¿Financiar a las Iglesias evangélicas con mis impuestos? ¡Claro que sí!

Las Iglesias no están obligadas a inscribirse en la Cámara de Comercio, no pagan impuestos y no tienen que reportar ingresos ante nadie.

- Política

2020-04-11

¿Financiar a las Iglesias evangélicas con mis impuestos? ¡Claro que sí!

Columnista:

Daniel Fernando Rincón 

 

El pasado lunes 30 de marzo, el pastor y senador John Milton Rodríguez, del partido de los pastores evangélicos Colombia Justa Libres, salió en micrófonos de radio a pedir que el Gobierno Nacional atendiera a los sectores religiosos dentro del plan de créditos definido para la emergencia social por la COVID-19, para que estos puedan atender sus nóminas y arrendamientos.

En otras palabras, el senador le pidió al Estado, plata para las Iglesias evangélicas, algo que es justo y necesario, entre otras, por las siguientes razones.

Las Iglesias cristianas evangélicas tienen el mandato emanado, directamente por Jesucristo, de ser la “luz del mundo”, es decir, y sin importar otras religiones y espiritualidades, los pastores evangélicos, especialmente los pentecostales, tienen el mandato bíblico de ser el faro moral de la nación y, sus palabras y prédicas, están llamadas a ser lecciones de vida para todos sin discusión, incluso por encima de los discursos de los obispos católicos.

Aunque solamente hay un problema con esto y es que la Constitución Política de 1991 garantiza la libertad de cultos y de conciencia, además, de establecer que ante el Estado colombiano todas las confesiones religiosas son iguales, razón por la cual hay tantas morales y verdades únicas como confesiones registradas o no ante el Ministerio del Interior.

Es una verdadera lástima que desde la Constitución no se pueda proteger a las Iglesias evangélicas, algo que es antibíblico a todas luces, ya que estas son la luz moral de esta pervertida sociedad colombiana.

Otra razón a favor de la financiación estatal es que las Iglesias evangélicas, especialmente de doctrina pentecostal, fieles a la gran misión dada por Jesucristo, de proclamar el evangelio a toda criatura, invierten mucho en medios de comunicación, emisoras radiales, por ejemplo, lo que implica un costo fijo que debe ser garantizado por el Estado, en aras de permitir la libertad de expresión de tan importante minoría en el país, perseguida por el ateísmo, el marxismo, el socialismo, el comunismo, el pensamiento científico liberal, los iluminatti y los masones.

Aunque, de nuevo, la Constitución establece que el Estado no tiene una confesión específica, por lo que financiar empresas radiales evangélicas, que difunden ideas que, muchas veces se basan en prejuicios y malas interpretaciones del texto bíblico y, que apelan a las emociones más básicas de las personas, mezclándolas con sagaces manipulaciones del sentido de culpa que todos tenemos, podría establecer una inconstitucional actuación por parte del Gobierno Nacional, violando la igualdad de derechos de las confesiones religiosas.

De nuevo, lastimosamente no es posible que el Estado financie a las Iglesias…

¡Qué vainas! ¡Tenemos que convocar una Constituyente!, ¡Colombia es de Cristo y de sus Iglesias, especialmente de sus pastores y apóstoles, no importa que ellos no estén formados en teología!

Finalmente, una razón de peso es el importante papel que las ONG de las Iglesias evangélicas cristianas tienen en este país. Son muchas, tantas, que no es posible contarlas. 

Es mucha la labor social que hacen las Iglesias pequeñas, mal llamadas de garaje y las grandes Iglesias en bodegas de miles de metros cuadrados, también mal llamadas mega-Iglesias; es incalculable el valor social que tienen en el país, por lo que para cumplir dicha tarea, se necesita financiación, sobre todo, porque esta se ha traducido en votos que han permitido elegir al presidente más joven de Colombia, al mejor Gobierno de toda la historia colombiana.

Sin embargo, comparándosele con micro, pequeñas y medianas empresas o con las grandes industrias generadoras de empleo, de ingresos, de riqueza, con detalladas finanzas e informes contables que pudieran respaldar un crédito bancario, las Iglesias son una persona jurídica especial, por lo que no están obligadas a inscribirse en la Cámara de Comercio, no pagan impuestos y no tienen que reportar ingresos ante nadie.

¡Pero no importa!

No importa que las pequeñas y mega-Iglesias evangélicas pentecostales no sean capaces de brindar a cabalidad los servicios de proclamación, liturgia o servicio social que, se asume, deben brindar las Iglesias cristianas, ya que si ninguna de ellas lo hace bien, ¿por qué se exigiría una formación teológica seria a los pastores pentecostales? ¿Para qué se pediría que dichos pastores mal formados, tanto teológica como psicológicamente, sean capaces de hacer que sus cultos dominicales no sean tan sensacionalistas ni tan emocionales? 

¿Qué labor social harían ese tipo de Iglesias, si los diezmos y ofrendas son el pago de los pastores mal formados y si acaso alcanza para pagar salud, pensión, riesgos laborales y demás gastos conexos al mantenimiento del contrato laboral de los familiares del pastor, y costear el arriendo de locales y de servicios públicos domiciliarios? ¿Para qué labor social si para eso está el Estado?

Eso de la labor social es de comunistas y progresistas científicos.

Así, sumadas a las incontrovertibles razones expuestas, es necesario recordar que esta inmensa minoría de las Iglesias pentecostales fundamentalistas, ha sido fiel compañera del uribismo contra el comunismo colombiano, que quiere volvernos como Venezuela, regalando mercados, pagando servicios públicos domiciliarios y dando plata a la clase media y, contra la ideología de género, que quiere dañar a los niños y las niñas haciéndoles creer que son libres de elegir su personalidad. Solo por eso, por ese apoyo es que el Gobierno de Duque debería darles financiación a los pastores evangélicos.

 

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Daniel Fernando Rincón
Zootecnista Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá. Candidato a Magíster en Producción Animal. Girardoteño. Protestante desde tiempos inmemorables. Luterano. A veces escribe en portales de opinión.