La revolución de la cacerola

Recordemos que en octubre del año pasado los estudiantes universitarios, luego de obtener respaldo de otros muchos sectores sociales, lograron sentar al Gobierno en una mesa de negociación, a tan solo dos meses de iniciado el mismo. La esperanza sigue vigente.

Opina - Política

2019-12-19

La revolución de la cacerola

Columnista: Daniel Fernando Rincón

 

Desde hace algunos años se ha oído mencionar la “Revolución de la Cuchara”, que algunas y algunos han llevado hacia el tema de la soberanía y la seguridad alimentaria, alejando el término de su significado vegetariano original.

“¿Qué hay más popular que una cuchara, con la que se sirve todo y se come de todo, comparado con el “burguesito” tenedor?”. Les oí decir a algunos compañeros de clase que, precisamente, se dedicaban a estudiar el tema de la soberanía agroalimentaria como proceso de resistencia de los pueblos, y que ponían en práctica en algunos suburbios sureños bogotanos.

Hoy, tantos años después y ante las circunstancias de la protesta social de este final de año, Colombia vive una revolución, protagonizada no solo por la cuchara, sino por su compañera inseparable, la cacerola.

La primera acepción del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua para la palabra revolución es: “acción y efecto de revolver, revolverse”. Según el mismo diccionario, revolver significa “menear algo de un lugar a otro, moverlo alrededor o de arriba abajo”, algo que es muy interesante, dado que la segunda acepción afirma “envolver algo en otra cosa” y la tercera es “volver la cara al enemigo para embestirlo”.

Desde la convocatoria al Paro Nacional del 21 de noviembre, convocado días antes de las elecciones territoriales que el partido de Gobierno perdió, el Gobierno Nacional se ha “meneado de un lado a otro”, con, entre otras cosas, el debate de moción de censura al ministro de Defensa, Guillermo Botero, quien terminó por renunciar ante la evidencia de las investigaciones sobre la masacre de más de 8 menores de edad reclutados forzosamente en Caquetá, en un desmedido uso de la fuerza policial contra una organización criminal.

¿En serio se necesita un bombardeo digno de una guerra, contra un grupúsculo de delincuentes y de niños reclutados? ¿Por qué no se bombardeó la casa donde Pablo Escobar se refugiaba en 1993 si se supone que los del Caquetá también eran narcos? ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro caso?

Pero no ha sido solo el Gobierno Nacional quien se ha “meneado de arriba abajo”, sino también el propio partido de Gobierno que, ante los hechos de Chile, atemorizado y acobardado, salió primero a acusar al Foro de Sao Paulo. Luego, el mismo partido acusó al anarquismo internacional (sí, así de ignorantes son) de los posibles desmanes que tuvieran lugar el día del Paro, y por último, ante la multitudinaria manifestación, salió a señalar al senador Petro, al senador Bolívar y a los venezolanos migrantes enviados por Maduro, de las pérdidas “cuantiosas” realizadas por los vándalos durante los toque de queda en Cali y Bogotá.

Ahora bien, a pesar que este no es el primer paro que afronta este Gobierno, recordemos que en octubre del año pasado los estudiantes universitarios, luego de obtener respaldo de otros muchos sectores sociales, lograron sentar al Gobierno Nacional en una mesa de negociación, a tan solo dos meses de iniciado el mismo; este paro ha envuelto muchas más causas en la manifestación huelguista inicial.

A estas alturas, ya nadie recuerda que las tres centrales sindicales del país, lideradas por benévolos patriarcas, con la actitud de quién sabe qué, no tienen nada qué perder si trabajan o no, dado que su pensión está asegurada por su fuero sindical; el 4 de octubre convocaron a una única jornada de paro de 24 horas bajo el lema “contra las políticas de Duque y por la paz”, especialmente las reformas laboral y pensional, dado que las mismas cumplen “las órdenes de la OCDE”.

La embestida del pueblo llano, de la masa frustrada por el desempleo y el precario sistema de salud, contra la democracia clientelar y corporativa que tenemos desde hace más de medio siglo, no solo afectó al Gobierno Nacional obligándolo, ante el ensordecedor clamor de las cazuelas, a llamar a toda la ciudadanía a una gran conversación nacional” para tramitar esas diferencias, sino que también embistió con fuerza a los enternecedores patriarcas de las centrales sindicales, a quienes les tocó el 26 de noviembre salir con una “contra agendaque hasta el 21 de noviembre no tenían, ampliando el llamado Comité Nacional de Paro a otras expresiones y reivindicaciones.

El despertar del pueblo colombiano con cacerolas, luchando contra los toques de queda, con música, con alegría, con multitudinarias y coloridas marchas, en esencia es una revolución que se ha gestado desde los 6 millones de votos por el sí en el plebiscito por la paz de 2016.

La cifra también pasa por los 8 millones de votos en contra de Duque en junio de 2018 y los 12 millones de votos en la Consulta Anticorrupción de agosto de 2018, llegando a no votar ni por el candidato de Petro ni por el candidato de Uribe a la Alcaldía de Bogotá.

Porque en esencia, esta revolución de las cacerolas es la revolución de las ciudadanías libres; de aquellos hombres que le hicieron campaña a Miguel Uribe y hoy le piden a Duque que escuche al Comité Nacional de Paro; de aquellas mujeres que hicieron campaña por Morris y hoy hacen el baile de “El violador eres tú”.

Esta es la revolución de aquella generación que no tiene miedo a nada, porque no tiene nada qué perder, de aquella ciudadanía sobrante en el baile de las élites políticas y económicas, que ha decidido bailar sola en las calles, exigiendo que se cumpla la promesa de la Constitución de 1991:

Asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”.

 

 

Foto cortesía de: Humano Salvaje

 

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Daniel Fernando Rincón
Zootecnista Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá. Candidato a Magíster en Producción Animal. Girardoteño. Protestante desde tiempos inmemorables. Luterano. A veces escribe en portales de opinión.