El retrovisor de Juan Manuel Santos

Ojalá que contrario a sus últimos tres antecesores, acepte con estoicismo que su oportunidad ya pasó, y no siga intentando aferrarse al poder.

Opina - Política

2018-04-06

El retrovisor de Juan Manuel Santos

“Cuestionable” es el adjetivo que mejor define la gestión del saliente presidente Juan Manuel Santos.

La sombra del escándalo de Odebrecht y su campaña, su inoperatividad frente al reciente derrame de miles de barriles de crudo en el pozo de Lisama 158, o frente a la caída del puente de Chirajara, el poco avance de la reconstrucción de Mocoa, el silencio frente a los asesinatos de cientos de líderes sociales a lo largo del país son tan solo algunas de las deudas con las que queda el futuro expresidente para el país.

Pero hay innegables avances que Colombia está en mora de reconocerle a Juan Manuel Santos y ojalá que la historia sí lo haga.

Santos entrega en 2018 un país sustancialmente mejor al que recibió; con el no menor logro de haber desarmado a la guerrilla de las FARC, la más antigua del continente; en un proceso de paz que se adelantó contra viento y marea, y con una oposición feroz de la siempre guerrerista extrema derecha. Además, tiene al ELN sentado en una mesa de negociación con toda la voluntad de parte del Gobierno y al mismo tiempo dándole duros golpes a sus cabecillas, así como a los líderes de las BACRIM como la del Clan del Golfo.

Entrega un país con un índice de homicidios de 24 por cada 100.000 habitantes, aún alto, claro, pero no deja de ser meritorio que sea el más bajo en los últimos 30 años.

Su gobierno dio la oportunidad a personas como el exviceministro del interior Luis Ernesto Gómez que demostró que los jóvenes también pueden obtener resultados cuando se les encarga altos cargos del Estado.

Fue valiente al tener por primera vez a dos ministras abiertamente LGBTI (Parody y Álvarez Correa) al frente de dos carteras tan importantes como la de educación y transporte; lo que en últimas envía un mensaje a la sociedad que las personas LGBTI deben ser incluidas en la administración pública, por sus capacidades y sin que su preferencia sexual sea una talanquera para ello.

La diplomacia la manejó con pies de plomo, lo que sacó a Colombia de la posibilidad de confrontación armada con Venezuela, para la que nos llevaba el anterior Gobierno. También, gracias a la gestión de la cancillería, hoy los colombianos pueden entrar a más países sin necesidad de visado, y logró generosas contribuciones económicas para la financiación de la paz de países como Suecia, Noruega y Suiza. (Que a propósito, hoy por hoy andan pidiendo cuentas de cómo se han invertido esos dineros).

El balance del posconflicto, aunque agridulce, es de todas formas meritorio. Aunque la implementación del acuerdo de paz y asuntos como la Justicia Especial para la Paz y la sustitución de cultivos están a medio camino; la gestión de Rafael Pardo demuestra que el Estado colombiano hoy llega a lugares donde antes nunca había llegado y así, justamente, es como se construye la paz.

En materia de justicia, aún con algunos desaciertos en las ternas de magistrados de Altas Cortes, debe abonársele que nunca interceptó, interfirió ni se confrontó con la Rama Judicial, lo cual brindó estabilidad a la institucionalidad del país durante su gobierno.

Finalmente en materia de educación, gracias a Ser Pilo Paga, su bandera en materia educativa, y aun cuando este programa tiene sus vicisitudes y el próximo gobierno debe trabajar para que los recursos públicos no se vayan a las universidades privadas sino para las públicas, este representó la oportunidad para miles de jóvenes ‘pilos’ de adelantar sus carreras en las mejores universidades del país, algo impensable hace algunos años.

Pero lo que probablemente sea mejor de Juan Manuel Santos, es que como expresidente va a cumplir con su promesa de irse a dictar clase al salir de la Casa de Nariño, de sacarle provecho al Nobel de Paz. Ojalá que contrario a sus últimos tres antecesores, acepte con estoicismo que su oportunidad ya pasó, y no siga intentando aferrarse al poder.

No deja de ser paradójico que aun cuando se va con el peor de los  índices de aceptación de los últimos gobiernos, las cifras demuestren que ha sido el mejor de la historia reciente de este país —sin que eso signifique que haya sido excepcionalmente bueno—.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

David Acevedo
Opinión.