La pasión que pudo unir el paro

El pasado 13 de junio, el paro nacional logró hacer lo que no lograron los programas pedagógicos, las carnetizaciones ni la limitación de asistentes a los partidos y que marcó un precedente en el país: las barras dejaron atrás ese apellido de «bravas» para ser simplemente barras futboleras.

Opina - Deporte

2021-07-08

La pasión que pudo unir el paro

 

Columnista:

Gyhid Jeswen Rojas Cardozo

 

En gran parte del mundo hay un deporte capaz de desatar múltiples pasiones, para algunos es el hockey, para otros el baseball, para el caso latinoamericano es en su mayoría el fútbol y Colombia no se queda atrás; en el país, hay un sinfín de hinchas que demuestran su pasión de diversas maneras y que defienden su equipo incluso con su propia vida, este fenómeno, que no inició en este país, desencadenó un problema de seguridad social que muchos han tratado de comprender y superar.

Los hinchas de un determinado equipo de fútbol sienten la competencia de su grupo como propia y esto ha dado como surgimiento rivalidades que se entremezclan con divisiones territoriales, sociales, políticas e históricas que resultan en enfrentamientos violentos, a este fenómeno se le ha denominado «barras bravas» y hasta la fecha se pueden encontrar miles de libros, documentales, investigaciones y campañas que le han mostrado a la sociedad en general que para muchos el fútbol dejó de ser un simple entretenimiento para ser su visión de mundo.

El término barra brava, que surge en Argentina en la primera parte de 1920 y hace referencia a la intimidación de una hinchada hacia el equipo rival dentro y fuera del estadio, se ha consolidado a lo largo del continente, pero aparece en nuestro país a finales de la década de los 80 e inicios de los 90 junto con la oleada de violencia, que de por sí ya se vivía en el territorio colombiano, principalmente en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.

La violencia que se deriva de las barras bravas en Colombia ha sido un tema de preocupación constante, según una investigación realizada por El País de Cali, en el año 2020, «El equipo con mayor número de seguidores asesinados entre 2008 y lo que va del 2020, (el América de Cali) con 37 casos. Le siguen Nacional (32), Deportivo Cali (22), Millonarios (15) y Medellín (8)». Lo cual ha dejado 149 personas muertas a causa del desenfreno de la pasión futbolera.

Diferentes administraciones han intentado abordar esta temática creando programas pedagógicos; no obstante, el proyecto más reconocido sobre esta temática fue el realizado por el fallecido monseñor Alirio López en el año 2001 llamado «Goles en paz», el cual tuvo una gran fuerza hasta 2008 y que educaba a los hinchas desde su niñez a la sana convivencia con el otro, pero, por problemas de administración local no prosperó y la violencia de barras bravas volvió a ser un tema recurrente en los partidos, que solo se vio frenado de forma momentánea por la crisis sanitaria por COVID-19, no solo por una tregua implícita debido a la ocupación de UCI, sino porque la realización de partidos tuvo que detenerse.

Sin embargo, el pasado 13 de junio, el paro nacional, que a la fecha llevaba mes y medio, logró hacer lo que no lograron los programas pedagógicos, las carnetizaciones ni la limitación de asistentes a los partidos y que marcó un precedente en el país: las barras dejaron atrás ese apellido de «bravas» para ser simplemente barras futboleras, grupos de hinchas con sentires, preocupaciones y necesidades similares.

Todos los hinchas de diferentes equipos se encontraron en las diferentes calles y avenidas, no para ver a sus equipos, sino para apoyar a los ciudadanos colombianos. En diferentes ciudades se realizaron movilizaciones y en Bogotá se encontraron frente a la sede de la Dimayor y de allí partieron al antiguo Portal Américas, hoy Portal de la Resistencia, donde familias enteras de diversos equipos compartieron alimentos, música y baile en paz y en un mismo espacio haciendo ver su indignación porque aquellos, por quienes las barras daban la vida miraban a otro lado mientras los mataban, manchaban el balón (lo más sagrado para ellos) con sangre.

Esto dejó ver que realmente sí se puede llevar una fiesta de fútbol en paz y que al final del día, sin importar el equipo, color, ubicación, género o estrato todos tenemos la misma camiseta: somos seres humanos con las mismas ganas de salir adelante, con las mismas personas que nos esperan en casa, toda Colombia está siendo testigo de cómo es más lo que nos une, que lo que nos separa y cómo solo podremos salir de esto al estar unidos y no al enfrentarnos.

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Gyhid Jeswen Rojas Cardozo
Docente de Ciencias Sociales. Universidad Distrital Francisco José de Caldas