Junio, entre el orgullo y lo peligroso del ser y amar libre

El orgullo de ser diversos, no es resultado de sentirnos orgullosos de tener una orientación sexual ni de una identidad de género diversa; sino de lograr sobrevivir a un sistema profundamente marginador, donde el amar y/o ser distintos es un motivo para discriminarte.

Opina - Sociedad

2019-06-14

Junio, entre el orgullo y lo peligroso del ser y amar libre

Junio es un mes de muchos sentimientos encontrados para mí, porque representa una energía poderosa, para celebrar, conmemorar e intentar resistir en un mundo horrible como este.

Es un mes cargado de significado porque representa 50 años de lucha pública como personas diversas por ser reconocidas como ciudadanos, sin que se nos criminalizara o se nos tratara de enfermos.

A la vez, es muy retador porque, aunque, implica una celebración del amar libre y del ser como quieras ser, también nos confronta con situaciones estructurales, cotidianas y particulares que vivimos las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, las cuales una persona heterosexual no vive o, si ocurren, tienen una frecuencia muy inferior.

Ser activista es algo bastante satisfactorio porque sientes que estás intentando crear un entorno mejor, sin embargo, también es algo riesgoso porque al ser visible, estás muy expuesto al peligro.

Créanme que vivo con miedo de ser agredido algún día por alguien que, amparado en sus prejuicios, no esté de acuerdo con la reivindicación de la dignidad humana o la búsqueda de entornos más seguros.

Les cuento dos experiencias muy personales que me confrontaron con estas, curiosamente ambas ocurrieron en el 2016, un año lleno de triunfos personales y decepciones colectivas.

La primera ocurrió el 10 de agosto de 2016, ese fatídico día donde los movimientos antiderechos salieron a protestar contra la decisión de la Corte Constitucional de revisar los manuales de convivencia, para generar entornos escolares sin discriminación por motivos de orientación sexual y/o identidad de género.

Esa fue la cúspide de unas semanas llenas de mensajes ofensivos en redes sociales, comentarios de amigos y familiares hablando de conspiraciones ficticias de los gais para tomarnos el poder, prohibir la heterosexualidad y dañar los valores de la “familia tradicional”. Fue un día espantoso, donde me sentía inseguro.

Cabe resaltar que en ese momento apenas estaba saliendo del closet, me sentí tan vulnerable al saber que Barranquilla, mi ciudad que festeja la maricada solo en Carnavales, había sido la ciudad del país con mayor cantidad de personas en la concentración.

Ese día vi pancartas con mensajes llenos de odio y desinformación, padres de familia preocupados por el fantasma de la inexistente “ideología de género” y políticos aprovechando para capitalizar votos contra el acuerdo de paz.

Todo eso me derrumbó, me rompió por dentro y me causó mucha rabia; cuando mi mamá llegó de la calle, me contó lo que había visto y no pude más, me le tiré en sus brazos, llorando desconsoladamente, mientras decía que me sentía muy frágil y estaba miedoso de lo que me pudiera pasar. Mi mamá me abrazó, intentó calmarme y me dijo que todo estaría bien, que debíamos seguir luchando por lo una sociedad más justa.

La segunda ocurrió en septiembre de 2018, durante una de las experiencias más bonitas que he vivido; Razpaz, una iniciativa de jóvenes de diferentes sectores políticos y sociales, con financiación de una organización no gubernamental, que tenía como objetivo despejar dudas y dialogar con la ciudadanía en parques, universidades y otros espacios públicos, sobre los acuerdos de La Habana y la importancia de votar informado en el plebiscito por la paz de 2016.

Una de esas actividades la realizamos en el Parque Suri Salcedo, aprovechando que había confluencia de familias y era un espacio propicio. Después de 1 hora de conversar con personas, en donde salían los típicos prejuicios asociados a que nos íbamos a volver Venezuela, que las FARC se iban a adueñar del país y el infaltable argumento sobre la “ideología de género” en los acuerdos; nos topamos con un grupo perteneciente a una Iglesia evangélica, muy cercana a sectores políticos conservadores y de ultraderecha, que con una obra tendenciosa e información falsa estaban promoviendo a votar negativo en el plebiscito.

Yo, en realidad, no sé cómo empezó la confrontación entre nosotros, otro grupo perteneciente a un colectivo juvenil de izquierda que también hacía pedagogía en el parque y ellos, liderados por el pastor y su familia.

