La autocensura: el problema más serio que enfrentan periodistas y medios

¿Es relativa la universalidad de los criterios de noticiabilidad? La serie ‘Matarife’ debió haberse elevado al estatus de noticia.

Opina - Medios

2020-06-01

La autocensura: el problema más serio que enfrentan periodistas y medios

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

El ejercicio periodístico y la operación de las empresas mediáticas, privadas y públicas, en tanto actores políticos, están sometidos a todo tipo de presiones, que son el fruto de los disímiles intereses que suelen confluir en este oficio.

La censura oficial ha sido en la historia de Colombia la expresión clara de la confluencia de intereses políticos en el ejercicio del periodismo. De allí que la libertad de prensa siempre será un anhelo, una apuesta, un mundo ideal, como lo es vivir en una democracia plena.

Pero quizás el problema más serio y comprometedor para los periodistas y las empresas informativas sea la autocensura. Y esta alude a la actitud que suelen asumir editores, directores de medios y periodistas en general, ante una información considerada por estos como “delicada”, pues compromete sus propias ideas y posturas, o lo que es peor, complica los intereses y las relaciones de los propietarios, accionistas e incluso, a los principales anunciantes; en particular, cuando quien pauta es el Gobierno de turno, a través de lo que se conoce como la pauta oficial.

Entonces, cuando la autocensura se pone en marcha, no solo confronta la ética del reportero-editor, sino que relativiza la existencia y la aplicación de los criterios de noticiabilidad. Dichos criterios no son más que los elementos circunstanciales con los que los periodistas justifican elevar al estatus de noticia unos hechos, y por esa vía, descartar otros.

En las Facultades de Periodismo muchos profesores aún insisten en que estos criterios son de aplicación universal y, lo que es peor, se tienen que aplicar sí o sí, sin que importen las molestias que puedan generar en las audiencias, propietarios-accionistas o particulares miembros de la sociedad, los hechos noticiables, que una vez publicados, se convierten en noticiosos.

En la historia reciente del periodismo colombiano se ha podido demostrar que la universalidad de los criterios de noticiabilidad es relativa. Y que más bien, su existencia o invención, está soportada en un ideal de periodismo. Estadio inalcanzable, por supuesto, para el caso colombiano, si entendemos que las empresas mediáticas son eso, empresas, y que por tanto, seguir ese ideal no solo pone en riesgo la viabilidad económica del medio periodístico, sino que compromete políticamente a sus propietarios, con sectores poderosos de lo que se conoce como el Establecimiento. Y en algunos casos, pone en riesgo la vida de los reporteros.

Suelen escucharse en las aulas de formación de periodistas frases como “si un hombre muerde a un perro”, ese hecho, per se, es noticia. Pero si un “perro muerde a un hombre” ese hecho será noticia dependiendo de a quién haya mordido el canino. Es decir, dependerá de la condición socioeconómica y política de la víctima del gozque en cuestión. Con toda y esa excepcionalidad, los periodistas aprendemos o asumimos como verdad que los criterios de noticiabilidad devienen asociados, para su aplicación inmediata, a elementos como cercanía geográfica, cultural; por el peso político del hecho o el fenómeno que acaece; por el nivel de respuesta o reacción al hecho noticiable que el periodista observa o del que se percata de manera indirecta. O sea, los hechos son noticiables por el interés que despierta en una comunidad que, de manera directa, “sufre, goza o cuestiona” el suceso o el fenómeno que se le presenta.

Comprendido lo anterior, señalo que por estos días la gran prensa colombiana viene, ella misma, desvirtuando y anulando la existencia de esos criterios de noticiabilidad. Y lo hace, asumiendo como acción y actitud, la autocensura sobre un hecho a todas luces noticiable: la emisión de los dos primeros capítulos de la serie ‘Matarife’. Más allá del contenido, de la calidad de la producción y de la verdad de los hechos allí narrados, nadie puede negar que se trata de un fenómeno mediático y político.

Con más de seis millones de visitas para ver el capítulo 1, emitido a través de plataformas como WhatsApp y YouTube, la serie ‘Matarife’ debió haberse elevado al estatus de noticia, de lo noticioso, de acuerdo con los criterios de noticiabilidad arriba señalados. En eso no hay discusión, desde la perspectiva periodística.

No voy a entrar en especulaciones alrededor del por qué continúa el mutismo de los grandes medios colombianos en torno a una producción audiovisual que, independientemente de la importancia y la vigencia mediática del personaje sobre el que gira la narración, constituye, a todas luces, un hecho noticiable; lo que me interesa dejar claro es que la autocensura asumida por periodistas y medios masivos colombianos no solo demuestra que las empresas mediáticas fungen como actores políticos, sino que la universalidad de los criterios de noticiabilidad fue, es y será siempre relativa.

Solo queda esperar que los profesores de periodismo que aún creen en la universalidad de los criterios de noticia, tomen nota de esta innegable autocensura, y abandonen la idea de seguir replicando un ideal claramente inalcanzable.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.