La otra cara de las misiones médicas cubanas

Las altruistas expediciones médicas realizadas por el gobierno de Cuba no han estado exentas de polémicas que tocan lo económico, lo político y, desde luego, lo humano.

Opina - Región

2020-07-29

La otra cara de las misiones médicas cubanas

Columnista:

Álvarez Cristian

 

Mucho se ha dicho en estos días de la ya reversada solicitud del alcalde de Medellín Daniel Quintero a gobiernos foráneos para el envío de personal médico especialista en el manejo de UCIS, esto debido a la aparente escasez de estos profesionales en Colombia.

A lo que a muchos no les gustó fue la inclusión del gobierno de Cuba entre los países a los que se les hizo el llamado.

Desde las asociaciones médicas, pasando por el ministro de Salud (que primero decía que no había personal especialista en UCI pero que ya sí) e incluso los “eruditos” del Centro Democrático se refirieron al hecho.

Pero más allá de los cálculos políticos y politiqueros —y el quid del asunto que reside en que tenemos un personal médico sobreexplotado y muy mal pagado—, los “líderes de opinión” de Polombia olvidan algo: la realidad de los médicos cubanos que vendrían.

 

Un poco de historia

De acuerdo al documento de Human Rights Watch HRW, “Cuba: Repressive Rules for Doctors Working Abroad”, las misiones médicas cubanas se remontan a Argelia en 1963.  En estos 57 años, el gobierno de Cuba ha enviado a 164 países cerca de 400 mil trabajadores de la salud. Desde marzo de este año, Cuba ha enviado aproximadamente 1500 profesionales para ayudar a combatir la COVID-19.

Estos se han unido a cerca de otros 30 mil trabajadores de la salud isleños que ya estaban desplegados en otras misiones médicas que desde el 2005 llevan el nombre de «Brigadas Henry Reeves».

Sin embargo, y ver las cosas desde otro punto de vista, estas altruistas expediciones no han estado exentas de polémicas que tocan lo económico, lo político y lo humano.

Un llamado ni tan voluntario

Human Rights Watch señala que, en noviembre de 2019, algunos relatores especiales de la ONU solicitaron información al gobierno de Cuba sobre las condiciones laborales de las misiones médicas de su país. Los relatores querían contrastar lo expresado por varios ex miembros de las misiones médicas que señalaron que sus condiciones laborales «podrían equivaler a trabajo forzado».

Los entrevistados comentaron que “muchos médicos se sienten presionados a participar en las misiones y temen represalias si no lo hacen, y que los médicos tienen ‘horas de trabajo excesivas’, acceso limitado a vacaciones y salarios, y enfrentan amenazas oficiales, así como restricciones a los derechos a privacidad y libertad de expresión”.

Como era de esperarse, el gobierno cubano negó dichas acusaciones y se limitó a señalar que los relatores habían sido «utilizados para fomentar campañas espurias … por el gobierno de los Estados Unidos».

No obstante, la ONG de derechos civiles con base en Madrid Cuban Prisoners Defenders CPD adjuntó 46 declaraciones de profesionales de la salud cubanos desplegados; además de información extraída de declaraciones de otros 64 médicos en misiones entre 2001 y 2018.

De los relatos ofrecidos por CPD, y recogidos por la BBC, se pudo establecer que El 89 % de los declarantes dijo que no tenía conocimiento previo de su destino dentro de un país en particular; el 41 % dijo que un funcionario cubano le retiró el pasaporte a su llegada al país anfitrión; el 57 % dijo que no se presentó como voluntario a una misión, sino que se sintió obligado a hacerlo; mientras que el 39 % dijo que se sentía fuertemente presionado para servir en el extranjero.

Los testimonios confirmaron lo dicho por los médicos a los relatores e incluso agregaron como motivación a sus viajes la esperanza de obtener acceso a alimentos, como carne, que no pueden comprar con sus salarios en Cuba.

 

Amarrados desde el principio

Human Rights Watch denuncia que “desde su primera misión médica, Cuba ha elaborado normas represivas que regulan la vida de las personas desplegadas en el extranjero. Las reglas restringen severamente la libertad de expresión, asociación, movimiento y privacidad de los trabajadores de la salud”.

Las normas que denuncia HRW están contenidas en el Reglamento Disciplinario Para Los Trabajadores Civiles Cubanos Que Prestan Servicios En El Exterior Como Colaboradores, emitido en 2010.

Por ejemplo, el literal N del capítulo II ordena “informar al jefe inmediato superior de sus relaciones amorosas con nacionales o extranjeros, residentes o no en el país donde presta colaboración, y en su caso, con antelación suficiente a su concertación, sobre la intención de contraer matrimonio en el país donde prestan los servicios”.

Si bien para muchos estas condiciones pueden sonar normales, hay que observarlas bajo el asfixiante contexto cubano que da a las misiones una especie de ambiente orwelliano en el que no se sabe quién es un fanático revolucionario dispuesto a delatar la mínima infracción.

