La dama de negro

Nuestros labios se tornaron rojos e hinchados de tanto besar, mis manos seguían recorriendo hasta el casi éxtasis ese deseado cuerpo… Extrañamente frío, ¡muy frío!

Narra - Narrativo

2019-05-21

La dama de negro

Sábado por la noche, después de una acalorada pelea con mi posesiva y celosa novia, quien por enésima vez daba por terminada una relación de más de 3 años, me dirigí algo malhumorado y con un despecho a flor de piel, hacia una discoteca recientemente inaugurada en Juanchito.

El bailadero estaba atestado, el frenesí que desencadenaba la música de moda, las luces psicodélicas y el olor entremezclado a licor y sexo, pronto me contagiaron y me fui sumergiendo en una aventura de seducción, que aún hoy, al recordarla, literalmente me hiela la sangre…

Hoy en día son muy comunes los llamados parches de mujeres y hombres anónimos y solitarios, que van a los bares y discotecas en busca de una fugaz y desahogante aventura sin límites, ni compromisos, y que sencillamente culmina con el alba en el cuarto de un motel, los recovecos de un baño público, el interior de un carro, o en cualquier improvisado escenario, que le permita a la desbocada y libertina lujuria hacer de las suyas.

Cuando la vi perdida en aquel mar de personas, me sentí literalmente hechizado por su enigmática mirada y el contraste que hacían aquellos ojos verdes con esa piel blanca y lozana, en una maravillosa conjunción con su azabache cabellera, aunado al ceñido vestido que resaltaba las formas, casi perfectas y sensuales de su cuerpo. Como atraído por un poderoso imán me acerqué a la dama de negro.

Se encontraba extrañamente sola en una mesa, donde reposaban un lloroso vaso con agua y un cenicero en el que se consumía ignorado un cigarrillo de marca. Sin musitar una sola sílaba se quedó mirándome fijamente, me extendió una mano, la que tomé sin dudar, ayudándola a ponerse en pie, y casi de inmediato se aferró a mi cuerpo como suplicando protección.

Bailamos hasta el cansancio, casi que abstraídos a lo que acontecía a nuestro alrededor; con los ojos cerrados dejaba yo que el olfato extractara ese mortificante y pasional olor a hembra en celo y que el tacto a través de mis inquietas manos dejara en libertad a mi lasciva imaginación.

Nuestros labios se tornaron rojos e hinchados de tanto besar, mis manos seguían recorriendo hasta el casi éxtasis ese deseado cuerpo… Extrañamente frío, ¡muy frío!

La verdad no entendía por qué algunas personas nos miraban como si fuésemos un par de desquiciados mentales o una pareja de ebrios desfachatados…

A cada pregunta mía, ella respondía dibujando una tenue y fugaz sonrisa. En la chispa de sus ojos, adiviné que se moría por que la hiciera mía. Subimos presurosos al carro y entramos en el primer motel que se atravesó en la ruta.

Como un ansioso y expectante púber en su primera vez, así me sentía. ¡Adiós al despecho! Recuerdo que al entrar al cuarto ella empezó a mostrarse extrañamente triste, como asustada. Luego se sentó en la cama y me miraba con angustia. Pensé que de repente la avergonzaba lo que yo pudiera pensar de ella. La besé y la abracé con cariño y le dije que aquello no era una aventura más, que lo nuestro era amor a primera vista.

De nuevo dejó traslucir su sonrisa de Monalisa. Decidí entrar al baño para darle tiempo a nuestro asunto. Cuando salí ya no estaba, se había esfumado. El reloj del cuarto marcaba las 3 en punto de aquella fría madrugada.

Me encaminé presuroso a la recepción, al llegar, encontré al portero y a la conserje compartiendo, con el recepcionista, la lectura de una noticia destacada en un reconocido periódico local; comentaban algo sobre un accidente en la vía Cali – Candelaria en el que había perecido una muchacha, arrollada por una tractomula la noche anterior.

Al indagarlos por la mujer que me acompañaba, si alguno de ellos la había visto salir del motel, los 3 al unísono me miraron como si yo fuese un desquiciado mental o un borracho enlagunado.

—¿A qué mujer se refiere usted? Exclamó el recepcionista, y remató diciéndome el portero:

—Usted caballero llegó solo al motel, estaba eso sí, algo pasado de tragos.

La conserje por su parte asintió con la cabeza aquellas insolentes afirmaciones. Molesto, ¡muy molesto!, ¡les refuté!

—¡Están ustedes ciegos o qué, como así que yo llegué solo!, yo entré con la muchacha vestida toda de negro, la bonita de los ojos verdes, de cabello largo azabache…

Desconcertados me seguían mirando como si fuese yo un demente fugado del manicomio. De repente, mis ojos se clavaron en el periódico que el portero aún sostenía en sus manos, algo me impulsó a quitárselo; al leer la funesta noticia que les robó minutos antes su atención, sentí una corriente gélida que me paralizó por completo mi humanidad, dejándome totalmente estupefacto:

La bella muchacha con la que había departido en la discoteca, la que me acompañó hasta el cuarto de aquel motel, estaba fotografiada en el periódico, era ella la víctima del accidente de la noche anterior. ¡Era ella, era ella, lo juro, lo juro!

 

Postdata: Este relato lo escribí en el 2010, tras escuchar una historia similar de labios de un taxista, quien asevera, que lo ocurrido a un amigo suyo en una noche de lujuria y despecho, es completamente verídico.

Aquella experiencia, cuenta el taxista, afectó psicológicamente a su amigo, quien estuvo varios años en tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Concluye que aquel suceso vivido por su amigo fue una experiencia paranormal inexplicable, la cual, según él, demuestra que con la muerte no termina todo.

Es bien sabido que este tipo de relatos de fantasmas, apariciones y demás, muy similares entre sí, cunden dentro del gremio de los conductores, camioneros y forman parte de esos mitos y leyendas urbanas propagadas a través de los años, las cuales ustedes, yo, podemos creer, o no.

 

 

( 1 ) Comentario

  1. Buen relato, mitos, leyendas, historias llenas de misterio inexplicables para nuestra escéptica realidad. Pero se habla tanto de ellas que tampoco podemos negarlas.

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Javier Hernando Santamaría
Columnista, critico de TV, argumentista y bloguero de Farándula y Critica TV Un vistazo desenfadado, pero serio al acontecer de la TV latina, como también de la realidad nacional desde la perspectiva de un simple mortal que anhela una mejor Colombia Desde 1998 junto al director Julio Luzardo coordinamos el portal magazine Enrodaje.net y Cine Colombiano Colaborador en varios portales web.