Entre el “don” y el “doctor”

«Tengo que recordarle por enésima vez que “don” se le dice a cualquier pelafustán de medio pelo, a uno de esos mercachifles del centro, al vecino de su barrio, al zarrapastroso que recoge basuras, ¡PERO A MI ESPOSO JAMÁS!».

Opina - Sociedad

2019-05-04

Entre el “don” y el “doctor”

La siguiente narración es una anécdota que tuve hace unos años atrás, cuando me encontraba de visita en un edificio en Cali, donde funcionan bufetes de abogados, consultorios médicos, establecimientos de asesorías inmobiliarias y hasta agencias de empleos temporales.

Aguardaba a que el portero me anunciara a la oficina de destino, cuando de repente vi acercarse a una dama cincuentona, de rostro adusto, caminar erguido y actitud prepotente. La verdad, traía cara de pocos amigos. Por los gestos dibujados en el rostro del hombre de seguridad, adiviné que la mencionada fémina venía con un propósito muy específico: regañarlo.

Dama: Oiga Martínez, cuándo será que usted va a entender las cosas. Estoy cansada de repetírselas, pero a usted le entran por un oído y le salen por el otro. Yo le advertí que de repetirse esa inadmisible falta de respeto suya para con mi esposo, elevaría la queja a la administración solicitando su cambio inmediato.

Mientras la señora hablaba con ese tonito chocante autoritario e inquisidor, el portero la observaba momificado, me atrevía a intuir para mis adentros qué clase de pensamientos cruzaban por la mente de aquel muchacho, quien no se atrevía a mascullar palabra alguna, sus ojos permanecían clavados en la humanidad de su interlocutora.

Un cuestionamiento me planteé en esos minutos: ¿qué sería eso tan grave e inadmisible, que tenía tan sumamente molesta a la dama?

Dama: Imagino Martínez que usted tiene 2 dedos de frente, que hizo al menos la primaria y que yo, además, no le hablo en chino, como para que usted siga diciéndole a mi esposo: “don Fernando”.

El portero de repente exclamó con cierto temor.

Portero: ¡No volverá a pasar doña Maritza…! ¡Perdón, doctora Maritza!

La dama apagaba los ojos como muestra de explayada intolerancia, evidenciaba que, ni minúsculamente, soportaba al supuesto portero insolente.

Dama: Cuántas veces me ha dicho lo mismo Martínez, tengo que recordarle por enésima vez que “don” se le dice a cualquier pelafustán de medio pelo, a uno de esos mercachifles del centro, al vecino de su barrio, al zarrapastroso que recoge basuras, ¡PERO A MI ESPOSO JAMÁS! Qué difícil es para usted  respetar y llamarlo ¡DOCTOR FERNANDO!

¿Acaso no ha visto todos los títulos que tiene en el consultorio, los reconocimientos internacionales?;  me imagino que tampoco sabe que el doctor Fernando ha escrito 10  libros, que tiene cientos de  galardones que le han dado internacionalmente, como para que “usted”… Un vigilante tarado, se atreva a decirle “don Fernando”.

Me quedé mirando fijamente a la energúmena dama. La verdad no veía justificación en la reprimenda verbal que le daba al portero por el hecho de decirle “don” en vez de “doctor”, como ella creía, se lo merecía tan prestante personaje, un médico reumatólogo de cierto reconocimiento en Cali.

La dama se alejó de la recepción igual de ofuscada y con un solo propósito, lograr la salida del portero insolente, quien me miró con rabia e impotencia reprimida, acotando en voz baja:

Portero: tanta güevonada con eso del “doctor”, como si todos no fuéramos iguales ante los ojos de Dios, uno se muere y nada se lleva, todos vamos para el mismo hueco y todos, ricos, pobres, doctores, presidentes, y hasta el Papa, somos una mortecina cuando morimos…O no mi don.

Yo le repliqué con una sonrisa: “a veces toca llevarle la idea a la gente, seguirles la corriente”.

A propósito de ese tema del uso generalizado y a veces distintivo, del  “don” y el “doctor”, cuando el alcalde de Cali Maurice Armitage, el  7 de octubre de 2016, promulgó el decreto que abolía el llamar “doctor” a los funcionarios, con el propósito de generar un ambiente de igualdad, el asunto no cayó nada bien en los altos y medios mandos, pues muchos consideran aún que el hecho de tener reconocimientos profesionales, maestrías, magíster, y otra serie de arandelas y títulos los inviste de cierto rango jerárquico que debe resaltarse ante los subordinados y usuarios.

«Las personas brillantes se distinguen, no por la obtención de un título o por la ausencia del mismo, sino por la suma excelente de unos valores y méritos que le hacen distinguirse del resto y ser muy interesante para cualquier compañía», Francisco Manuel Vargas.

 

Foto cortesía de: CNN

 

( 1 ) Comentario

  1. Replygilberto Peinado

    La Verdad es que eso para mi ni da ni quita el hecho que te llamen Don , como dice la publicación al final es muy cierto a las personas se les exalta por sus méritos personales en lo concerniente a la Sencillez, Humildad y la forma como interactua con las demás personas de su entorno, compañeros de trabajo, vecinos . Ahora en Colombia existe un ejemplo palpable a los miembros del congreso les llaman Dr. y la Inmensa mayoria son seres Despreciables por que engañam al pueblo que los elije, ahora alos Delincuentes también se les llama Dr. caso conreto ak Narcoparamilitar y Asesino Genosida del Uribe Velez le dicen Dr.

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Javier Hernando Santamaría
Columnista, critico de TV, argumentista y bloguero de Farándula y Critica TV Un vistazo desenfadado, pero serio al acontecer de la TV latina, como también de la realidad nacional desde la perspectiva de un simple mortal que anhela una mejor Colombia Desde 1998 junto al director Julio Luzardo coordinamos el portal magazine Enrodaje.net y Cine Colombiano Colaborador en varios portales web.