La politiquería de los derechos

Hoy una persona habló con el que estaba cuidando al perrito, ya que su dueño se fue; esta persona lo entregó voluntariamente, porque no se puede quedar con él porque se mantiene muy ocupado, y fue llevado a la estación de policía [en el corregimiento de Arauca-Palestina, Caldas] y horas más tarde el perrito es visto por las calles.

Narra - Narrativo

2022-02-21

La politiquería de los derechos

Autor:

Juan Esteban Mazo González

 

Lo anterior fueron las palabras de un usuario de Facebook, residente del corregimiento, en donde denuncia el maltrato que sufrió Roco por parte de quien es encargado de velar por el cumplimiento de los derechos de los animales, al igual que de las personas. Además, la publicación va acompañada de una etiqueta al alcalde del municipio Sr. Mauricio Jaramillo Martínez, algo que por supuesto llamó muchísimo la atención de los internautas y, en especial, de las funcionarias y de los funcionarios de la alcaldía.

Han pasado veinte días desde la llegada de Roco (un perrito cruzado con pitbull, de color blanco con manchas café, no muy grande y delgado) al Barrio Colinas Altas debido a un posible abandono por parte de sus dueños, quienes residen en una finca ubicada en Anserma, Caldas. Ante ese escenario alguien tuvo la iniciativa de traerse a Roco para evitar el dolor que causaría el abandono, y su posible muerte. No obstante, el escenario pasó de ser gris para Roco a convertirse en oscuro.
Hace aproximadamente una semana Roco fue abandonado, esta vez sí, por quien lo hubiera rescatado días atrás. Desde entonces, no ha pasado un solo día en que no deba estar expuesto al calor desesperante de las tardes y el frío de las noches, amarrado por una soga que impide su movilidad o más bien su escape, en el segundo piso de una vivienda. También, poca comida, y agua que se calienta por las temperaturas del día, han sido su única fuente de supervivencia. Ladridos fuertes y en ocasiones quejidos de dolor y de cansancio llamaron la atención de las habitantes y los habitantes del barrio, entre quienes se encuentra mi madre, Martha González.

Hace menos de una semana, mi madre, de carácter fuerte y un amor desbordado por los animales, se sintió frustrada al observar el dolor de Roco y decidió preguntar por sus dueños; para ese entonces desconocía por completo la información que menciono en los párrafos anteriores. Ante su inquietud la persona que permitió la permanencia —más no asumió el cuidado— de Roco en su casa, contesto: «El que lo trajo lo dejó ahí. Se fue para Bogotá».

Las palabras anteriores, por supuesto, causaron un dolor inmenso en mi madre, tan inmenso como para iniciar un esfuerzo por estar al cuidado de Roco y de brindarle una solución a su problema, que no podía ser traerlo a nuestra casa, pues contamos con cinco perros más dos gatos. Lo cual impidió su adopción. Sin embargo, estar al tanto de sus comidas y de mantenerle un agua limpia y fresca, fueron, entre otras cosas, su forma de ayudarlo.

Posteriormente, acudió a las autoridades del corregimiento para exponerles el caso y así lograr que Roco fuese enviado al albergue Adopción Santo Tomás, a lo cual contestaron, en primer momento, con un «No se puede». Argumentaban que Roco tenía las «condiciones necesarias para vivir», es decir, un techo para no mojarse y, por tanto, no podía recibir ese beneficio, que es pagado con los impuestos de los palestinenses, y caldenses en general. Aun así, esto no fue impedimento para seguir insistiendo en la necesidad de buscar ayuda para Roco. Y lo logró, o al menos eso le dijeron.

El día en que redacto esta columna, en horas de la mañana, veo a Roco, nuevamente, por las calles del barrio, lo cual me es extraño, pues mi madre en esas mismas horas de la mañana lo había dejado en la estación de Policía. Pues un gendarme de bajo rango le había dicho, el día anterior, que él la ayudaría a gestionar los permisos para que fuera aceptado en el albergue. Sin embargo, esto fue contrariado por su comandante. Este argumentó lo expresado por el usuario en el primer párrafo.

Finalmente, minutos después a la publicación los comentarios no se hicieron esperar, mucho menos el rechazo de los internautas. Así, un par de llamadas telefónicas realizadas al usuario con razón de persuadir su indignación por parte de algunos trabajadores de la alcaldía, entre ellos Sergio Zuleta, reconocido, por una parte, de la comunidad como «animalista», no se hicieron esperar. Frases como: «Por favor, baje la publicación porque hay mucha polémica. Además, estamos en campaña política y eso nos puede perjudicar», «Por qué no me llamó a mí, yo le hubiera ayudado con eso», dan una muestra de cómo funcionan las prioridades de las autoridades municipales, más importante todavía, demuestran lo importante que son los votos y de cómo están dispuestos a conseguirlos.

La prioridad no fue atender el abandono de Roco, la prioridad fue atender la indignación de los internautas y el cuidado de su imagen en tiempos de campañas políticas.


Nota:


Esta columna fue escrita el viernes, 21 de enero de 2022. Hace algunos días mi madre recibió, por parte de la alcaldía municipal, el tan negado permiso para que Roco pudiera ser recibido en el albergue. Así, con lastima debo decir que, el cumplimiento de los derechos fundamentales, tanto de los animales como de las personas, está en manos de la politiquería y no de las autoridades competentes.

 

Fotografía: cortesía de revistapetlovers. 

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Juan Esteban Mazo González
Estudiante del programa de Sociología de la Universidad de Caldas.