La llamada millonaria

“Me fue envolviendo, no permitía que colgara. Me dijo que recargara, que ese era el único requisito para reclamar mi premio”, cuenta Myriam Rodríguez, una colombiana que fue engañada estando fuera de su país hace algunos años.

Narra - Sociedad

2019-07-31

La llamada millonaria

Autor: Diego Fernando Garay Bautista

 

Era un día feriado y Gustavo, mi esposo, estaba fuera de Sao Paulo, Brasil, donde residíamos por motivos de trabajo. Sonó el celular y contesté.

—Señora ¡es la ganadora de un carro! —dijo la voz al otro lado de la línea.

—Eso es mentira, no creo en eso —pensé.

—¡Es verdad! el carro es de estas características… ¡Usted es la feliz ganadora!

—¡Yo no sé qué me pasó! —expresó.



“Me fue envolviendo, no permitía que colgara. Me dijo que recargara, que ese era el único requisito para reclamar mi premio”, cuenta Myriam Rodríguez, una colombiana de clase alta, que fue engañada estando fuera de su país hace algunos años.

“Siempre he censurado esas cosas” y decía: “pero la gente como es de boba que se deja embaucar. Me embaucaron a mí idiotamente”. Su relato continúa.



Cogí a mi hija de unos 10 años en ese momento y salimos de casa. Vivíamos en un residencial cerrado con vigilantes, nos subimos al carro y fuimos rumbo a un supermercado Pan de Azúcar, una cadena famosa en Sao Paulo. El más cercano estaba a cinco minutos. Llegamos y me dijeron que hiciera una recarga a ese número.

No permitían que colgara el teléfono.

—Yo lo llamo después —decía Myriam.

—¡No, no, no! Mejor yo le voy diciendo qué hacer. Ahora a este número necesitamos una recarga.

—No, ¡ya no voy a hacer más recargas!

“Me empecé a amedrentar porque creí que me estaban vigilando y me estaban mirando dentro del supermercado, solo pensaba que podían hacerle algo a la niña. Eso me dio más pánico. Obedecí todo lo que me decían.

Pasé de una caja a la otra a hacer recargas, luego iba a otra para no levantar sospechas. Fueron tantas compras que la tarjeta de crédito fue bloqueada.

Miraba a mi hija y pensaba que le iban a hacer algo, un señor me observaba y me ponía roja. En una caja me dijeron que no me podían atender más, pasé a otra, todo eso sin colgar la llamada que duró aproximadamente más de media hora.

En total fueron más de cuatro millones de pesos, por eso me bloquearon la tarjeta, porque tiene un seguro y se dieron cuenta de que estaba haciendo recargas del mismo valor a diferentes teléfonos.

Continué con otra tarjeta, estaba en estado de pánico. Lo único que quería era salir corriendo, que a la niña no le pasara nada, estaba muy alterada”.

—¡No voy a hacer más lo que usted quiere, yo no voy a hacer más lo que usted quiere!

“Colgué el teléfono, cogí a la niña, salí del centro comercial, me senté en una banca y me puse a llorar. Estaba muy desesperada. Volví a la casa”.

—¡No es que se necesita uno ser muy bobo, inexplicablemente caí!

 

***

 

—¡Aló…Tío!

—¡Aló! ¿Con quién hablo?

—¡Tío, tío, soy yo!

—¿Felipe?

—Si tío, habla con Felipe… Venía en la camioneta con un amigo y nos paró la Policía en un retén por los lados de la Floresta. El teniente nos requisó, revisó la camioneta y nos retuvo porque mi amigo llevaba un revólver.

—¿Cómo así? ¿Usted con quién estaba andando?

—Tío ahorita no le puedo dar muchos detalles. Ya me tengo que ir, el teniente  quiere que le dé plata a ver si me ayuda.

—¡Ahhh, no hombre! ¿No, pero cómo así? ¡Páseme al teniente!.

“En ese momento la señal del celular se empezó a cortar. Seguramente se dieron cuenta de que no les iba a poner cuidado”, dijo Fernando Garay, víctima de la modalidad de estafa conocida como sobrino retenido.

“Caí en la cuenta de que podía ser una extorsión que me querían hacer y en ese momento colgué. Llamé entonces a mi hermana para saber dónde estaba su hijo y si lo que me dijeron era cierto”.

—¿Mamita, Pipe dónde está?

—Nandito, él está aquí conmigo. ¿Por qué?

“Mi sobrino estaba bien. Casi me estafan por apresurarme. Como me insistía que era el tío, uno cae. El error es nombrar a algún familiar por estar relacionado con esa voz, con eso lo enredan”.

Según el CAI Virtual, del Centro Cibernético Policial, la modalidad del sobrino retenido se ha convertido en una de las más usadas por bandas criminales, que incluso desde las cárceles, usan la apariencia de la voz con cierta persona del núcleo familiar para aprovecharse de alguien.

