El virus del planeta Tierra: los perniciosos invasores

Algo está mal en el planeta Tierra, varias señales ambientales demuestran que hay un virus que está destruyendo las diferentes formas de vida.

Opina - Ambiente

2020-03-23

El virus del planeta Tierra: los perniciosos invasores

Columnista:

Andrés Villa

 

De acuerdo con la teoría creacionista, el hombre concibió su vida en la Tierra por la obra divina de uno o varios dioses. El Darwinismo dice que el ser humano evolucionó del mono, es decir, que también en este caso puede creerse que proviene de este planeta. Estas son las ideas más aceptadas.

La cuestión, es que, si realmente el ser humano proviene de la Tierra, ¿por qué resulta nocivo para esta?

Por ejemplo, el hombre parece no saber convivir con otras especies. Él llegó a este mundo y empezó, no a compartir los terrenos de otras formas de vida, sino a invadirlos y demostrar su superioridad: inició la explotación de animales, a los cuales, todavía captura y maltrata para ridiculizarlos en bochornosos espectáculos circenses con el fin de entretener a la gente a cambio de dinero. Incluso, los caza para exhibirlos como trofeos y alimentar su grotesco ego.

Es preocupante la situación, según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN: el 41% de los anfibios, 25% de los mamíferos, 34% de las coníferas, 14% de las aves, 30% de los tiburones y rayas, 33% de los corales de arrecife, y 27% de los crustáceos están en vía de extinción. En total, hay más de 30 mil especies en peligro de desaparecer.

Sin embargo, el día en que las personas diseñaron y aceptaron vivir bajo un sistema que los condenaba a ser juzgados ante los demás por su nivel de consumo, pusieron en jaque al planeta porque la sociedad humana optó por convertirse en un depredador insaciable de productos para cumplir la ley de usar y tirar, sin importarle en lo más mínimo los recursos naturales: así es el capitalismo.

La activista Annie Leonard, en su documental The Story of Stuff de 2007, expone muy bien la problemática del modelo consumista: “solo en las últimas 3 décadas, un tercio de los recursos naturales del planeta han sido consumidos y agotados: talando, extrayendo, transportando y arruinando el lugar tan rápido que estamos socavando la capacidad del planeta de soportar la vida humana, usamos más de lo que nos corresponde”.

Pero, a la mayoría de hombres y mujeres poco o nada les interesa, de hecho siguen comprando y desechando cosas sin parar, entre esas, muchos objetos plásticos que son de un solo uso y  pueden tardar de 100 a 400 años en degradarse.

Es más, el ser humano parece lucir  tan tranquilo ante la problemática, que ha fundado cinco islas de basura: una en el Océano Índico, dos en el Pacífico (una en sur y otra en el norte), al igual, que las dos del Atlántico. Estos parches de desechos flotantes son la máxima representación de la vergüenza e indiferencia humana, dejando al descubierto su incapacidad de limpiar toda la podredumbre que produce ese apetito voraz de tener cada vez más.

Un estudio de la fundación The Ocean Cleanup demuestra que la mancha de basura oceánica más grande es la del Pacífico Norte, ubicada entre Hawái y California, la cual cubre un área superficie de 1.6 millones de kilómetros cuadrados, tres veces más grande que Francia. Este contiene más de 1.8 billones de piezas de plástico que pesan unas 80 mil toneladas, y 94% de los escombros son microplásticos de 0.5 centímetros. Ni hablar de la cantidad de animales marinos que mueren por estos desechos, lamentable.

 

El virus arboricida

Por otro lado, hombres y mujeres, sobre todo después de la Revolución Industrial, producen una gran cantidad de gases de efecto invernadero que pertenecen, en su mayoría, a fábricas de combustibles fósiles, pero también a la deforestación, la agricultura, el derroche de energía, entre otras cosas, que al final son las responsables del calentamiento global que aumenta la temperatura de la atmósfera y el océano.

Las consecuencias de este fenómeno, ya son latentes y fueron evidentes en los incendios forestales de Australia que arrasaron con 12 millones de hectáreas de bosque, o el del Amazonas, en agosto de 2019, que conforme a cifras del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, perdió 2.5 millones de hectáreas por el fuego.