Pero las cosas se ponen un poco más duras. Por ejemplo, en el Capítulo IV, en su artículo 5, literal J se lee que a los médicos cubanos les queda prohibido hablar con medios de comunicación, sin que hayan recibido instrucciones y autorizaciones previas al respecto.

El capítulo 8, en los literales H, I y J prohíbe sostener relaciones con connacionales o extranjeros, residentes en el país donde se encuentre la misión “cuya conducta no esté acorde con los principios y valores de la sociedad cubana, o que asuman posiciones hostiles o contrarias a la Revolución cubana, o que hayan abandonado el cumplimiento de la misión o se aprovechasen de la misma para abandonar el territorio cubano de manera definitiva”.

Las sanciones por violar dichas abarcan desde la retención de salarios hasta devolver al infractor a Cuba, donde dependiendo la severidad del acto podría enfrentar cargos penales y encarcelamiento por hasta ocho años.

 

Reducir sueldos para financiar la revolución

Aunque al principio las misiones médicas cubanas eran ofrecidas y desplegadas sin cobrar un solo dólar —gracias a las subvenciones que el gobierno soviético le daba a la isla— todo cambió con el desmoronamiento de este bloque político en 1989. Si bien muchas veces Cuba ha enviado sus médicos de forma gratuita a atender desastre y crisis humanitarias, en otros casos la isla de los Castro sí cobra por sus asistencias médicas.

Pero de este pago que debería llegar íntegro (o por lo menos en buena medida al personal desplegado en las misiones humanitarias), los profesionales cubanos solo reciben entre el 10 % y el 20 % de sus estipendios pagados por el país anfitrión.

En marzo de este año, la CNN publicó un artículo en el que indicaba que “Los trabajadores desplegados generalmente reciben cerca del 20% de los salarios que los anfitriones dan por su asistencia; un salario reducido pero mayor a lo que los médicos ganan en su país, donde el salario máximo es cercano a 60 dólares mensuales”.

El informe de la organización CDP también señaló sobre este tema que más de la mitad de los 46 médicos que fueron entrevistados confesaron verse obligados a inventarse pacientes, consultas y patologías inexistentes.  “Al exagerar la eficacia de las misiones, las autoridades cubanas pueden, según el informe, pedir más dinero al país de acogida o justificar la ampliación de la misión”, recalcó la BBC.

La Cadena Ser reveló que solo en 2018 las expediciones médicas generaron al gobierno cubano ingresos por 6.400 millones de dólares. Según el gobierno cubano mantiene este sistema ya que con lo captado a los médicos en el exterior se financia el sistema de salud universal y gratuito en Cuba, el cual sin estas ayudas languidecería por los bloqueos económicos que sufre la isla.

Por eso, aunque Cuba lo niegue, más allá de un gesto altruista, también hay una incontrovertible búsqueda de recursos económicos a costa de sus médicos.

 

¿Injerencia política?

Uno de los “argumentos” más usado por los detractores de la propuesta de Quintero era la posible influencia de agentes de inteligencia cubanos que —camuflados como médicos— vendrían a robar los secretos mejor guardados de Polombia (como por ejemplo la fórmula ‘desentiezadora’ de pan de queso de don Emel Rodríguez).

Si bien no hay evidencia sólida de agentes cubanos con órdenes de realizar tareas de desestabilización en el país autodenominado “muro de contención del comunismo en América”, la BBC en su reportaje “El mundo oculto de los médicos cubanos que son enviados a trabajar al extranjero” denuncia que sí hay militares entre los médicos cubanos.

De los testimonios de los profesionales de la salud cubanos recogidos por CPD, El 91 % de los encuestados dijo que había sido vigilado por agentes de seguridad cubanos en su misión, y el mismo porcentaje aseguró que se les pidió que transmitieran información sobre sus colegas a los agentes de seguridad.

Es este personal quien se encarga de vigilar el buen comportamiento de los médicos con base en las normas que ya explicamos más arriba, y de pasar los respectivos informes sobre el desempeño disciplinario del personal desplegado.

Uno de los testimonios recogidos por la BBC indica que “… toda la información que teníamos se le pasaba a la coordinadora de la misión, una mujer cubana que controlaba todas nuestras relaciones personales y con quién se nos permitía encontrarnos».

Como conclusión podemos decir que, si alguna vez el gobierno colombiano opta por traer una misión médica cubana, debería exigirle a la isla que estos profesionales de la salud tengan garantías económicas, laborales, jurídicas y sobre todo humanitarias en nuestro territorio para realizar el trabajo por el que han sido catalogados como héroes en otras partes del mundo y en su propio país. Eso sí, que primero le paguen los salarios que le adeudan a los médicos que están al frente de la pandemia desde que inició.

 

Ilustración: cortesía de D. Thompson

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Álvarez Cristian
Periodista de la Universidad de Antioquia. ¿Quis custodiet ipsos custodes?