Elogio a la primera línea: entre la represión y la utopía

La primera línea es ruptura de todo orden existente, está capacitada para accionar directamente en contra de las formas de violencia ejercidas día a día sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros afectos comunitarios, sobre nuestros sueños colectivos por una Colombia diferente.

Opina - Cultura

2021-08-06

Elogio a la primera línea: entre la represión y la utopía

Columnista:

Andrés Felipe Suárez López

 

Escribir es un acto de banalidad cuando su único objetivo es enseñar o convencer, más bien, todo acto de escritura tiene sentido toda vez que es político, porque descansa en una coyuntura específica; en este caso, escribo por y para los compañeros, escribo motivado por ellos, por los que resisten, por los que al calor del tropel reconocen su dimensión histórica en este proceso. A este pueblo pertenezco, y somos, porque la utopía de una Colombia diferente es nuestra, porque la calle es nuestra y de todos aquellos que, siendo invisibles, los nadie, han afirmado que ahora somos.

Siendo así, este acto no pertenece a nadie, ni a mi persona, o bueno tal vez pertenece a la épica del movimiento, a la sonoridad de una canción. Es un hecho que mientras suena Me and you de Bretton Woods procuro llevar a cabo este elogio. Es como si quisiera que esta canción sonará de fondo mientras nos juntamos, mientras seguimos conspirando y organizando nuestra avanzada. Imagina que estás en ese instante en el que tu película favorita se hace memorable o de culto cuando suena de fondo la canción correcta —supóngase que El club de la pelea no terminará con Where is my mind de Pixies. ¿Acaso, significaría lo mismo?–. Nuestra lucha es también por la recuperación de la épica, y la épica revolucionaria es sonora, porque resuena. Nuestra digna rabia está resonando.

Todo es mentira, no existen escritores «virtuosos», esta llamada «virtuosidad» no es más que la fe ciega al individualismo; al rancio convencimiento de que escribir le pertenece a unos cuantos. Todos los escritores que se han atribuido la capacidad de escribir serán olvidados, no por falta de formación del pueblo, de nosotros, sino por el hecho de que el pueblo ya no necesita de líderes, caudillos, rectores y ninguna jefatura que conduzca su rabia. Llosa, Valery, Hemingway, Borges y un largo etcétera pertenecen a la historia que ellos mismos han contado. Nosotros, por otro lado, estamos reescribiendo la nuestra, con el significado que tiene escribir en Colombia.

La imagen del líder carismático también es falsa, ya que se entiende que ningún horizonte revolucionario por pequeño que sea puede ser realizado por una sola persona, o por un grupo organizado; más bien, este movimiento popular, del pueblo, nos ha demostrado que no hace falta de los protagonismos coyunturales, porque estos, siempre terminan por defraudar esta causa, ya que una causa colectiva excede cualquier voluntad particular y la destruye. Por todo esto, la primera línea ha afirmado que la primera línea no creó el paro nacional, el paro nacional creó la primera línea.

La primera línea es ruptura de todo orden existente, está capacitada para accionar directamente en contra de las formas de violencia ejercidas día a día sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros afectos comunitarios, sobre nuestros sueños colectivos por una Colombia diferente. Esta acción devela las violencias silenciadas por el pacifismo mezquino del progresismo, y la represión ejercida por la ultraderecha. La crítica más certera a la institucionalidad fascista no ha sido pronunciada por las denominadas «fuerzas alternativas», estas organizaciones no son más que una «izquierda» de corbata, ilustrada y burguesa. La primera línea es entonces el único contrapoder existente.

Sabemos que no todas las violencias son iguales, y que la nuestra es diferente, ya que tiene potencia de vida, agencia en común la barricada, la alegría y el amor revolucionario. No desconoce, ni rechaza, ni discrimina a nadie, ni tampoco reconoce, destaca ni prioriza a nadie; ya que la travesía de la acción directa, de la capucha, es un esfuerzo por desaparecer el reconocimiento capitalista; que se esfuerza por destacar algunos mientras rechaza a la mayoría. Sin embargo, se pertenece a este proceso toda vez que se lucha por la liberación.

La primera línea nos recuerda que «popular» viene del latín populor que significa devastar. Devastamos cuando se ha impuesto la lógica de muerte, devastamos cuando nuestro derecho a la democracia se ha vulnerado históricamente, devastamos cuando nuestro pueblo no tiene acceso a educación ni salud, devastamos cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres. Devastamos por nuestro derecho a la violencia, a una violencia revolucionaria, que es, se repite, diferente a la de Duque y sus secuaces.

No hace falta mencionar que el alcance y objetivo de tanta resistencia y lucha, que a veces nos desborda, ya tuvo su efecto político en la sociedad colombiana. No hace falta bajar la reforma tributaria, o forzar la renuncia de Carrasquilla, ni mucho menos impedir la realización de la Copa América, nuestro mayor logro está siendo, se está configurando ahora mismo y es imparable. La permanencia de vínculos, de amistades, proximidades territoriales, puntos de resistencia y acciones colectivas van a permanecer siendo, porque somos un hormiguero de muchos mundos, ahora un mundo hecho de un cúmulo de indignación, represiones y de utopías que están por realizarse.

Recordemos que lo real es lo que resiste.

Primera línea de escritores.

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Andrés Felipe Suárez López
Estudiante, en de-formación, interesando en las Ciencias Sociales e ilusionado por hacer de la escritura una experiencia. No escribo sólo para manifestar mi opinión, sino para que los lectores la pongan en duda y la controviertan.