 

***

 

“Vishing”, una combinación entre las palabras “Voice” y “Phishing” (suplantación de identidad), es un método de estafa en el cual los delincuentes, mediante ingeniería social, buscan extraer información de una víctima para luego extorsionarla.

Primero, se realizan llamadas en las que se les solicita a personas, escogidas al azar, verificación de algunos datos personales como nombre, dirección, ocupación.

Luego, se hace una segunda llamada con fines delictivos, haciéndose pasar por alguien cercano que sufrió algún accidente, fue arrestado o necesita dinero.

“Este tipo de conductas no conoce ni estratos sociales ni un perfil específico. Las víctimas son personas a las que previamente se les ha hecho un análisis para identificar si tienen algún ingreso, algún patrimonio o crédito que permita al delincuente darse una idea. En ese perfil caemos muchos colombianos”.

Así lo explica Richard Poveda, experto en delitos financieros del servicio especializado de peritos de la Fundación Criminalística Forense de Colombia.

Según cifras de la Policía Nacional, durante el año 2017, 6.372 ciudadanos reportaron fraudes a través de Internet, de los cuales el 16 % (1.055) fueron estafados por llamadas telefónicas. De estas, se reportaron pérdidas superiores a los dos mil millones de pesos mediante esta modalidad.

Este delito no solo ha ido en aumento en Colombia, sino globalmente. En el Reino Unido, por ejemplo, el Centro Nacional de Informes de Fraudes y Delitos Cibernéticos, Action Fraud, reporta que uno de cada 25 adultos ha sido víctima de esta estafa.

De igual manera, el FBI dio a conocer en el 2017 el Reporte de Crimen en Internet (IC3 Internet Crime Report), donde entre los crímenes que más se reportaron en la red se encuentra el “Vishing”, ocupando la tercera posición, con un total de 25.344 víctimas, generando pérdidas por casi 29 millones de dólares (aproximadamente 96 mil millones de pesos).

 

***

 

Llegué a la casa y el hombre me volvió a llamar.

—Mire nosotros somos de un grupo criminal. Nosotros sabemos dónde vive, qué es lo que hace, sabemos de su hija y podemos hacer algo.

Muerta del susto colgué el teléfono. Llegó Gustavo, mi esposo, y le conté, al día siguiente él comentó en la compañía lo que pasó. En la empresa, que era una multinacional alemana, los de seguridad me hicieron ir a una charla, me calmaron, me explicaron que se trataba de presos que llamaban a incautos.

Ellos averiguaron y la llamada fue hecha desde una cárcel al norte de Brasil, a unas cuatro horas en avión de distancia. Para entonces, había bloqueado el teléfono porque seguían llamando a amenazarme.

Sin embargo, estaba más tranquila pues nos separaban kilómetros de distancia y sabía que estos delincuentes no se encontraban en Sao Paulo.

Me llamó mi hermana a decirme que habían bloqueado la tarjeta por hacer retiros seguidos por el mismo valor. Le dije que sí, que yo los había hecho. Me tocó pagar todo el dinero, más de cuatro millones de pesos, puesto que el seguro no cubría un gasto que conscientemente y por voluntad propia había hecho.

¡Qué vergüenza! Si toda la vida había criticado a los que caían en la “llamada millonaria” y fui yo la que caí bobamente en esa trampa. Lo bueno es que ahora lo cuento con humor.

Presenté el denuncio en la Policía Federal de Brasil, pero eso quedó ahí, por ser considerado un delito menor no le prestaron mayor atención y lo tomaron como un caso más. Quedó en el olvido.

 

***

 

“Lamentablemente por una legislación muy laxa el delito es repetitivo en nuestra sociedad”, afirma el perito Poveda.

En el Código Penal colombiano, el delito de estafa es castigado con una pena que va entre los dos a ocho años de prisión, con una multa entre 50 a 1000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Por ser una sanción menor o igual a 8 años, puede ser excarcelable y se le puede otorgar prisión domiciliaria al condenado, cumpliendo este tiempo en su lugar de residencia o morada.

Actualmente por este delito 858 personas se encuentran en detención y prisión domiciliaria y 103 son vigiladas electrónicamente por el INPEC, aforo suficiente para llenar el Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez en Navidad para un musical de Misi.

Esta cifra es cercana a la cantidad de delitos reportados en tan solo un año. El resto de casos quedan en la impunidad o no son castigados severamente debido a la falta de política criminal que tienda a aminorar la realización de esta clase de conductas delictivas.

 

 

 

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Diego Fernando Garay Bautista
Ingeniero electrónico y comunicador social con énfasis en periodismo de la Pontificia Universidad Javeriana. Aficionado a los deportes.