La discusión se acaloró mucho, donde se nos acusó de ser defensores de la destrucción de Colombia, de promover la terminación de la familia tradicional y de corromper a los niños y las niñas por defender a unos narcoterroristas y la impunidad del acuerdo de La Habana.

Yo simplemente no me contuve y confronté al pastor, principalmente porque no soporté que usaran las creencias cristianas para sus fines políticos y hablara en forma tan prejuiciosa y lejana a la realidad sobre las personas LGBT.

Comenzamos la discusión, el pastor intentó ofenderme por mi orientación sexual al decir que no podía ser cristiano y gay a la vez, que mi lugar en el infierno estaba seguro y debía ir a un psiquiatra a revisarme.

Quedé destruido, sumado a las voces de reprocho de algunos de mis compañeros, preocupados por ese episodio y cómo los acompañantes del pastor habían grabado, ellos utilizarían ese video.

Me sentí destruido, porque habían tocado algo muy personal y me sentí muy culpable de, posiblemente, haber arruinado uno de los ejercicios más lindos en los que había participado. El trayecto desde el parque hasta mi casa y luego, al llegar, estuvieron llenos de culpa, de miedo, de ganas de no salir y un deseo de que eso no hubiese ocurrido.

El orgullo de ser diversos, no es resultado de sentirnos orgullosos de tener una orientación sexual ni de una identidad de género diversa; sino de lograr sobrevivir a un sistema profundamente marginador, donde el amar y/o ser distintos es un motivo para discriminarte.

Porque soportamos mucho tiempo en la clandestinidad, catalogados como enfermos y hasta siendo objeto de prácticas tan aberrantes como las violaciones “correctivas” o las terapias de conversión, las cuales lastimosamente siguen siendo una realidad en este mundo tan horrible.

Porque nuestra lucha sigue, sin importar que nos expongamos a violencias de todo tipo, a no ser capaces de ser sinceros con nuestras familias sobre nuestro activismo o sobre nuestra vida personal.

Porque todavía hay Estados donde siguen prohibidas las relaciones entre personas del mismo sexo, muchas veces considerados delitos condenados a muerte o a cadena perpetua.

Porque la esperanza de vida de las personas Trans en Latinoamérica sigue siendo de 35 años y su situación de exclusión, marginalidad y de (endo)discriminación son constantes.

Podría seguir enumerando razones, pero es mejor terminar con una reflexión sobre cómo las personas heterosexuales han contado con el privilegio de vivir en un sistema estructurado en torno del privilegio, sin tener que vivir la prohibición del amor libre, a excepciones donde las variables clase social y pertenencia étnica, juegan un papel relevante.

Viven en un sistema profundamente heteronormado, donde no han tenido que luchar por el reconocimiento de su ciudadanía plena, ni han tenido que esconder a su pareja como su amigo para evitar que otros lo sepan.

Siéntanse bien con no tener un “orgullo heterosexual”, porque trasegar como alguien homosexual orgulloso y que quiere cambiar la sociedad, es muy difícil; lo es mucho más para una chica lesbiana, para las chicas y chicos trans, para los niños, niñas y adolescentes que viven infiernos debido al bullying, el rechazo de sus familias y profesores.

Lo LGBT termina siendo una ficción, una juntanza política, pero lo verdaderamente importante es el amor y la alegría de la libertad del ser.

 

Foto cortesía de: Netflix

 

 

( 1 ) Comentario

  1. Llore con tu columna , colocasteis todos tus sentimientos para contarnos que no ha sido fácil la lucha de ser y vivir libre y orgulloso en un mundo tan horrible, donde a diario alegró alimentan a la sociedad de prejuicios sociales, homofonía, transfobia, racismo, anrifeminismo, antiderecho.
    Gracias y feliz mes de orgullo Marica

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Jose Fernando Salcedo
Orgullo de ser colombiano, Marica, caribe y barranquillero, nací en el 97. Politólogo con énfasis en Políticas públicas y gobierno (Uninorte), Trabajo en la Subdirección de Asuntos LGBTI de la Secretaría de Integración Social en la Alcaldía de Bogotá. Alto consejero de Diversidad en Alianza Global de Jóvenes Políticos Colombia. Coordinador de Asuntos Globales de Derechos Humanos y Género en Programa de Investigación en Política Exterior Colombiana (PIPEC) . Investigador, profesor universitario, activista, columnista. Me interesan los temas de juventud, diversidad sexual, políticas públicas, gobierno, paz, posconflicto, Derechos Humanos, Política Exterior.