“La niña de los rosarios” que se convirtió en empresaria

Decidió irse para Bogotá cinco meses después del desplazamiento. Se fue sola en un bus. Recuerda que viajó con 35.000 mil pesos y que, preguntando, logró llegar al barrio Galán que, para sorpresa suya, era muy grande.

Narra - Sociedad

2019-08-01

“La niña de los rosarios” que se convirtió en empresaria

Autora: Natalia Rodríguez Giraldo

 

Tomás fue el único muñeco que Katherin Rojas Rodríguez pudo empacar la noche del año 2005 en la que tuvo que salir huyendo de su casa en compañía de sus padres y su hermana.

Ella y sus seres queridos se convirtieron en víctimas de la violencia, esa que ha silenciado miles de vidas y que ha dejado tantas secuelas en Colombia, un país testigo de múltiples atentados, secuestros, asesinatos, desapariciones y desplazamientos forzados.

“Empezaron a llegar panfletos, a matar mucha gente, entre ellos, familiares. Entonces un día a la media noche nos tocó empacar a cada uno, en una bolsa plástica pegada con unas tiras, las cositas que medio pudimos y salimos por el potrero a escondidas. Dejando todo, la casa, los sueños, los amigos, la familia”, expresó.

Katherin, quien en ese entonces era una niña de 8 años, empacó en su bolsa, junto a su muñeco, dos blusas y dos pares de zapatos. El resto de sus cosas quedaron en su casa, ubicada en una vereda del corregimiento Guacacallo, el cual está localizado en el departamento del Huila, lugar en donde había presencia del entonces grupo subversivo Farc.

Ella y su familia perdieron lo que habían conseguido con tanto esfuerzo: la casa, las huertas, los caballos, sus objetos personales, en fin. Huir y dejarlo todo fue el precio que les tocó pagar para poder salvaguardar sus vidas.

“Salimos corriendo para el pueblito que queda ahí cerca, Pitalito. Dormimos en un parque. Luego encontramos a una amiga y pudimos rentar una piecita. Mi hermana se fue un tiempo a vivir con una abuela lejana y, justo un mes después, mi papá nos dejó, se fue con otra mujer que tenía casa”, afirmó.

Katherin elaboraba rosarios y los vendía en la plaza del pueblo. De esta manera, logró adquirir el dinero para su subsistencia y la de su madre, quien se vio muy afectada por la situación del desplazamiento forzado, la muerte de muchos seres queridos y el abandono de su esposo.  

A los 9 años le dije a mi mamá, pues si usted no va a salir de ahí, yo me voy para Bogotá, porque en este pueblo no hay nada para hacer y yo quiero estudiar. Tenía una tía que vivía allá y nos enviaba cartas, en ellas, decía: barrio Galán”, señaló Katherin, a quien denominaron “la niña de los rosarios”.

Decidió irse para Bogotá cinco meses después del desplazamiento. Se fue sola en un bus. Recuerda que viajó con 35.000 mil pesos y que, preguntando, logró llegar al barrio Galán que, para sorpresa suya, era muy grande. Averiguó por su tía en muchos lugares, entre ellos, un salón de belleza, pero al parecer no la conocían.

Las horas fueron pasando. Llegó la noche y la pequeña no sabía nada de su tía, así que se sentó en una banca del parque a pensar. De un momento a otro, se le acercó una señora que había visto en el salón de belleza.

—¿Usted va a dormir ahí en esa silla? Venga y duerma en la casa, que yo mañana le ayudo a buscar a su tía, — le dijo.

Cuatro días después encontró a su familiar, pero no estaba muy bien económicamente. Era madre cabeza de familia y vivía en una habitación muy pequeña con su hijo. Así que Katherin se quedó con la señora, a quien le hacía de comer y le ayudaba con los oficios. Ella a cambio le dio posada y la puso a estudiar en un colegio.

