El «pao, pao» del papa a una mujer por halarlo

Lo que debemos cuestionar es la existencia de los ídolos y su complacencia, al ver que tienen a millones de seguidores que alimentan sus enormes egos.

Opina - Sociedad

2020-01-03

El «pao, pao» del papa a una mujer por halarlo

Columnista: Germán Ayala Osorio

 

El manotazo de rechazo y desaprobación que el papa profirió contra la feligresa que lo haló de su mano derecha, constituye un hecho mediático, religioso y político.

Para efectos de esta columna, a la atribulada señora la llamaré “Pao Pao”, en alusión a la forma “amable” como se suele reprender a los menores antes o después de cometer alguna pilatuna.

Lo primero que hay que decir es que la reacción, un tanto violenta del sumo pontífice, se da en respuesta a la forma, también violenta, con la que “Pao Pao” hala la mano derecha de su admirado papa.  Y curiosamente, es con la odiada izquierda, con la que Bergoglio termina reprendiendo a su seguidora.

Después de que la imagen le diera la vuelta al mundo en cuestión de instantes, el máximo jerarca de la Iglesia católica se vio obligado a pedir perdón por su reacción. Y lo hizo, enmarcando el impase en lo que se conoce como formas de violencia contra la Mujer. Me parece que el papa hizo lo correcto.

Voy a tratar de ir un poco más allá del hecho mediatizado, que sirvió para la creación de memes y, por supuesto, inspiró a grupos de feministas para recordar que vivimos en un mundo fundamentalmente patriarcal, machista y masculinizante.

Hay una primera circunstancia que debería de suscitar la reflexión, más allá de fustigar al sumo pontífice por haber reprendido de esa manera a “Pao Pao”. Y esa circunstancia está representada en la relación papa-Feligrés, o, en otros términos, entre el ídolo y el fanático. Es aquí en donde radica el real problema de lo acontecido.

La coexistencia entre unos y otros es el caldo de cultivo de esas reacciones humanas, fruto del cansancio de un papa octogenario, que como ser humano, se fatiga y hasta puede, en algún pasaje de largos recorridos, pensar en la insensatez de sus propios seguidores, fruto del agotamiento.

Igual ha sucedido con reacciones de otros ídolos no religiosos, pero que congregan a millones de seguidores, como si se tratara de feligreses. Hablo de deportistas y artistas, que deben soportar el desespero, las presiones y los gritos de sus fans, para tomarse una fotografía, tocar sus manos, halarlos de las camisetas, abrazarlos, en fin…

Entonces, el problema de lo ocurrido con “Pao Pao” no radica exclusivamente en la reacción de Bergoglio, sino en la existencia misma de la feligresa y de la figura del papa.

Lo que debemos cuestionar es la existencia de los ídolos y, sobre todo, la complacencia de estos, al ver que tienen a millones de seguidores (ciegos y sordos) que alimentan no solo sus enormes egos, sino que sirven a los propósitos institucionales, para el caso de la Iglesia católica.

Es precisamente la Iglesia católica la que funge como la más grande multinacional responsable, en buena medida, de la explosión demográfica, y por supuesto, de los efectos ecológicos y ambientales que hoy hacen parte de lo que se conoce como el cambio climático. De igual manera, es la responsable de los procesos de dominación de la mujer y su reducción  a objeto reproductor.

El papa necesita tener a millones de cautivos seguidores y fanáticos de su figura. Ese es su trabajo: extender en el tiempo esa forma de dominación religiosa, ideológica y política. Eso explica la rápida petición de perdón de Bergoglio, pues no se puede dar el lujo de perder la enorme clientela, que le asegura tantos réditos económicos a la Iglesia católica.

Figuras como el sumo pontífice y los deportistas y cantantes que han tocado la “gloria” gracias al reconocimiento y las reacciones exageradas de sus fanáticos, deberían de hacer un llamado a sus seguidores para que morigeren sus expresiones de afecto. Desconozco si haya sucedido algo parecido.

Termino esta columna, así: ningún ser humano merece ser idolatrado, venerado, reverenciado y perseguido como sucede con el papa, deportistas y artistas. Como diría Bergoglio si no fuera papa: dejate de boludeces.

 

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.