Elemental, mi querido Holmes Trujillo

Se supone que usted es el detective, pero como parece no renunciar, somos nosotros los que se lo tenemos que decir: ¡renuncie!

Opina - Política

2020-09-30

Elemental, mi querido Holmes Trujillo

Columnista:

Julián Bernal Ospina 

 

Se supone que usted es el detective, pero como parece no renunciar, somos nosotros los que se lo tenemos que decir: ¡renuncie! Ahora, los Watson lo iluminamos de sabiduría y dignidad. ¿Ve cómo invertimos todas las cosas? Es elemental, mi querido Holmes Trujillo. Un razonamiento deductivo al que podría llegar si no se esforzara tanto en hacerse el de la vista gorda, y si no concentrara su preocupación en las próximas elecciones.

Pareciera más preocupado por garantizar que el séquito religioso que lo sigue mantenga sus creencias en su figura, que en resolver con altura lo que sucede hoy en el país.

Estoy siendo demasiado condescendiente. Me perdonará. A veces me elevo y dejo de ver «cualquier» hecho, en «cualquier tiempo», ejecutado por «cualquier miembro», tal y como usted lo dijo en ese acto de perdón que le salió tan espontáneo, y en el que pareció haberse esmerado más en repetir los números de la sentencia de la Corte que lo obligaba a pedir perdón, que en sentir la empatía y el dolor de las víctimas.

Me perdonará por olvidar que es claro que no falta usted a ningún razonamiento, sino que, más cuerdo que nunca, sabe utilizar la palabra para decir y dejar de decir. Perdóneme por no ver ese otro apellido que lo acompaña, el que por estos días representa tan bien: Trujillo. Un papelazo el del generalísimo dominicano. Cualquier Andrés Parra lo envidiaría. Solo que usted sí lo hace de verdad.

Doctor, mire. Los hechos son evidentes. 13 asesinatos en manifestaciones en un par de días, y centenares de denuncias de abuso policial en el año. Más de 60 masacres hasta septiembre y la sensación de que la violencia se multiplica cada vez. Asesinatos a líderes sociales. Comunidades indígenas y afro acechadas.

Y usted, en vez de reconocer lo que pasa, dice que quienes denunciamos los hechos de violencia hacemos «política con la sangre», que lo calumniamos y agitamos las banderas de la izquierda radical solo para deslegitimar el gobierno del que es parte.

Con esto me hace pensar que no está entendiendo nada. Pero, yo sé que sí entiende. Usted sabe que si da en algo su brazo a torcer los Fernando Londoños lo arrinconarán y no sabrá qué responderles, Álvaro Uribe lo tildará del segundo Judas, las Maria Fernandas Cabales le dirán que se alineó con el castrochavismo. Sé que está pensando en su puesto y en su futuro. Perdóneme si no considero que solo está preocupado por tener en un par de años un puesto que le permita vivir. Discúlpeme, doctor, esa falta de cortesía de mi parte. Le mando mis sinceras y espontáneas disculpas.

Nunca había tenido un caso tan fácil. Ahora somos los Watson los que sabemos atar los cabos sueltos, y percibimos quién es el asesino que se esconde detrás de la pose de inocente. Conocemos también cómo usted mismo había sido lo que critica ahora –un agitador desaforado–, y en este momento quiere hacernos creer que, tras el velo institucional, y con una retórica más bien barata, es el guardián de la Constitución y del Estado colombiano. No lo es. Se comporta como el escudero de una facción, como el guardián del poder que tanto se esforzaron en recuperar y que, con esas maniobras politiqueras de tinterillo, va de aquí a allá dando cátedra de derecho, cuando es el derecho el que parece haber olvidado.

Somos conscientes de que no renunciará. Tampoco su renuncia cambiará sustancialmente las cosas. Pero que quede este precedente en la historia política colombiana de cómo usted, por querer mantener el poder, desprestigió toda la dignidad que había sido posible conquistar.

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Julián Bernal Ospina
Soy por vocación escritor. Trabajo como escritor freelance. Ahora vivo en Bogotá, pero siempre he llevado a Manizales en la sangre y en la voz. Escribo ficción y no ficción. En no ficción, sobre temas políticos y culturales. He trabajado en investigación y educación con La Salle, y con un proyecto de Colciencias llamado Narrativas de paz en contextos educativos rurales. Voces de maestros y maestras. Con ese trabajo, he tenido la oportunidad de conocer diferentes y hermosos departamentos de Colombia como Casanare, Chocó, Atlántico, Huila, Caquetá, Norte de Santander, Putumayo, entre otros. Conocer otros países como Guatemala y Costa Rica. Conocer maestros, trabajar con investigadores, y aprender de hermanos de La Salle. Para mí, a través de los años, la escritura ha sido una forma de encontrarme, y una forma de involucrarme con la humanidad de los otros. Tengo un blog en el que escribo sobre literatura en la coyuntura: julianbernalospina.com. Me preocupa sobre todo la imaginación. Defiendo la idea de que la literatura es un lugar de riqueza y sensibilidad humana que toda persona tiene el derecho de vivir.