¿Hacia una humanidad sin humanidades?

Cuesta creer que en la ya lejana concepción que se tiene de las dos décadas anteriores, se haya escrito este tratado, y con cada año, lustro, o década que pasará, seguramente seguirá vigente lo que con gran claridad hace ver Savater en este capítulo del Libro “El valor de educar” (1997).

Opina - Sociedad

2019-11-17

¿Hacia una humanidad sin humanidades?

Autor: Chrístofer Hidalgo

 

En el preludio del relato es evidente la preocupación que Savater tiene (preocupación compartida por quienes nos adentramos en el estudio de algún campo de las ciencias sociales), en la sistemática desaparición de la enseñanza de las humanidades en un plano que se podría considerar global.

En nuestro contexto, más específicamente, es evidente la disposición de las instituciones educativas que tienen una vasta oferta de programas técnicos, creados con la finalidad de capacitar personal calificado para realizar una u otra actividad, soslayando el qué de lo que se hace, por el útil cómo; con esto se banaliza cada vez más la esencia del acto que se lleva a cabo, y lo que interesa es que este se realice de forma efectiva.

Y al haber tanta oferta de educación en actividades “prácticas”, fomentadas por convenios gubernamentales y del sector privado, lo que impera en la mente de quien quiere estudiar, es ser titulado en algo que lo lleve a satisfacer sus anhelos económicos.

Siendo así las cosas, el estudio de la filosofía, la historia o de la literatura, más allá del gusto que se le tenga, pasa a un segundo plano por motivos meramente beneficiosos económicamente.

En ninguna entidad comercial necesitan personal que sepa cuándo se creó el discurso de la doctrina hedonista, esto es irrelevante para los fines pragmáticos propios de las actividades laborales.

En el texto también se expone la falla de tacto del maestro para generar en el estudiante, el gusto de la asignatura que enseña, ¿quién no ha declinado la lectura de un libro, simplemente por el hastío que piensa supondrá su lectura?, más de un ejemplar valioso ha sido ignorado sin que se haya abierto su solapa.

Es que el método de enseñar en los colegios públicos, en general, se ha decantado por la imposición de un plan de aprendizaje que el estudiante debe cumplir cabalmente, no se tiene en cuenta la disposición que tiene el estudiante en querer aprender sobre una asignatura en específico, si no que se le engullen semanalmente asignaturas en las cuales no se sabe desenvolver, sea por falta de interés, o por mera incapacidad cognitiva del estudiante.

El supuesto respeto por la opinión del estudiante, entendiendo por respeto, la aceptación apacible por parte de los maestros hacía la opinión del estudiante, por más vacía, contradictoria, o anacrónica que esta pueda ser, no es provechosa para su desarrollo intelectual.

Para el recién iniciado en cualquier materia, sería más conveniente que se le amplíe el horizonte de sus concepciones y que al tener varios puntos de vista, sobre una opinión, esta opinión tenga más fundamento ideológico y analítico, y que no se base tal como lo comenta Savater en “la voz de su espontaneidad, o su autoexpresión” (Savater, 1997, p. 60)

El interés hacia las humanidades es inversamente proporcional al ritmo desmesurado del reclutamiento de personal para la producción en las empresas. Mientras no se fomente cuidadosamente el interés desde temprana edad, y se mantenga este ritmo de capacitación de mano de obra calificada, cada vez se considerará menos importante el estudio de las ciencias sociales. Por ahora se considera poco rentable, pero nunca se podrá dudar de su valor intrínseco.

 

 

Foto cortesía de: El País

 

 

 

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Chrístofer Hidalgo
Estudiante.