La caída de la prensa tradicional en Colombia

La prensa vendida y farandulera critica a los pueblos indígenas por el derrumbe de la estatua de Belalcázar, pero se queda callada y sumisa frente a la constante violencia que sufren los indígenas de Colombia, se rasga las vestiduras por los ataques a la infraestructura de sus medios, pero se queda callada frente al asesinato de un estudiante de 21 años a manos de un policía.

Emociones - Medios

2021-05-01

La caída de la prensa tradicional en Colombia

Columnista:

Ancízar Villada Vergara

 

El 28 de abril de 2021, el movimiento social antiduquista marchó contra viento, marea y la propaganda negra hecha desde los grandes medios de comunicación en contra de las marchas por la propuesta de la reforma tributaria de la miseria del Gobierno. Nos quisieron meter miedo con el coronavirus, con la estigmatización al movimiento, con órdenes judiciales, pero los indígenas, los campesinos, los estudiantes, los profesores y demás sectores e individuos de la sociedad salieron a las calles de manera voluntaria ante una situación que para muchos colombianos resulta asunto de vida o muerte: O los mata el COVID-19, o los mata el hambre.

Los movimientos artísticos y la fraternidad que se vio entre los manifestantes fue algo realmente emotivo; se respiró un ambiente de paz y hermandad en las marchas que se hicieron pacíficamente en toda Colombia; sin embargo, los medios de comunicación tradicionales como siempre salieron a estigmatizar la protesta social, mostrando lo que unos pocos hicieron: quema de buses, rompimiento de vidrios, grafitis en las paredes, etc. Salieron a estigmatizar un movimiento pacífico y libre, resaltando no más lo que hicieron algunos infiltrados o manifestantes violentos que en medio de su rabia por las graves injusticias que se cometen en el país rompen un vidrio, rayan una pared o se desquitan con agresiones a los policías.

La prensa tradicional que se vende como «prensa libre»; desde El Tiempo, Blu Radio, RCN, Caracol, LA FM, La W, Semana y otros pasquines que se venden al Gobierno de turno les importa más los daños materiales que la penosa situación social y humanitaria que vive el país. El ataque a la infraestructura de Semana y RCN, el pasado 28 de abril, demuestra el descontento de la gente contra los medios tradicionales, que muestran en sus noticieros pura propaganda en favor del Gobierno, tratando de vendernos las políticas antipopulares del presidente Iván Duque como necesarias, asumiendo que el pueblo debe ser sumiso y no debe cuestionar lo que diga la autoridad, aunque esto sea injusto para las grandes mayorías.

El pueblo colombiano ya perdió el miedo, los gobiernos neoliberales de Duque y sus secuaces son más peligrosos que el mismo coronavirus; ellos esperan, de sus jueces de bolsillo, que nos pueden prohibir el derecho constitucional a la protesta social; en la marcha pasada salieron colombianos de todos los sectores sociales: indígenas, campesinos, negros, blancos, mayores de edad, niños, al igual que hombres y mujeres de todas las edades se unieron por una misma causa: luchar pacífica y democráticamente en contra de las injusticias sociales.

La prensa vendida y farandulera critica a los pueblos indígenas por el derrumbe de la estatua de Belalcázar, pero se queda callada y sumisa frente a la constante violencia que sufren los indígenas de Colombia, se rasga las vestiduras por los ataques a la infraestructura de sus medios, pero se queda callada frente al asesinato de un estudiante de 21 años a manos de un policía, se quedan callados ante el vandalismo de los ladrones de cuello blanco, los políticos que financian esos medios para lavarles la cara. Ellos son los verdaderos vándalos, los políticos corruptos y los medios cómplices y aplaudidores de esa clase política con tal de no perder los privilegios que tienen.

Recuerdo en 2020 cómo los mismos que estigmatizan la protesta social en Colombia veían con valentía a los manifestantes gringos por el asesinato de George Floyd, y veían con buenos ojos las protestas en Venezuela para luchar en contra del régimen de Maduro; en ambas manifestaciones se vieron destrozos y daños materiales, pero ellos cubrían esas noticias como si fuera una lucha por la justicia. Hoy, a quienes protestamos en Colombia por una causa justa, nos dicen imprudentes, insensatos, indisciplinados. La hipocresía de la prensa vendida no tiene límites.

La caída de la prensa tradicional en Colombia es inminente, la gente no traga entero a las mentiras que por años han mantenido ciega a la gente de lo que verdaderamente pasa en el país. Por eso, es importante el apoyo de todos las ciudadanías libres y democráticas a los medios y periodistas independientes, porque generar consciencia a la gente es nuestro deber, y el cambio depende de nosotros mismos, no de los políticos o «líderes» sindicales y estudiantiles que hacen tratos con el Gobierno y luego hacen política por vender los movimientos sociales. El movimiento es de la gente, y la gente no tiene dueño, la gente sale por convicción propia y por ser consciente de lo que sucede. Entre todos los colombianos podemos crear un país nuevo, no podemos depender de la prensa tradicional y los líderes de turno que luego venden las movilizaciones sociales por personalismo y amiguismo político, como lo hemos visto en el pasado.

Hacemos un llamado en general a esforzarnos en conquistar la paz y a la democracia, así se pueden lograr mejores resultados para todos, la violencia la quieren ellos, por eso la prensa tradicional utiliza y repite toda manifestación violenta por pequeña que sea para estigmatizar el movimiento social, el cambio empieza por nosotros. En generar consciencia, criterio propio y pensamiento crítico en la gente para que no nos dejemos engañar por políticos que se venden como democráticos y tolerantes y al final son todo lo contrario: si no miren los casos de Jorge Iván Ospina en Cali y Claudia López en Bogotá, primero salían a marchar para capturar votos y ahora son los encargados de la represión, una vergüenza. 

 

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Ancízar Villada Vergara