Fútbol femenino y el «cacorraje nacional»

Muchos periodistas deportivos (hombres) se refieren a las atletas como “niñas”, apelativo aparentemente inocente, pero que arrastra la fuerza y el poder de una sociedad y de un mundo masculinizado y masculinizante que sigue viendo a las mujeres como “débiles e incapaces”.

Opina - Política

2022-08-05

Fútbol femenino y el «cacorraje nacional»

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

A pesar de los logros deportivos de la Selección Femenina de Fútbol, el manejo administrativo y periodístico sigue atado a los gustos e intereses del aún vigente sistema patriarcal. Los triunfos de las jugadoras se minimizan porque en el fondo los directivos del fútbol y, una parte de los periodistas deportivos, tienen miedo de que la Selección Masculina pierda fanaticada por una razón histórica: en tantos años de extraordinario y, muchas veces exagerado apoyo económico, los jugadores han conseguido poco. Honrosas clasificaciones, que realmente constituyen “triunfos morales”. En cambio, la Selección Femenina, en poco tiempo, ya acumula triunfos y exhibe un fútbol vistoso, vertical y arrollador.

La no existencia de una liga de fútbol femenina no solo es la expresión de ese temor, sino que representa muy bien lo que Carolina Sanín llama el “cacorraje nacional”. Es decir, la cofradía de machos que pactan la exclusión y, para este caso, acuerdan minimizar los triunfos de las mujeres de la selección y desestimular la práctica deportiva por falta de apoyo económico.

Otra expresión genuina de ese pacto entre machos está atada al lenguaje que usan periodistas deportivos (hombres) que, de tiempo atrás, están al servicio de la vieja institucionalidad deportiva que no solo defiende a dentelladas el fútbol masculino, sino que es la responsable de los negativos resultados deportivos alcanzados. Justamente, esos periodistas se encargan de tapar los actos de corrupción y la negligencia de los directivos del fútbol colombiano. Igualmente, están para aplaudir y heroizar a los jugadores. También, para proponer que la sociedad entera asuma la muerte de alguno de estos “héroes” o, sus lesiones, como verdaderas tragedias nacionales. Esos mismos periodistas deportivos (machos) son los que hacen posible que los hinchas sufran o les preocupe más la eliminación de un mundial, que los crímenes de lideresas y líderes sociales.

Estos periodistas se refieren a las atletas como “niñas”, apelativo aparentemente inocente, pero que arrastra la fuerza y el poder de una sociedad y de un mundo masculinizado y masculinizante que sigue viendo a las mujeres como “débiles e incapaces”, o como diría Sanín, “subhumanas”. Jamás escuché a los periodistas referirse a los jugadores hombres como «los niños de la selección». Llamarlas niñas no solo las infantiliza, sino que las hace ver como inferiores ante el único referente que el periodismo y la sociedad patriarcal tienen como hegemónico: el ser macho, con todo lo que se le asocia: fuerza, capacidad, inteligencia, arrojo, valentía, poder, fortaleza… No, señores periodistas, no son niñas, son atletas, mujeres o jugadoras. 

Ya es tiempo de que la sociedad, el periodismo y, la institucionalidad deportiva vigente, dejen de mimar a los hombres de la selección y les exijan los resultados que las mujeres hoy lograron: clasificar a mundiales y olimpiadas, pero, sobre todo, jugar bien, dar espectáculo; y hacerlo sin las marrullas muy propias de los jugadores colombianos.

Se requiere que en la dirigencia deportiva del fútbol lleguen mujeres que realmente representen los intereses de las jugadoras del seleccionado. De esa manera es posible erosionar ese pacto que Carolina Sanín llama el “cacorraje nacional”.

En particular, ya dejé de ver el fútbol masculino. Gocé con la final Colombia vs. Brasil. Felicitaciones a las jugadoras y al cuerpo técnico. No a las directivas, porque lo logrado por las atletas es fruto de su esfuerzo, a pesar de las resistencias que generan aún en unos cuantos machos poderosos.

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.