¿Excesos de la memoria?

Vivir sin una memoria abierta y dinámica que construya y destruya nuevos recuerdos, puede ser la muerte en vida para un individuo.

Opina - Sociedad

2020-04-02

¿Excesos de la memoria?

Columnista:

Christian Camilo Galeano Benjumea

 

Estar perdido en los laberintos de la vida, sin ningún recuerdo, sin memoria, no es estar perdido es, simplemente, no estar. Las imágenes que hemos ido acumulando a lo largo de los años son el ancla con la cual se construye nuestra identidad, somos los recuerdos que habitan en nuestra cabeza. Aquellas imágenes que caminan de un lado para otro permiten construir un pasado, un presente y un futuro en el cual movernos; somos herederos de la memoria y, por supuesto, del olvido.

Sin embargo, el olvido se presenta como la gran amenaza, el mayor mal del cual se huye. Buscamos aferrarnos a los recuerdos, construimos y reconstruimos las imágenes del pasado, procurando que no se borren de nuestra memoria, nos movemos a tientas intentando tomar los recuerdos uno por uno para evitar que se vayan de las manos. Luchamos con el paso del tiempo y buscamos de mil formas mantener esas imágenes intactas, pese a ello, el tiempo altera poco a poco nuestros recuerdos, muchos, de manera inevitable, terminan en el olvido.

De ahí que cause gran estupor leer el caso del marinero perdido de Oliver Sacks, en su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, donde relata cómo un hombre vive en el pasado. A aquel buen sujeto llamado Jimmie le es imposible almacenar nuevos recuerdos, su imagen está aferrada en un momento específico, unido a un tiempo interno que no se mueve. Mientras que el tiempo externo avanza de manera decidida y transforma el mundo, Jimmie vive en la eternidad sin movimiento; siempre tiene la misma edad, siempre suceden los mismos hechos y su vida se repite como una película una y otra vez sin darse cuenta de ello. Vivir sin una memoria abierta y dinámica que construya y destruya nuevos recuerdos, puede ser la muerte en vida para un individuo.

Cabe preguntarse entonces ¿Somos solo memoria? Al ver cómo Jimmie navega a la deriva en un presente que no reconoce y que solo puede ver a través de los espejos de una memoria inmóvil, Sacks logra ver parte de su ser a través de experiencias religiosas, estéticas, morales, allí el marinero perdido logra conectarse con el presente, sale de la cárcel del tiempo. Halla puntos de fuga, escasos y momentáneos, cuando ora en silencio en la capilla del centro médico, al cuidar las flores del jardín o mantener un trato cordial con sus vecinos. Jimmie roza esas otras facetas de la vida del ser humano y puede mantenerse integrado al tejido social de su comunidad. Se puede, entonces, acoger la sentencia de que el ser humano no es solo memoria.

Este caso clínico invita a pensar cuáles son los límites de la memoria, qué puede suceder a partir de una memoria petrificada en el tiempo. La búsqueda por la memoria puede llevar a la trampa de querer preservar todo recuerdo, acumular las imágenes en el tiempo; sin embargo, como bien lo notó Nietzsche, un exceso de memoria es perjudicial, enfermizo. Tanto los individuos como las sociedades necesitan una dosis necesaria de olvido, sin este pueden caer en el resentimiento que anula todo proyecto. La memoria, como en el caso de Jimmie, puede ser una condena.

¿Acaso las sociedades se han olvidado de explorar esas otras facetas de sus individuos? Debido a una lucha permanente, y necesaria, por rescatar la memoria de las manos de los grupos tradicionales, buscamos no perder esos detalles de las masacres, los asesinatos, las causas de la guerra, pero la humanidad no es solo memoria, es también como él enseña el marinero perdido, moralidad, sentimiento estético, religioso, entre otros.

Se hace necesario redimir esas facetas de los individuos, aquellas experiencias morales fundamentales de solidaridad que podemos encontrar en los campesinos, los trabajadores o las mujeres; las experiencias estéticas que se tienen en la vida y que se enmarcan en la cultura popular de las personas, en los cantos, los bailes, las comidas; buscar en los recodos de los individuos otras formas de construir sujetos morales. Quizá de esta manera pueda llegar a tener un nuevo sentido la lucha por una memoria que, a pesar de todo, perdemos a diario.

 

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Christian Camilo Galeano Benjumea
Licenciado en filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira, candidato a magister en filosofía de la Universidad de Caldas, columnista, lector e investigador.