El momento del aguante

La historia colombiana ha demostrado a través de más de 200 años y con una democracia construida a retazos, que la desobediencia civil masiva tiene costos no precisamente económicos, pero sí extremadamente altos los cuales este país no está, ni estará listo para afrontar.

Opina - Política

2021-05-14

El momento del aguante

Columnista:

Esteban Gil Franco

 

El paro nacional convocado para el 28 de abril del 2021 ha logrado cumplir con su propósito inicial: el «retiro» de la temida Ley de Solidaridad Sostenible del Gobierno Duque. La pregunta que claramente nace es: ¿qué sigue ahora?

El país ha vivido intensas jornadas de manifestaciones públicas sin precedente reciente alguno, en donde las muestras de cultura ciudadana y proceder pacífico han predominado sobre quienes se han dedicado a afectar el bien público y privado. Ciudades como Cali, Bogotá, Medellín, Bello y Pereira han sido foco de fuertes enfrentamientos entre la fuerza pública y ciudadanos indignados que han procedido a través de las vías de hecho en contra de los abusos perpetrados por las mismas. Las granadas aturdidoras, los gases lacrimógenos y en ciertas ciudades, los disparos de Galil 556, resuenan constantemente en determinados sectores hasta altas horas de la noche.

Casi al medio día del domingo, 2 de mayo, el presidente Duque anunció el «retiro» de la reforma tributaria, pero convocó de urgencia redactar otro texto a través de un supuesto consenso entre los diferentes sectores políticos, económicos y sociales. Desafortunadamente, ante tanta alegría, era imposible no recordar que Iván Duque ya ha propuesto este tipo de espacios y no han sido fructíferos, por el aire orgulloso y arrogante, con el que su gabinete se sienta a negociar.

En el 2019, después de las protestas del 21N, se creó el espacio de «Conversación Nacional», donde su propósito era crear mesas multisectoriales de diálogo a nivel nacional, dentro de las cuales se buscaba concertar sobre las problemáticas más evidentes en el país; como era de esperarse, de 36 eventos nacionales, 11 regionales y millones de pesos invertidos en espacios y publicidad, se presentaron promesas, en su mayoría no cumplidas hasta el día de hoy, y contados decretos que no brindaron solución estructural a las problemáticas presentadas.

La representación de una verdadera voluntad de diálogo y consenso por parte del Gobierno Duque sería tomar en primer momento decisiones trascendentes como despedir a Alberto Carrasquilla de la cartera del Ministerio de Hacienda; explicar el actuar desproporcionado e irrespetuoso de los derechos humanos por parte de la fuerza pública en el control de las  manifestaciones; y disponer de un espacio de diálogo en donde no solo se vean involucrados los congresistas, políticos y grandes empresarios del país, sino que el pueblo sea quien tenga la oportunidad de abordar las temáticas y de ser escuchado.

Gracias al retiro de la reforma, el paro nacional ha entrado en un momento clave: ciertos gremios que se habían organizado en el comité nacional de paro están desistiendo de continuar, mientras que otros afectados, tales como el sector de la de la salud (proyecto de ley 010 de 2020), los gremios de camioneros (alza de combustible y altos costos en los peajes), los sindicatos de educadores (casi nulas garantías para volver a la presencialidad) y los estudiantes de universidades privadas (porque las privadas también protestan) se vinculan con más fervor a la movilización.

En este momento, resulta importante recordar que la Constitución Política de 1991 ha reconocido al pueblo colombiano como el constituyente primario, y esto hace referencia a que el Estado y sus instituciones se deben al mismo. Ni las ideologías políticas nos están dividiendo en la lucha que se está llevando a cabo en las calles, mientras tanto, quienes están viviendo la horrible noche a la que refiere el himno nacional son aquellos que se encuentran siendo violentados por la fuerza pública; los pequeños y medianos empresarios que están siendo saqueados por los vándalos; y aquellos padres y madres que están llorando a sus hijos porque el Estado los está matando.

El descontento social se ha ampliado porque no aguantamos más y ha trascendido legítimamente de la reforma tributaria, al reclamo lleno de indignación dirigido hacia los corruptos que están desangrando el Estado y pasan factura por más de 50 billones de pesos cada año; por un Gobierno indolente con el hambre y la pobreza que está viviendo el pueblo; por las elites que vienen gobernando desde hace decenas de años y aún siguen en el poder; entre otros motivos que se relacionan. Aún así, es importante que los líderes del Paro Nacional reflexionen sobre la importancia de la unificación de objetivos y a su vez genera preocupación el posible desenlace, en especial porque la historia colombiana ha demostrado a través de más de 200 años y con una democracia construida a retazos, que la desobediencia civil masiva tiene costos, no precisamente económicos, extremadamente altos los cuales este país no está, ni estará listo para afrontar.

Por último, aprovechando este momento, una de las invitaciones más importantes que se le debe extender a la ciudadanía en general, es el propiciar el cambio a través de las urnas en el año 2022. Necesitamos de líderes que puedan darle un rumbo diferente a este país, aprovechando aún más lo que este paro nos ha demostrado: un despertar de la conciencia colectiva del pueblo colombiano. ¡Que viva el aguante del paro nacional!

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Esteban Gil Franco
Un pereirano, estudiante de derecho, amante de la paz, la política, el debate y la buena crítica.