En Bojayá “cayó” el gordo

Tras broncearse sus voluminosas carnes en las playas de Cartagena, el presidente Iván Duque retornó a sus labores como jefe de Estado.

Opina - Política

2020-01-14

En Bojayá “cayó” el gordo

Columnista: Miguel Cárdenas.

 

En uno de sus primeros actos de 2020, el presidente Duque decidió viajar este sábado 11 de enero —tras un año y cinco meses después de posesionarse— al municipio de Bojayá, misma población a la que no asistió cuando se entregaron tras 17 años de espera los restos de los fallecidos en la toma a dicha población por parte de la guerrilla de las FARC y los paramilitares de las AUC.

Y es que la visita del adiposo gobernante se convirtió en todo un reto, inicialmente porque su llegada se hacía en uno de los momentos más críticos de su carrera política. Ese mismo sábado nuevamente el estruendo de un escándalo de “chuzadas” a opositores del uribismo volvió a ser tendencia nacional gracias a la denuncia de la revista Semana.

Y, por otro lado, porque de seguir el errático rumbo de su gobierno durante este año, todas las aspiraciones electorales de su partido para 2022 se irán irremediablemente al caño.

Por eso, nuestro mofletudo mandatario, se vistió con aquella pinta consistente en jean y camisa sin corbata —y remangada en los codos— que recuerda los viernes de los oficinistas; y “cayó” a esas lejanías olvidadas por Dios y la patria, mismas tierras a las que por tanto tiempo Duque “les hizo el feo”.

A su llegada, el presidente hizo lo que siempre hace en sus giras: ir a mirar unas obras, prometer otras, extender saludos, fingir interés en los problemas de la gente, etcétera.

Motivado tal vez por los concejos de su nuevo flamante encargado de comunicaciones, el gemólogo Hassan Nassar, Duque decidió rodearse de los niños bojayacenses y encima “romper el protocolo” cargando a uno de ellos, en un afán por la aprobación de los medios que le acompañaban.

Sin embargo, a la hora de dar declaraciones a la prensa, el preparado show de Duque empezó a agrietarse con las declaraciones que brindó.

Poniendo su habitual cara anodina comenzó la retahíla de ideas tan inexpresivas como las que se leen en sus declaraciones-planillas de Twitter cada vez que un líder social es asesinado.

‘Hemos tenido una conversación muy linda, muy sincera con los niños. Nos han pedido mejorar la infraestructura deportiva. Hemos hecho un inventario. Vamos a inaugurar un acueducto. Hay un gobierno y un presidente que los quiere. (“Que los quiere”: ¡si acababa de conocerlos!)’, escribió la columnista de El Tiempo Yolanda Reyes, haciendo una genial recopilación de las declaraciones del obeso jefe de Estado en Bojayá.

La mitad del show se consumó cuando Duque se refirió a las últimas denuncias de los pobladores de Bojayá sobre la presencia de miembros de grupos paramilitares el pasado 31 de diciembre y la toma armada en la población de Pogue por parte de miembros del Clan del Golfo.

Sobre esto —en declaraciones recogidas por el portal TRT Español— Duque, con esa cara de decir nada, dijo mucho: No queremos bandidos en Pogue. Ustedes los llaman paramilitares, para mí son narcotraficantes.

Que saque el lector sus conclusiones sobre lo que quiso decir el presidente en esta frase.

Sin embargo, algo rompió la somnolienta gira presidencial por Bojayá. Y es que al ser cuestionado sobre la salida del polémico general Nicacio Martínez, Duque trató de poner su mejor cara de bravo (posiblemente inspirado en su mentor) y el resultado no pudo ser más patético, desastroso y comprometedor; tal como lo retrató la columnista Reyes.

Con esa crispación que ‘regaña’ al que osa hacer preguntas, lanzó otra sarta de frases hechas sobre el currículum ‘intachable’ del general y sus 28 años de servicio. ‘Me esgrimió a mí (sic) razones personales que entendí’, respondió, y continuó su monólogo sobre manzanas podridas, ir al fondo de la investigación y tolerancia cero. ¿Significa que, en serio, el Presidente fue el último en enterarse de lo que hacía el jefe de las Fuerzas Armadas bajo su mando? ¿O significa que miente?

Y uno pensaría que después de semejante chasco la cosa quedaría ahí, y que con eso los periodistas que acompañaron al mandatario ya tendrían justificado su viaje, pero faltaba la “perla del día”, que digo, ¡La perla de todo el mes! (y eso que todavía quedan 18 días de “sorpresas”).

Nuevamente, tal vez, aconsejado por su flamante consejero Nassar, nuestro sobre pesado presidente decidió que la mejor solución que su gabinete podía ofrecerle a todos los problemas de los niños de Bojayá era nada más y nada menos que… ¡un paquete de dulces!

Pero aclaremos: un paquete de dulces de cinco mil pesos, para todos los niños que estaban acompañando su comitiva; algo así como media chupeta para cada niño. Ni Sarmiento Angulo, el hombre más avaro del país, se atrevió a tanto…

Y es que esto refleja como el verdadero partido Centro Democrático percibe al resto del país. Para ellos, los que no cumplan con sus lineamientos mínimos de pureza de sangre, de abultadas chequeras y de pensamientos guerreristas no merece nada, o bueno, uno que otro dulcecito por ahí.

Por eso, como bien lo plasmó un usuario de Twitter, El presidente reparte colombinas en un lugar que escasea la comida y la vicepresidenta ofrece carreras virtuales y allá casi no hay energía. Soluciones de gobierno. Seguro que ahora sí el Chocó saldrá de su crisis humanitaria.

Pobre Chocó y pobre Colombia a la que le cayó este gordo, que más que un estadista que genera soluciones para su pueblo —gracias a su incompetencia y sus imprudencias— más parece un generador de memes y de escándalos.

Y pensar que todavía le quedan dos años en el poder a este político con espíritu de animador de fiestas. Que Dios nos coja confesados…

 

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Miguel Cárdenas
Educador, politólogo de la Nacional, crítico, fugaz.