La escuela abraza la verdad

Solo hay futuro si hay verdad, si superamos la guerra, si nos sobreponemos a ella, si desmontamos de los caballos desbocados a los jinetes que la generan.

Opina - Conflicto

2022-09-01

La escuela abraza la verdad

Columnista:

Gustavo Adolfo Carreño 

 

Dijo Platón: «La ignorancia es la raíz y el tronco de todos los males de una sociedad», tal vez porque la ignorancia es caldo de cultivo para el miedo, en el que se incuba el odio, del que finalmente nacen las distintas formas de violencia. En este sentido es muy importante conocer la verdad de los procesos y dinámicas sociales, en la perspectiva de que quien no conoce la historia está condenado inexorablemente a repetir lógicas de guerra, sangre y violencia.

El camino de conocer, difundir y enseñar la verdad lo han entendido países como Italia o Alemania, después de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, a raíz del fracaso de los totalitarismos con los que cabalgaron Mussolini y Hitler. En Italia los textos de historia enseñan sin rubor el talante de la persona del Duce, dictatorial, autoritario, sus locas aventuras belicistas, expansionistas, la eliminación de los derechos y garantías constitucionales, como también, la persecución y eliminación de las organizaciones sociales, campesinas, sindicales, comunitarias, opositores, etc.

En Alemania el bachillerato educa sin miedo y con amplitud sobre el Holocausto, entre noveno y décimo grado. Las autoridades educativas fijaron la misión de educar sobre el legado nazi, de manera que la verdad no se extravíe u oculte entre marañas de mentiras y rumores.

Se dispone de materiales bibliográficos (cartillas, videos, juegos, etc.), testimonios de sobrevivientes y visitas a campos de concentración convertidos en aulas de aprendizaje, permitiendo al estudiante conocer, vivir, sentir e interiorizar lo que sucedió y, cómo sucedió, para que nunca más vuelva a pasar, con el propósito de crear conciencia crítica sobre el pasado y la sociedad alemana.

En Colombia, el Informe Final de la Comisión de la Verdad se enmarca en esas mismas perspectivas, responder ¿Qué pasó en el país durante el conflicto interno? ¿Por qué pasó? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Cómo superarlo?, de modo que no se repita y salgamos más humanos, fortalecidos en democracia, en la consolidación de la paz y el respeto de los derechos humanos.

Como en Italia o Alemania esa labor pedagógica empieza por la escuela pública y las universidades; conocemos cuando se inicia una guerra, más no cuándo, ni cómo terminará, mucho menos, cuáles serán sus atrocidades. Así, las conclusiones de la Comisión de la Verdad deben incorporarse a los ejes transversales de la enseñanza de la cátedra de la paz en la educación básica secundaria y media (Ley 1732/2014 y DL 1038/2015), como también en el eje histórico cultural o componente histórico, en el marco de las ciencias sociales integradas desde 1984.

Gracias a la Comisión de la Verdad, instancia de los acuerdos de paz de 2016, podremos acercarnos mejor a conocer la deshumanización de nuestro conflicto armado, aprender que solo la verdad lleva a la paz con justicia, reparación y no repetición.

El Informe merece ser ampliamente apropiado, conociendo víctimas y victimarios, discutido todos sus matices, divulgado en las escuelas, desnudando todas sus secuelas y atrocidades, de manera que se sensibilice hacia la no repetición; solo la verdad, por dolorosa que esta sea, puede liberarnos, sanarnos y reconocernos en nosotros mismos.

Si las verdades no se enseñan u omiten, se niega la realidad del país, en especial, a las nuevas generaciones acostumbradas a tener un acercamiento al fenómeno a través de la caja mágica de la televisión, videos o relatos sesgados, sin asidero científico o empírico.

Se podrá conocer mejor a las víctimas como a sus victimarios, desnudando la degradación del conflicto, por ejemplo, los ‘falsos positivos’, masacres, desplazamientos, reclutamiento de menores, violaciones, desaparición forzada, minas antipersona, despojo de tierras, narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo o ‘parapolítica’.

Se conocerán más detalles sobre las víctimas, campesinos, sindicalistas, defensores de derechos humanos, ambientalistas, líderes y lideresas comunitarios, indígenas, afros, periodistas, líderes políticos, maestros, jóvenes, estudiantes, reclamantes de tierras, etc. De igual manera, habrá más luces sobre la responsabilidad de los victimarios, empresariado, ganaderos, el Estado con su Fuerza Pública involucrada, terratenientes, comerciantes, iglesias, grupos políticos, gremios económicos, inversionistas extranjeros, traficantes de armas, banqueros, en fin, grupos hegemónicos a quienes poco o nada conviene la verdad, son los “enemigos agazapados de la paz”, a los que se refería don Otto Morales Benítez.

En ese sentido es importante el rol asignado a las víctimas, dándoles el lugar que merecen, ciudadanos y ciudadanas violentados en pleno ejercicio de sus derechos, cuyas voces, visiones e intereses nunca habían sido escuchados ni incorporados; los anteriores relatos eran oficialistas, gobiernistas, negacionistas. Sabiamente lo dijo el padre Francisco de Roux: “Se ha instalado en la mente de muchos colombianos la idea de una guerra civil, cuando en realidad lo que existió fue una guerra contra los civiles”.

Producidos estos informes —ya le pertenecen a la sociedad colombiana—, le corresponde entonces a la ciudadanía y, a la escuela, por supuesto, apropiarse de sus verdades, teniendo la certeza de que solo hay futuro si hay verdad, si superamos la guerra, si nos sobreponemos a ella, si desmontamos de los caballos desbocados a los jinetes que la generan, a los que no les interesa la paz porque sus sistemas de poder se sostienen sobre andamiajes de guerra y violencia. 

Si en Alemania hay negacionistas del Holocausto, en Colombia con más razón los tendremos; querrán tapar el sol con las manos, sabemos cuáles son sus intereses, pensamientos y visiones, producirán sus propias cartillas, pero al final es bueno que lo hagan, pues esto permitirá contrastar evidencias, posturas, argumentos, validez científica, dilucidar mejor la verdad, consolidándola, afianzándola, verificándola.

Finalmente, nos jugamos el futuro del país; el pasado y presente fue de guerra. El presente será de paz, por ello no puede haber indiferencia, miedo, insolidaridad o, silencio cómplice, frente a la dicotomía barbarie o educación; la apuesta es por la educación, bien lo dijo Einstein: “Todo aquello que el hombre ignora, no existe para él, por eso el universo de cada uno se resume al tamaño de su saber”.

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Gustavo Adolfo Carreño
Economista, Magister en Desarrollo y Cultura, Amante de la filosofía, librepensador caribeño, educador.