Iván Duque: un desafiante colegial

A pocos días de dejar la Casa de ‘Nari’, Iván Duque no solo se consolida como un fatuo y soberbio gobernante, sino como un aventajado sátrapa, en camino de emular lo hecho por quien lo puso en la Presidencia.

Opina - Política

2021-09-13

Iván Duque: un desafiante colegial

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

No se cansa el Gobierno de Iván Duque de retar a sus connacionales y por esa vía, de ratificarse como un mandatario que llegó para dividir aún más al pueblo colombiano. El escenario escogido no podría ser mejor: la Feria del Libro de Madrid. La primera acción política fue vetar a varios escritores e intelectuales colombianos, impidiendo que sus obras y discursos pudieran estar en dicho evento. Ese veto es propio de dictadorzuelos y capataces de repúblicas bananeras. Y el segundo, de insistir en desconocer el mandato, por demás legítimo, de Carlos Caicedo, gobernador del Magdalena. Duque fue a ese departamento y se reunió, justamente, con la clase política que Caicedo viene confrontando, de ahí la animadversión que se profesa desde el Gobierno central en contra del mandatario regional, que lo obligó a salir del país por varios días y solicitar medidas cautelares a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

A pocos días de dejar la Casa de ‘Nari’, Iván Duque no solo se consolida como un fatuo y soberbio gobernante, sino como un aventajado sátrapa, en camino de emular lo hecho por quien lo puso en la Presidencia. Las marchas que en su contra se adelantaron hoy en Madrid, se dan en rechazo contra los cientos de miles de crímenes de lideresas y líderes sociales, indígenas, campesinos, reclamantes de tierras, defensores de derechos humanos y del ambiente; estudiantes y marchantes durante el pasado paro nacional y la docena de jóvenes asesinados hace un año en Bogotá por parte de la Policía, a lo que se suman los casi 300 firmantes de la paz que el Estado colombiano no protegió. Estamos, sin duda, ante una práctica genocida social y políticamente naturalizada desde un régimen que da miedo.

Quizás el objetivo era superar en terror, miedo y víctimas a lo realizado por los gobiernos de mano dura de Turbay Ayala y de Álvaro Uribe Vélez. Pues bien, Duque Márquez está cumpliendo con honores la tarea que le encomendaron. Al momento de su salida de la Casa de ‘Nari’ bien podría gritar ¡Ajúa!, al tiempo que levanta su mano derecha empuñada, como símbolos de una sangrienta, inmoral y pírrica victoria del régimen mafioso y criminal que hoy opera en Colombia, sobre los sectores progresistas que reclaman vivir en democracia.

Contra el nefasto Gobierno de Duque Márquez los colombianos han marchado en varias ciudades del mundo. En los Estados Unidos, Australia. En Londres, en su momento, le gritaron asesino y títere. Y ahora les correspondió a quienes viven en España, exponer ante los españoles y el mundo entero, la gran obra de este engreído godo: muertos por doquier, desempleo, desesperanza, corrupción pública y privada, deforestación sin control, animada en buena medida por sus amigos latifundistas y ganaderos.

Bien vale la pena traer a colación, apartes del duro editorial del diario El Espectador, único medio tradicional que trata de hacerle contrapeso al «eje mediático del mal» del que hacen parte Semana, El Tiempo, RCN y programas radiales como La FM, BLU y La W.

«Cuando el poder político se ejerce a partir de los egos y la arrogancia sufren las instituciones. Después del fracaso del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (MinTIC) con un contrato para la instalación de puntos de Internet en colegios, la ministra Karen Abudinen renunció justo antes de ser censurada en el Congreso de la República. En el proceso, ella, el presidente de la República y los miembros de la coalición de Gobierno dejaron una serie de frases y actitudes que envían un mensaje perverso: la política en Colombia se ha convertido en un juego personalista en el cual el bienestar del país no es una prioridad… El problema es que el impulso de la actitud desafiante, casi colegial, viene desde el cargo más importante del país. El presidente Iván Duque dijo: «El plato favorito de los colombianos es comer ministro al horno. Creen que los problemas en Colombia se resuelven es con que alguien ponga la cabeza». Esa caracterización de la realidad es inaceptable. Exigir una renuncia como acto de respeto a los colombianos, a los recursos públicos y a la legitimidad de las instituciones no es un acto folclórico y revanchista, sino lo mínimo que puede exigirse en una sociedad democrática».

Le cabe razón al editorialista del diario bogotano: Iván Duque es un fatuo y pendenciero colegial. Quizás no sea de su talante actuar como un rufián de esquina, pero su arrogancia y fingida tranquilidad le sirvieron, sin duda, para recorrer los mismos oscuros caminos de su mentor.

Ya casi se va Iván Duque Márquez. Ojalá se retire de la vida pública, como lo hizo Betancur Cuartas. Ya hizo bastante daño, quizás no tanto como el que hizo su patrón Álvaro Uribe. Su lugar en la historia política de Colombia estará siempre asociado a la imagen de un aprendiz de sátrapa que durante cuatro años quiso superar a su gran maestro y referente en eso de «producir más y mejores resultados operacionales» y en debilitar las instituciones. Si me tocara evaluar y calificar su «obra de gobierno», bajo esos parámetros, le daría un 4.5.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Doctor en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.