El país de las emociones tristes

Pese a pretender una transformación para el país, no hemos entendido aún la necesidad de la autocrítica; y esto va no solo para quienes nos arropamos bajo las banderas de la izquierda moderada y la centroizquierda, sino también para aquellos apolíticos que no entienden la necesidad de tomar partido del cambio.

Opina - Política

2021-07-06

El país de las emociones tristes

Columnista:

Juan Esteban Mazo González

 

Tal y como he apodado esta columna de opinión, ha denominado también su más reciente libro el abogado y profesor de la Universidad Nacional, Mauricio García Villegas, quien se plantea explicar, grosso modo, las problemáticas sociales que ha vivido la nación colombiana desde sus más exaltadas emociones; para esto el profesor toma parte de la teoría spinozista de las emociones.

Baruch Spinoza dividía las emociones que fundamentan al ser humano en dos categorías: emociones tristes (el odio, la venganza, el resentimiento, la envidia y el miedo) y emociones amables o plácidas (benevolencia, la civilidad, la compasión, el respeto y la simpatía). En ese sentido, sostenía el desbalance de aquellas dos categorías en el ser humano (entendiendo que hay seres humanos que desarrollan sus vidas arraigados al odio, al resentimiento y al miedo y, otros, intentan desligarse de las viejas emociones tristes e intentan mutarlas por la benevolencia, la simpatía, etc.).

Debo resaltar que, tuve la oportunidad de iniciar esta lectura días posteriores al inicio del gran paro nacional (28 de abril). De modo que, mientras iba dejando atrás algunas páginas la respuesta ante la negativa de unir a quienes se denominan «parte del cambio», no se hizo esperar. Por un lado, el problema no se fundamenta en el debate ideológico; contrario a ello, se fundamenta en atacar la imagen que nos hacemos de la ideología de nuestros contradictores (su estigma). Así pues, no atacamos al uribista (a modo de ejemplo) por su propuesta de país, sino más bien, por la imagen socialmente avalada de lo que es un uribista (un corrupto, politiquero, narcotraficante, paramilitar, entre otros apelativos), exponiendo así nuestras más exacerbadas emociones tristes y la idea de eliminar, no sus propuestas, sino su persona. Como también impide la unión de quienes, legítimamente, hacen un llamado a movilizarnos en busca de un bien común: la transformación del país.   

Por otro lado, a pesar de pretender una transformación para el país, no hemos entendido aún la necesidad de la autocrítica; y esto va no solo para quienes nos arropamos bajo las banderas de la izquierda moderada y la centroizquierda, sino también para aquellos apolíticos que no entienden la necesidad de tomar partido del cambio. Esto se explica fácilmente con el término citado por Villegas: La trampa del oprimido. Esto es, la contundencia para responsabilizar y condenar, como buenos católicos, a quienes se oponen al cambio, de todos los males del país, sin reconocer, mínimamente, la responsabilidad moral y política de quienes pretenden cambiar el rumbo del mismo.

Para ir cerrando, quiero exhortar a cada una de las personas que posiblemente leerán esta columna a realizar esa autocrítica que tanto necesitamos como nación; a depurar todas esas emociones de rencor, odio, ira y miedos. Pues sin estos dos elementos será imposible dar un giro positivo a este país. Es indispensable reconocer en el otro su humanidad. Necesitamos escucharnos, no eliminarnos.

Finalmente, no podemos llamar cambio a la alternancia entre diferentes modelos de país, cuando las emociones que nos mueven como colombianos siguen arraigadas a malos encuentros, como el conflicto armado, la falta de oportunidades; además, debemos enfrentar la línea de pobreza que según el Dane se encuentra en 21,02 millones de personas. Y no menos importante, cuando debemos aceptar que, tal cual lo asevera Mauricio García Villegas (2020) «en Colombia el valor de la vida cambia según de quién se trate». 

P. D.: Dios nos proteja —si es que existe— de un nuevo fanatismo político con poder. Pues sería este el nuevo desbarrancadero de Colombia.

 

Fuentes:

García Villegas, M. (2020). El país de las emociones tristes. Bogotá : Planeta Colombia S. A.

Salazar Sierra, C. (30 de Abril de 2021). Más de 21 millones de personas viven en la pobreza y 7,4 millones en pobreza extrema. Obtenido de LA REPUBLICA: https://www.larepublica.co/economia/mas-de-21-millones-de-personas-viven-en-la-pobreza-y-74-millones-en-pobreza-extrema-3161813#:~:text=Juan%20Daniel%20OviedoDirector%20del,a%2046%2C1%25%E2%80%9D.

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Juan Esteban Mazo González
Estudiante del programa de Sociología de la Universidad de Caldas.