La verdad detrás del “respiro” que se le está dando al planeta en tiempos de confinamiento

Hasta que no levantemos nuestras voces, no nos apropiemos de la iniciativa para generar un cambio y empecemos a tomar medidas de carácter global, el planeta seguirá agonizando.

Opina - Ambiente

2020-06-18

La verdad detrás del “respiro” que se le está dando al planeta en tiempos de confinamiento

Columnista:

Zharick Habeych

 

“Ninguna guerra, ninguna recesión, ninguna otra pandemia, ha tenido un impacto tan dramático en las emisiones de CO2 durante el último siglo como el que ha logrado el covid-19 en pocos meses”, escribió recientemente Matt McGrath, corresponsal de medio ambiente de la BBC. Y es que se ha producido una disminución en las emisiones de CO2 de por lo menos un 25 % en los últimos dos meses, hemos dejado de aportar aproximadamente en un 6 % a la contaminación mundial con el solo hecho de suspender vuelos y disminuir el tránsito vehicular, además un 3 % de especies que estaban al borde de la extinción se están recuperando; estas son solo algunas cifras que demuestran cómo la pandemia del coronavirus le ha regalado un respiro temporal al planeta. Asimismo, la manera en la que hemos contribuido inconscientemente en el descenso de cambios ambientales fuertes —los cuales antes eran el centro de atención para una parte considerable de nosotros—, expone el hecho de lo indispensable que resulta tomar esta situación para generar una mayor conciencia social frente al cuidado del planeta y el uso racional de los recursos naturales.  

Es inconcebible cómo los esfuerzos por disminuir la contaminación causante del cambio climático y otros problemas ambientales, son producto de una pandemia y no de medidas de carácter global, tuvo que ser necesaria la reducción drástica de las actividades industriales que suponen graves consecuencias sociales y económicas, para que la sórdida huella de carbono decayera; de la misma manera, estudiando los factores que han bonificado al sector ambiental, encontramos antecedentes tales como el hecho de que se encuentran menos aviones en el cielo, menos automóviles en las calles y una reducción notable del consumo de energía, los cuales han detectado la disminución de gases contaminantes en la atmósfera; incluso la Tierra está vibrando menos, las aguas se ven más cristalinas y hasta podemos encontrar animales que antes estaban escondidos deambulando por las calles; no obstante, si examinamos todos estos hechos positivos que le han regalado ese respiro al planeta, los cuales el día de hoy brindan esperanzas y sacan a flote sensaciones de alivio, nos estrellamos con una triste y cruda realidad: no estamos encaminados hacia un planeta más verde, debido a que todos estos emocionantes sucesos y cambios son solo temporales. 

Sí, es muy cierto que en la actualidad el planeta está respirando más limpiamente, pero en realidad ¿cuánto va a durar esto?, ¿qué va a pasar cuando salgamos del confinamiento?, ¿podemos esperar un impacto positivo en el medio ambiente a largo plazo?; para darle respuesta a estos interrogantes tenemos que tener claro que no podemos solucionar el cambio climático o los daños ambientales que hemos provocado con un virus, esto quiere decir que, las consecuencias de esta pandemia que beneficiaron o benefician en algún momento al planeta se van a acabar con esta. En algún momento, cuando el confinamiento acabe y volvamos a entrar en contacto con la normalidad, se reactiven las fábricas, volvamos a utilizar los medios de transporte y desesperadamente tratemos de reanimar nuestra economía, los números empezarán a subir de nuevo y nadie se va a acordar de que por un pequeño periodo de tiempo, en el que la Tierra estaba libre de humanos egoístas, estábamos mejorando, aunque esto no fuera intencionalmente.

Asimismo, aunque los efectos del coronavirus son para muchos más evidentes en este momento que las problemáticas ambientales, por causa de la pandemia no se debe descuidar el medio ambiente, es necesario y prescindible que elaboremos un plan que nos ayude a preservar las consecuencias positivas y que estas se prolonguen para que exista un cambio significativo que aporte efectivamente a la construcción de un camino hacia un planeta más verde; desafortunadamente, este ideal cuelga de manera inestable de los hilos de la conciencia y el compromiso humano; de la misma manera, es crucial asimilar que nos encontramos en las circunstancias perfectas para construir proyectos de recuperación que propongan actividades económicas útiles para reducir la emisión de gases contaminantes, invirtiendo en la transición energética y generando empleos para el futuro, de esta forma le sacaríamos provecho a la situación y los beneficios serían a largo plazo; ahora solo queda cruzar los dedos esperando que no lleguemos hasta las últimas consecuencias para revivir nuestra problemática economía pasando por encima de todo y, de todos, como es de esperar de nuestra raza. 

Para terminar, solo queda decir que hasta que no levantemos nuestras voces, no nos apropiemos de la iniciativa para generar un cambio y empecemos a tomar medidas de carácter global, el planeta seguirá agonizando, ya sea por catástrofes médicas, sociales, económicas y/o ambientales que destrozarán en menos tiempo del que pensamos nuestro hogar; no hay tiempo para esperar que alguien más nos quite la venda, ni para fingir que no es nuestro problema, porque las consecuencias ya están aquí y no habrá medidas suficientes para contenerlas cuando se desarrollen por completo; por esto, el hecho de que el planeta esté tomando un pequeño respiro mientras nos encontramos en confinamiento, no se debe asumir como la cara amable del coronavirus que nos haga bajar la guardia y distraernos de la existencia de problemas gigantescos que representan amenazas considerables, no solo para nuestra especie, sino para toda la vida sobre la faz de la tierra. “Cuando la crisis ambiental llegue a ser más severa, no la vas a solucionar de la noche a la mañana con una maravillosa vacuna, ni tampoco te dará la oportunidad de quedarte en casa unos meses y luego volver a la normalidad”, Robert Kaufmann, director del Programa de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Boston y especialista en el mercado del petróleo.

 

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Zharick Habeych