Seis meses después, llegó a la capital Sandra Rodríguez, su madre, quien empezó a trabajar para la señora. Tras pasar dos años y medio se fueron a vivir solas. Fue ahí entonces cuando su hermanita viajó a Bogotá y se reencontraron.

Katherin empezó a laborar en un salón de belleza. Adicional a esto, seguía estudiando en el colegio y recibía clases de matemática pura, gracias a una beca que se ganó. En 2011 logró terminar su bachillerato.

También trabajó en la calle vendiendo leggins de maternidad. Se dio cuenta de que pocas personas producían este tipo de prendas y que había muchas clientas. Fue ahí entonces cuando se le ocurrió la idea de estudiar una tecnología en diseño de modas en el SENA. Además, logró ganarse una beca, esta vez para cursar un programa en la Universidad Pedagógica Nacional.

Quiso emprender y crear sus propios leggins. Así fue como surgió Mommy Glam, una marca con componentes diferenciales.

“Mommy nació hace cinco años. Me presenté a un fondo del Gobierno y nos lo ganamos por la idea diferente, porque las prendas tienen nanotextiles de aloe vera y algas marinas que evitan las estrías y las infecciones. Más de la mitad de las personas que trabajan en la empresa pertenecen a la población víctima del conflicto armado. Tienen alguna condición de vulnerabilidad”, puntualizó.

Katherin es socia de las marcas Incolnova y Siluet, las cuales también trabajan con personas víctimas del conflicto, del desplazamiento forzado e incluso excombatientes de las Farc.

— ¿Cómo ha sido trabajar con exguerrilleros?

— Ha sido increíble. El primer día dije: caramba en qué me metí, porque es tener a la cara buena y a la cara mala del conflicto. Entonces reuní a todas las personas y les hablé del acto de perdón que íbamos a hacer.

Katherin resalta la labor que ha despeñado Élmer, un excombatiente de las Farc, quien lleva siete meses trabajando con ella. Confiesa que nunca en la vida había tenido un mejor colaborador que él y reconoce que ama lo que hace.

A sus 23 años le está aportando a la transformación social de este país. Genera empleo y transmite un mensaje de perdón y de esperanza. Además, cada ocho días comparte su historia de vida y sus conocimientos con mujeres víctimas del conflicto, a quienes capacita para que salgan adelante y emprendan.

Katherin acaba de participar en la edición especial número treinta de Colombiamoda, la feria textil y de confección más importante de Latinoamérica, gracias a un proyecto denominado Diseñando Futuro, el cual busca fortalecer empresas de víctimas del conflicto armado.

“Me volví una convencida de que podía lograr las cosas que me propusiera en la vida. Le trabajo todos los días a mis sueños, como un castillo al que todos los días le pones un ladrillito. Cuando al final te das cuenta, construiste algo grande. A veces me digo wow, Dios ha sido tan bueno conmigo. Al principio yo decía por qué me pasa esto y entendí que no es por qué, sino para qué. Si no hubiese vivido esa vaina tan dura, no sería la persona que soy hoy y no tendría la visión de querer ayudar a otros que están pasándola mal”, concluyó.

Todavía vive en Bogotá, la ciudad que le dio otra oportunidad y que ha sido testigo de su progreso. Cuando ve a una mamá con su ropa, siente una satisfacción que no puede explicar.

Las prendas de Mommy Glam se comercializan en Colombia y en varios países de Europa, entre ellos, Suiza y España. Su creadora, quien es jurado de Fondo Emprender y líder de un grupo de víctimas de la Alta Consejería, sabe que aún le queda un gran camino por recorrer, pero tiene la esperanza de que logrará muchas cosas más, de las que hasta ahora, ha alcanzado.

 

 

( 1 ) Comentario

  1. Impactante y profundamente inspirador. Una resilencia de marca mayor.

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Natalia Rodríguez Giraldo
Periodista de la Universidad de Antioquia con interés en el arte, la cultura y el desarrollo social.