Para el modelo de consumo humano, el arboricidio es justificado, los árboles resultan estorbosos para la ganadería extensiva o la siembra de cultivos, pero sobre todo, para el afán humano de poner más cemento y  levantar altas edificaciones en función de un supuesto desarrollo.

Un informe de Global Forest Watch, aplicación que monitorea los bosques mundiales, reveló que en 2018 el planeta perdió 12 millones de hectáreas de bosque tropical, y destacan la desaparición de un área forestal virgen del tamaño de Bélgica, 3.6 millones de hectáreas. Los países que en ese año registraron la mayor destrucción de selva primaria fueron: Brasil con 1.3 millones de hectáreas; República Democrática del Congo, 481.248; Indonesia, 339.888; y Colombia, 176.977. 

Es penosa la velocidad con que las personas desnudan a la tierra de su vegetación. Quizá si lo árboles ofrecieran wifi, en lugar de oxígeno, cada persona sembraría un árbol en casa y no estarían destinados al yugo de la deforestación.

 

Los piratas invasores

Otra evidente señal del cambio climático a causa de la actividad humana, es el derretimiento de los casquetes polares, una prueba de la complejidad del asunto sucedió el pasado 9 de febrero de 2020, cuando la Organización Meteorológica Mundial informó la temperatura más alta jamás registrada en la Antártida, 20,75ºC.

Por supuesto que esto ha empezado a afectar a los animales que habitan el continente blanco, el 10 de febrero de 2019, varios medios de comunicación informaron cómo 52 osos polares migraron a Belushya Guba, un pueblo de la zona ártica de Rusia, en busca de alimento en los contenedores de basura. Es increíble ver a este animal alimentarse desesperadamente en manada de los desechos humanos, en vez de estar cazando, pues es uno de los carnívoros más formidables de la Tierra. Algo no está bien.

Sin duda, el daño ambiental ocasionado por la actividad de las personas es un hecho, ya que, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, IPCC, advirtió en un informe que si la temperatura global no se mantiene en un máximo de 1,5ºC, el impacto del calentamiento global podría ser irreversible.

El IPCC manifiesta en su estudio que para mitigar los efectos negativos hay que disminuir las emisiones de dióxido de carbono, CO2, en un 45% para el año 2030 y reducirlas en su totalidad para 2050.

De no ser así, el nivel del mar aumentaría 10 centímetros más, ocasionando inundaciones que expondrían a más de 10 millones de personas; sería la extinción de especies como los arrecifes de coral y desaparecería la pesca a pequeña escala; subiría la incidencia de enfermedades como dengue y malaria; habría sequías y escasez de cereales como maíz, arroz y trigo; se dispararía la pobreza y los casos de incendios forestales sucederían con mayor frecuencia. Solo por mencionar algunas cosas.

Son más que claros los efectos perjudiciales que la actividad humana provoca en la Tierra y en otras especies de vida que la integran, a tal punto que llega a amenazar su propia supervivencia, resultado de un estado de inconsciencia, indiferencia y egoísmo del ser humano no solo con el planeta ni con otros seres vivos sino, también, con sus futuras generaciones.

Cómo puede ser el hombre originario de la Tierra, al contrario, desempeña muy bien el papel de pirata: saqueando y devorando todo lo que hay a su paso para formar grandes montañas de desperdicios y porquería que contaminan todo el lugar, está llevando todo la capacidad del planeta al extremo, de tal manera, que este empieza a mandar señales de enfermedad, de que algo anda mal.

Incluso, podría pensarse que el tan mencionado coronavirus, en realidad es un ‘anticuerpo’ del planeta Tierra, que trata de combatir el verdadero virus que resultan ser los seres humanos, los perniciosos invasores.

 

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Andrés Villa
Estudiante de Comunicación Social - Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga. Periodista del Periódico Plataforma (UPB) y productor del programa radial ¿La Mermelada? de la emisora universitaria Estación V.