La otra derecha, ¡perdón!, la otra izquierda

Opina - Política

2016-05-23

La otra derecha, ¡perdón!, la otra izquierda

Ahora resulta que en un país donde difícilmente se puede ser efectivo en un intento de ubicación geoespacial, con las palabras derecha e izquierda, son las palabras preferidas para señalar todo lo desconocido, lo extraño, lo sospechoso, lo opuesto, lo que no nos gusta.

¿Ha escuchado Usted esta belleza de nuestra idiosincrasia?: ‘la otra derecha’, o, ‘la otra izquierda’. ¿O no ha estado a punto de quedar como caricatura contra la ventana del taxi, cuando el conductor debe corregir salvajemente el rumbo debido a que alguno de los dos -o los dos- no sabe cuál es la izquierda o la derecha?

Mientras se lucha tanto en contra del llamado ‘matoneo’ o ‘bullyng’, cualquiera, sin sonrojarse, sea un ‘buen muchacho’ o un ‘cafre’, utiliza esa dos palabritas para estigmatizar al otro. También, las hay más agresivas y con connotaciones históricas, de modo tiempo y lugar como: paraco, mamerto, fascista, comunista, Uribista, Santista, etc.

Nada más ridículo, porque si la mayoría no sabe en qué mano quedan, mucho menos lo que representan ideológicamente cuando son asociadas a partidos políticos. Absurdo además en un país donde no hay partidos políticos, si no hordas de rémoras hambrientas de torta burocrática y contratos. Es decir, si no hay partidos, difícilmente puede haber ideología, y la mano que escoja puede representar, de todo, menos lo que se cree o se espera.

Entonces se ha caído en el lugar común de los estereotipos, y aunque puede que mi vida sea poco interesante, según el contexto vivido, he sido burgués aventajado, facho recalcitrante, comunista hijo de puta, eso sí, me he salvado del mamerto y guerrillero hijo de mala madre, pero por poco. He sido rico, muy rico, y he sido pobre, arrancado. Porque tener un poco más de educación puede ser sospechoso, porque no hablar de vientre pa’ dentro y sírvame otro guaro hijueputa te vuelve casi patrullero infiltrado de la policía en algunas grupos o comunidades; y nada tan sospechoso, mamerto e izquierdoso, como estudiar en la Universidad Pública y te dejes la barba, así manejes bien los cubiertos, trabajes en una multinacional, y no salgas pa’ fuera.

No te escapas ni con los colegas, porque el empírico o el que estudia de noche es hecho a pulso, como el vendedor de mangos, cáscara a cáscara. Vos, el estudiado, naciste siendo árbol; pregunto, ¿cuántos árboles fueron un rastrojo desechado antes de enraizarse?

Imagen cortesía de elmundo.es

Imagen cortesía de elmundo.es

No se trata de un discernimiento social, no, porque cada uno ve el mundo desde sus cóncavos o convexos lentes, cada uno administra su miopía o su astigmatismo con los elementos culturales y educativos que tiene. Otros teniendo todos esos elementos, lo alimentan desde sus experiencias. Es por eso que los barbudos de hace 40 años, rebeldes, drogos, espíritus libres como pocos, perseguidos estudiantes de los 70’s, que hoy están en los sesenta y pico, son los que más en los extremos están. Algunos arrepentidos, otros firmes en sus convicciones. Totalmente respetable, así sean totalmente incoherentes.

Los estereotipos son generalmente tan distantes a la verdad, tan desconocedores de la realidad del individuo, que terminan siendo absurdamente risibles o salvajemente crueles; estúpidamente repetidos, como si de animales de circo se tratase, no del ser más evolucionado y dizque pensante.

Es por esto que asombra cómo tan fácilmente, unos y otros, le deseen la muerte más trágica a su contradictor, no importa si cae por estribor o babor, aterrizando y quedando tendido sobre su diestra o siniestra.

Antes de calificar la lateralidad de las posiciones filosóficas y políticas de alguien, yo sí recomendaría que por lo menos las entienda, y si es un docto en la materia, recuerde que en el Universo hay un concepto que nos libra del caos, se llama equilibrio. Pero si insiste en su odio, seguramente inyectado de manera epidural, le recomiendo muy bien que piense bien antes de hacer este ejercicio: quítese la mano que más detesta.

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Juan Camilo Duque Cruz
Tulueño, Comunicador Social. Padre de María José y Valentina. Experiencia en RRHH y Ventas Corporativas.