de la injerencia rusa.

Situación similar se vivió en Colombia con el derribo de las estatuas de los colonizadores españoles, por parte de las comunidades indígenas sobrevivientes a los abusos de estos personajes.

Ojo a este dato, amable lector, ya que, para organizar provocaciones y ayudar a la Policía de Kiev a reprimir manifestantes, el Gobierno usó ampliamente a las Titushki, escuadrones ilegales ucranianos compuestos de personal militar, policial, deportistas o elementos criminales direccionados por el Gobierno para atacar y dispersar manifestaciones.

Qué curioso, parece que en Ucrania también había «gente de bien».

 

Choques entre manifestantes y la Policía de Ucrania

 

Durante enero de 2014, los choques entre manifestantes, las Titushki y la Policía para desalojar la plaza EuroMaidan —y acabar con ese símbolo de resistencia que acallaría a toda Ucrania y la devolvería al seno de la Rusia de Putin— se volvieron en pan de cada día.

Las protestas desembocaron en disturbios, las cuales también fueron creciendo en intensidad, al punto de que hubo días en que muchos manifestantes continuaban sus protestas toda la noche, lo que hacía imposible su desalojo del lugar por parte de las autoridades.

Al igual que «Polombia» y su Fiscalía de bolsillo, el 16 de enero, la Rada (parlamento ucraniano) ordenó penas contra los manifestantes e incluso leyes tan ridículas como portar elementos que protegieran la cabeza como cascos. Esto fue tomado por los manifestantes como un veto a su derecho de manifestación y protesta.

No obstante, la encerrona jurídica no significó nada si se tiene en cuenta que la brutalidad estatal comenzó a incrementar sus niveles. Por ejemplo, el 22 de enero las manifestaciones registraron cinco muertos por primera vez desde su inicio. Tal vez, ese fue el 28 de abril de Ucrania.

El 28 de enero, el parlamento ucraniano acordó derogar las polémicas leyes que limitaban los derechos de manifestación y reunión, tal como pasó en «Cocalombia» con la reforma tributaria y la ley 010. Pero, al igual que en el país de América, en Ucrania las manifestaciones siguieron… y la brutalidad estatal también.

El 19 de febrero se contabilizaron 26 fallecidos y más de un centenar de heridos debido a los choques nocturnos entre policías y manifestantes en la plaza EuroMaydan.

Para el 20 de febrero, comenzaron a aparecer muertos por armas de fuego. Algunos medios calificaron el clima en Kiev de «preguerra civil». ¿Les suena?

Ese mismo día el ministro del Interior, Vitali Zajárchenko, autorizó a los miembros de la Policía para que estos portaran armas de combate y calificó la misión de desalojar la plaza como «operación antiterrorista». Igualitico a Duque y Molano justificando los atropellos policiales diciendo que las protestas en «Polombia» son «terrorismo de baja intensidad».

Por la tarde del 20, el número de muertos oscilaba entre 67 y 100. «Mientras la oposición afirmó en sus declaraciones que la Policía dispara a matar, el Gobierno declaró que sus fuerzas actúan «en legítima defensa» debido a la violencia opositora», se lee en las noticias de ese entonces y se lee hoy en las de Colombia.

 

Acuerdo de Ucrania con la oposición

 

Luego de la masacre y la mediación de ministros europeos, la Presidencia de Ucrania anunció un acuerdo con la oposición.

El acuerdo incluiría la formación de un gobierno de coalición, elecciones anticipadas y una reforma constitucional; pero sobre todo y más importante, el fin de la violencia estatal.

No obstante, Yanukóvich no ratificó los acuerdos alcanzados, por lo que el 22 de febrero, la oposición tomó los principales órganos del poder de Kiev.

El presidente no estaba en la capital al momento de la embestida opositora, ya que Yanukóvich «casualmente» había viajado a un congreso de diputados y gobernadores en el Este de Ucrania y «coincidencialmente» en Crimea.

Sin embargo, Yanukóvich nunca llegó a tal congreso y solo apareció una semana después en Rostov del Don, Rusia.

Por ello, el Parlamento ucraniano destituyó al presidente por abandono de sus funciones con el voto positivo de 328 de los 450 diputados.

De lo sucedido en Ucrania, ya la historia se ha encargado de documentarlo especialmente en el cortometraje Invierno en llamas disponible en Netflix. Pero lo que sucede en Colombia, apenas está fresco en el pergamino que guardará estos hechos para la posteridad.

Habrá que ver qué nos depara este ejemplo europeo que muchos analistas de derecha (y militantes neonazis que dan cátedra a militares colombianos) se empeñan en ocultar porque no les sirve a los fines de su tesis de que la revolución en Colombia es «orquestada por La’Far, Cuba, Venezuela y Petro».

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Álvarez Cristian
Periodista de la Universidad de Antioquia. ¿Quis custodiet ipsos custodes?