La miniserie ‘Gambito de dama’ y el mercado de las drogas en Colombia

La lucha de la protagonista no solo es con sus rivales, sino contra su propia adicción a estas pastillas y con otro tipo de drogas para tranquilizar su vida y de paso mover bien las fichas.

Narra - Cultura

2020-12-03

La miniserie ‘Gambito de dama’ y el mercado de las drogas en Colombia

Columnista.

Deison Luis Dimas Hoyos

 

Una miniserie que está de moda por estos días disponible en la plataforma Netflix es Gambito de dama, en la cual una joven, de los años 60, muestra sus habilidades en el ajedrez, un deporte que para la fecha era dominado por los hombres. Sin embargo, la serie tiene un mensaje más allá de las jugadas y partidas. Resulta que a las niñas de un orfanato para tranquilizarlas les suministraban una droga (una pastillita verde), que con el paso del tiempo vuelve adicta a la joven que se convierte en una gran jugadora de ajedrez. En efecto, la lucha de la joven no solo es con sus rivales, sino contra su propia adicción a estas pastillas y con otro tipo de drogas para tranquilizar su vida y de paso mover bien las fichas.

No hay que saber ajedrez para ver y entender la serie. De hecho, en un principio fui renuente a verla, pues el ajedrez me trae a la memoria el cómico recuerdo cuando lo inscribí en la Universidad Nacional como una materia electiva. En ese tiempo quería aprender a jugar, también anhelaba subir el promedio y que me quedara sobre cuatro; sin embargo, en la primera clase el profesor me pasó un papel con una partida de ajedrez y un resaltado en negrita arial doce que decía: ¿Cómo matarías al Rey? Quedé en jaque, estaba en el lugar equivocado.

El profesor, me dijo en ese entonces:

      —Si no sabes jugar, léete para la próxima clase estos tres libros-

Cada uno de los libros tenía más de 300 páginas. Mi desanimo fue de inmediato; es más, cómo iba a leer unos libros tan gruesos si ni siquiera en ninguna materia de economía me había animado a leerlos por completo La riqueza de las naciones de Adam Smith o El capital de Marx. De una cancelé la materia.

Pero bueno, el nombre de la serie tiene un término que me causó admiración y de paso su indagación: Gambito. De mi infancia recuerdo que Gambito, era un mutante de los X-Men que tenía habilidades de crear, controlar y manipular mentalmente, energía cinética a su antojo. Lanzaba unas cartas y tenía un bastón con una fuerza sobrenatural.

Por otra parte, gracias a la Internet supe que en el juego del ajedrez Gambito es una jugada que consiste en sacrificar una pieza al principio de la partida; generalmente, un peón para lograr una posición favorable y en espera de obtener ventajas posteriores. Si hubiese leído esos tres libros que me recomendó el profesor no estuviera tan ignorante en la materia.

Tanto el mutante como la protagonista de la serie de Netflix, me indujeron a la comparación y a la siguiente reflexión:

El problema de la drogadicción y el mercado que se cierne sobre las drogas, tienen la capacidad de controlar y manipular a la sociedad a su antojo, y en ese entorno, sacrificar una pieza para lograr una posición favorable, esa pieza hoy en día es nuestra niñez y juventud.

Estamos en un punto de jaque-mate, la permisibilidad con las estructuras y agentes que hacen parte de este lucrativo negocio de proporciones mundiales ha logrado que el narcotráfico y el microtráfico se ubique en una zona de confort: incautan, sí, capturan, sí, extraditan, a veces, pero el negocio sigue firme.

Los que creen que el negocio se va acabar fumigando o arrancando la mata que mata, seguramente, están sentados en una mesa de parqués (ludo) y no de ajedrez, donde el resultado, aunque cuenta con escenarios de estrategia para aseguramiento y encarcelamiento, también tiene una buena dosis de suerte e incertidumbre (lanzamiento de dados).

De hecho, mientras los que dirigen la política antidrogas lanzan los dados por los fabricantes de glifosato, los capos y narcos juegan de forma más estratégica, se reinventan, les decomisan 30 kilos, pero envían 100; siguen teniendo altas rentabilidades para sustentar su base social y laboral, tienen peones políticos y económicos, campaneros en las torres, testaferros a caballo, alfiles alabadores y lavadores de fortuna. El resultado de este infortunio es que los reyes y las reinas del narcotráfico seguirán siendo los héroes y heroínas de nuestra sociedad.

El mercado de las drogas sigue siendo rentable para sus agentes y el reto va más allá de fumigar o destruir casetas de laboratorios. Un cálculo derivado de una investigación que estoy realizando de acuerdo con las incautaciones de drogas y según la valuación de las autoridades evidencia lo lucrativo del negocio: Un kilo de marihuana en el mercado está avaluado entre ochocientos mil y un millón de pesos; es decir, alrededor de un salario mínimo en Colombia. Así mismo, un kilo de clorhidrato de cocaína (perico) está avaluado entre los cinco y siete millones de pesos en el mercado local y, entre treinta y cincuenta mil dólares en el mercado internacional, con un promedio del precio del dólar, en el mes de noviembre, de tres mil seiscientos pesos colombianos.

Por otra parte, los resultados operacionales contra el narcotráfico y microtráfico se miden en la actualidad por capturas, incautaciones y disminución de hectáreas de coca. Todo ha sido insuficiente. Personalmente, creo que el problema puede estar mal medido, por consiguiente, las medidas mal planteadas. Es más, se me ocurre cambiar la forma de medir estos resultados, por ejemplo, familias dependientes de los cultivos de coca y marihuana; cantidad de personas que dejan (o ingresan) a cultivar; cadena de distribución de familias dependientes de la droga; índices de desempleo, desigualdad o pobreza en las veredas cultivadoras; número de consumidores dependientes de drogas psicoactivas; entre otros.

Mientras todo pasa, a diario suceden hechos de criminalidad donde cada vez las víctimas tienen relaciones con la venta, tráfico, porte o consumo de drogas, y las autoridades, en vez de atacar la raíz del problema, investigar o establecer políticas públicas efectivas y preventivas, utilizan tendenciosamente el problema como una solución para permear la impunidad: lo más sencillo es declarar «fue un ajuste de cuentas», «estaba en malos pasos» o «todo es causa del narcotráfico».

La partida que juega el narcotráfico y microtráfico en nuestra sociedad es de larga duración, y ese espiral de dinero fácil ha traído la cárcel o la tumba de manera fácil. La sociedad sigue huérfana de paz, la paz que desechamos por nuestra adicción que se mantiene porque nos siguen suministrando la pastillita de la guerra como tranquilizante.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Deison Luis Dimas Hoyos