Gane el que gane, Colombia seguirá igual

Este país seguirá igual, presenciando la misma obra de teatro, los mismos actores, el mismo trillado guion.

Opina - Sociedad

2018-05-21

Gane el que gane, Colombia seguirá igual

Los votantes colombianos juegan al unísono, una ronda de matiz macabro, en medio del zafarrancho armado frente a la puja por la Presidencia de Colombia; cual niños díscolos y testarudos, cobijados de su vilipendiada inocencia, todos se deslumbran frente a utópicas promesas, ciegamente se apasionan, se enemistan a muerte y dejan aflorar cual volcán en erupción, sus más bajas pasiones.

El círculo vicioso se repite cada cuatrienio, el telón se levanta y la obra maquiavélica repite la función: los directores, los guionistas, los protagonistas de la obra, conocen al auditorio como a la palma de su mano, están dispuestos a jugársela en escena desbordando su caudal histriónico, exacerbaran su disfrazada vocación de servicio, derraman su idílico amor al público, pero pese a su gran esfuerzo, todos lucen sobreactuados con su repentino don de gentes.

El maquillaje abunda y cubre la hipocresía, las sonrisas de Mona Lisa disimulan el cinismo, y si hace falta, al cabello tintura aplicaran y hasta los títulos que avalan su talento, como magos, del sombrero los harán aparecer.

No faltan tras bastidores los utileros entrometidos y cizañeros, armando cofradías y disputándose un puesto en primera fila, batiéndose contra ventrílocuos y titiriteros obsesionados con volver a deslumbrar al sumiso, maleable e inculto público y postrarlo egocéntricamente a sus pies.

Algunos añoran reinar vitaliciamente así sea usando marionetas armadas de la nada, todos son capaces de vender el alma al mismísimo satán. El fin justifica los medios.

La obra comienza, los aplausos y las rechiflas retumban en el teatro Colombia. La traición, la calumnia y la desvergüenza hacen parte esencial del guion.

Zancadillas repentinas en escena, tropezones inesperados, elucubraciones torpes, pueden suscitar risa, asombro, indignación, desbandada de seguidores, un negativo bajonazo de popularidad y quizás algún histrión en desventaja abandone a regañadientes la escena y tras bambalinas, engatusado será por un astuto estratega, a costa de pisotear sus principios y bajo promesas desquiciantemente tentadoras.

Solo uno de los histriones en escena recibirá los honores del público, oídos sordos prestará el vencedor a las habladurías y reclamos de los rezongueros perdedores, le importan muy poco los desatinos y triquiñuelas usadas para salir triunfante.

Confiado está el aclamado histrión ganador, en la poca memoria del auditorio, el cual reverbera como el mismísimo purgatorio, con las voces que proclaman su triunfo y los gritos enardecidos de los que alegan un fraude maquinado e infame, que pisotea una vez más, eso que llaman la voluntad del pueblo.

Algunos abandonan resignados el recinto, otros tropiezan huyendo de alguna pilatuna, vendrán reprimendas y fuertes aleccionamientos, de repente tardíos golpes de pecho, pero como vaca ladrona, los votantes colombianos, no olvidan el portillo….

Este país seguirá igual, presenciando la misma obra de teatro, los mismos actores, el mismo trillado guion, las mismas arengas enardecidas que claman un cambio absoluto, las hurras y vivas a cada nuevo ganador, con sus falaces promesas, esas mismas que se desvanecen en el aire o se borran del mármol, una vez saborean las agridulces mieles del poder y la invaluable oportunidad de perpetuarse en la historia de este peculiar, malquerido y macondiano país.

 

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Javier Hernando Santamaría
Columnista, critico de TV, argumentista y bloguero de Farándula y Critica TV Un vistazo desenfadado, pero serio al acontecer de la TV latina, como también de la realidad nacional desde la perspectiva de un simple mortal que anhela una mejor Colombia Desde 1998 junto al director Julio Luzardo coordinamos el portal magazine Enrodaje.net y Cine Colombiano Colaborador en varios portales web.